AFTEROFFICE
culturas

Einstein no se equivocó; las ondas gravitacionales existen

En un anuncio que conmociona el mundo de la astronomía, un grupo de científicos afirmó este jueves que detectó por fin las ondas gravitacionales que repercuten en el continuo espacio-tiempo que Albert Einstein pronosticó hace un siglo.
Agencias
11 febrero 2016 13:10 Última actualización 11 febrero 2016 13:43
Algunos científicos equipararon la comprobación al momento en que Galileo apuntó un telescopio para observar los planetas. (Reuters)

Algunos científicos equipararon la comprobación al momento en que Galileo apuntó un telescopio para observar los planetas. (Reuters)

WASHINGTON.- Un anuncio que conmociona al mundo de la astronomía. Las ondas gravitacionales previstas por Albert Einstein en 1916 con su teoría de la Relatividad han sido observadas en modo directo, lo que abre un escenario de descubrimientos sin precedentes sobre el universo.

El descubrimiento de estas ondas, creadas por colisiones violentas de objetos celestiales masivos, entusiasma a los astrónomos debido a que abre las puertas a una nueva manera de observar el cosmos. Para ellos es como convertir una película muda en otra sonora debido a que estas ondas son la banda sonora del universo.

"Hasta ahora habíamos puesto nuestros ojos en el cielo y no podíamos oír la música", comentó el astrofísico Szabolcs Maraka, de la Universidad de Columbia, miembro del equipo descubridor. "Los cielos nunca lucirán igual".

1


ondas gravitacionales

Un equipo estelar de astrofísicos empleó un nuevo equipo de mil 100 millones de dólares, el Observatorio Interferómetro de Ondas Gravitacionales (LIGO por sus siglas en inglés) para detectar una onda gravitacional causada por la colisión de dos agujeros negros a mil 300 millones de años luz de la Tierra.

Para interpretar los datos, los científicos tradujeron la onda en sonido. En una conferencia de prensa reprodujeron el sonido que oyeron el 14 de septiembre y resultó apenas perceptible.

Algunos físicos compararon el hallazgo con el descubrimiento en 2012 del bosón subatómico de Higgs, llamado a veces la "partícula de Dios". Algunos consideran que la nueva comprobación es todavía más importante.

"Solo es comparable con el momento en que Galileo tomó el telescopio y observó los planetas", afirmó Abhay Ashtekar, físico teórico de Penn State, que no participó en el descubrimiento. "Nuestra comprensión de los cielos ha cambiado notablemente".

Las ondas gravitacionales, postuladas primero por Albert Einstein en 1916 como parte de la Teoría General de la Relatividad, son ondas diminutas que ondulan el continuo del espacio-tiempo, la cuarta dimensión. Cuando chocan objetos masivos como agujeros negros o estrellas de neutrón, emiten ondas gravitacionales por el universo.

Los científicos hallaron pruebas indirectas sobre la existencia de las ondas gravitacionales en los años 70, mediante mediciones computarizadas que indicaron cambios minúsculos en las órbitas de dos estrellas en colisión, y ese trabajo fue uno de los reconocidos con el Premio Nobel de física de 1993. Pero el anuncio del jueves confirma una detección directa, lo que constituye una gran diferencia.

"Una cosa es saber que existen las ondas sonoras, y otra es oír la Quinta Sinfonía de Beethoven", afirmó Marc Kamionkowsi, un físico de la Universidad John Hopkins que no formó parte del equipo del descubrimiento. "En este caso oímos de hecho la fusión de agujeros negros".

Detectar las ondas gravitacionales es tan difícil que cuando Einstein las postuló teóricamente consideró que los científicos nunca llegarían a oírlas. La sensibilidad del instrumental es decisiva debido a que el estiramiento y estrechamiento del espacio-tiempo causados por las ondas gravitacionales es casi insignificante. Esencialmente, LIGO detecta ondas que estiran y estrechan toda nuestra galaxia Vía Láctea "por el espesor de un pulgar", afirmó Chad Hanna, de la Universidad Estatal de Pennsylvania.

El LIGO tiene dos enormes brazos perpendiculares de más de 3.2 kilómetros (2 millas) de largo. Un rayo láser es dividido y viaja por ambos brazos, rebotando en espejos para retornar a la intersección de ambos brazos. Las ondas gravitacionales estiran los brazos para producir una diferencia minúscula —inferior a una partícula subatómica— en la localización de las dos partes del rayo láser. Esa divergencia es la que registra el instrumental.