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Hallan vestigios de barrio indígena en CDMX 

Arqueólogos del INAH han descubierto testimonios de dos importantes construcciones que durante la época colonial y buena parte del siglo XIX, dieron identidad a lo que fue el barrio de indios de San Juan Moyotlan: el Convento de San Juan de la Penitencia y el Hospital Real de San José de los Naturales.
Redacción
17 julio 2016 15:9 Última actualización 17 julio 2016 15:25
Arqueólogos del INAH han retirado osamentas semicompletas y decenas de huesos humanos que constituyeron un par de osarios del que fuera el Hospital de Indios. (Cortesía INAH)

Arqueólogos del INAH han retirado osamentas semicompletas y decenas de huesos humanos que constituyeron un par de osarios del que fuera el Hospital de Indios. (Cortesía INAH)

Entre el bullicio de las calles que abrazan las avenidas Juárez y Eje Central en la Ciudad de México, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han descubierto testimonios de dos importantes construcciones que durante la época colonial y buena parte del siglo XIX, dieron identidad a lo que fue el barrio de indios de San Juan Moyotlan: el Convento de San Juan de la Penitencia y el Hospital Real de San José de los Naturales.

Bajo la mirada de los curiosos que se apostan en la acera de la calle López esquina con Artículo 123, el equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH con apoyo de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), ha retirado decenas de huesos humanos que constituyeron un par de osarios, así como osamentas semicompletas.

En un conteo preliminar basado en los huesos largos pares y cráneos que fueron recuperados, los arqueólogos calculan que corresponderían a alrededor de 70 individuos. Por la gran cantidad de restos óseos, los especialistas creen que en esta sección del cementerio debió estar la fosa común del también llamado Hospital de Indios.

La arqueóloga Belem Beltrán Alarcón, responsable de los trabajos de salvamento, informó que la antigüedad del material óseo corresponde a diferentes fases del funcionamiento de esa institución hospitalaria (desde que se erigió en 1553, a petición de la orden franciscana, hasta 1822) que atendía a los indígenas de la ciudad y también del Altiplano Central, de manera que llegó a ser el hospital de indios más importante de América.

Con altibajos para su operación, sobre todo hacia finales de la Colonia, el nosocomio fue clausurado una vez consumada la Independencia, en virtud de que uno de los apostolados era la abolición de las diferencias raciales. Fue hasta 1935 cuando el hospital y su iglesia barroca anexa, dedicada a El Divino Salvador, fueron demolidos para ampliar la avenida San Juan de Letrán, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas.

Lo más interesante, coincidieron los arqueólogos Adrián Fuentes, Juan Carlos Bautista y Ana Karen Guerrero, quienes supervisan los trabajos, será el posterior análisis antropofísico de los restos óseos que permitirá conocer detalles del tipo de población que era atendida en este lugar y las causas de muerte, entre las que no se descartan la viruela y otras enfermedades infecciosas.

La mayoría de los restos óseos son de individuos adultos masculinos, algunos de los cuales por el tamaño de los huesos largos y el volumen del cráneo, pudieran corresponder a población negra o mulata. El Hospital de Indios fue el primero donde se hicieron autopsias, y quizá con el análisis complementario de los antropólogos físicos se podría explicar el porqué de la gran cantidad de huesos hallados en capas que exceden los 40 centímetros.

La excavación (de 4.40 m por 2.30 m, y 3 m de profundidad) que contendrá una bóveda eléctrica, es una pequeña sección de los espacios del hospital, el cual contaba con enfermerías, teatro, escuela, botica, patios, jardines, iglesia y cementerio. Ocupaba una amplia extensión que abarcaba desde su fachada, que daba hacia San Juan de Letrán, hasta lo que hoy son las calles Dolores, López, Artículo 123 y Victoria.

El pozo donde ahora excavan los arqueólogos también se vuelve ínfimo al considerar el área donde la CFE realiza desde hace dos años la sustitución del cableado eléctrico y cuyos límites son las avenidas Puente de Alvarado, Circuito Interior, Chapultepec y Eje Central. En este espacio, que concentra alrededor de 580 hectáreas, los arqueólogos han aprovechado los pozos y zanjas destinados a la sustitución de la red eléctrica subterránea, para recuperar testimonios de la historia capitalina.

Este transecto los ha llevado en la actualidad al lugar donde por siglos estuvo el barrio de Moyotlan o “Lugar de mosquitos”, uno de los campan de la antigua México-Tenochtitlan, así llamado porque parte del terreno era cenagoso. Fuera de los límites de la ciudad novohispana, el barrio conservaría el nombre durante la Colonia, pero precedido por la advocación de San Juan Bautista.

Precisamente en la Plaza de San Juan donde se ubica el templo de Nuestra Señora de Guadalupe, mejor conocido como El Buen Tono (por la extinta fábrica de cigarros), el equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH registró semanas atrás la sección de un cuarto del antiguo Convento de San Juan de la Penitencia, en cuyas paredes aún podían observarse restos de pintura mural.

El arqueólogo Juan Carlos Bautista explicó que el ex convento data de principios del siglo XVII y que fueron los propios pobladores de San Juan Moyotlan quienes solicitaron su edificación. “A través de fuentes históricas, constatamos que a lo largo del tiempo, la gente de este barrio propuso la construcción de edificios tan importantes como éste, las iglesias de San José del Sagrado Corazón y de Nuestra Señora de Guadalupe, y la cigarrera El Buen Tono”.

La arqueóloga Belem Beltrán comentó que la evidencia del Convento de San Juan de la Penitencia se dio a partir del registro de un muro, de ahí que se decidió ampliar la excavación. Se ubicó el citado cuarto que mostraba tres etapas de nivelación de su piso, derivado posiblemente por problemas estructurales (uno de ellos con lajas de roca volcánica, otro de estuco y una más de ladrillo cuatrapeado), que debieron realizarse entre 1750 y 1850.

“Lo interesante es que el dato arqueológico, en esta caso la traza del muro que ubicamos, se ajusta a lo citado en un plano de 1867 donde está referida. De hecho el muro hallado debe ser uno de carga, de los principales del convento de clarisas”, refirió el arqueólogo Juan Carlos Bautista.

Los muros mostraban cuatro capas de pintura, la más antigua al parecer con diseños fitomorfos, y las más superficiales con motivos geométricos: barras paralelas de tonos rojizos, negruzcos y amarillos.

El inmueble conventual, que fue fraccionado tras la promulgación de las Leyes de Reforma, tuvo como límites las actuales calles Luis Moya, Victoria, Ernesto Pugibet y Buen Tono.