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Damián Alcázar: "No nos merecemos esta realidad"

El actor mexicano ha personificado a políticos, traficantes de drogas y asesinos, una serie de perfiles que, platica en entrevista, le han hecho reconocer que como actor tiene una responsabilidad más allá del cine.
Rosario Reyes
23 agosto 2015 20:40 Última actualización 24 agosto 2015 22:18
El ciudadano tiene que ejercer la crítica sobre lo que lo que acontece. (Cortesía)

"El ciudadano tiene que ejercer la crítica sobre lo que lo que acontece", afirma Damián Alcázar. (Fabián García)

Cuenta que cuando tenía apenas dos años y medio quedó asombrado para siempre: en la pared de una iglesia de Zapopan el párroco proyectaba películas los sábados por la noche. Así se enamoró del cine, ese universo de ficción que -dice- le permitió cumplir deseos que fuera de la pantalla no hubiera satisfecho nunca.

“Como estar enamorado, regresar con tus viejos amigos, revalorar todo lo que perdiste y obtenerlo nuevamente… es algo extraordinario”, añade. Esto mismo es lo que le sucede al personaje que encarna en la cinta Eddie Reynolds y Los Ángeles de Acero -que se estrenará el jueves próximo en salas mexicanas-, un rockstar que pierde todo lo que en verdad vale en la vida.

“Mi personaje tiene que pasar por un calvario por imprudente, egoísta e insensato, para recuperar a sus amigos, y al hacerlo se vuelve mejor hombre. También recupera a su gran amor. En esta existencia hay que darse todo, regalarse todo, volcarse; si no, nada vale en verdad la pena”.

Damián Alcázar nació en Michoacán y creció en Guadalajara. Aquel gusto catártico que asimiló de niño con el tiempo se convirtió en una obsesión irrenunciable. Pronto se inició en el teatro. Se unió a un grupo amateur del Seguro Social e ingresó a la Escuela Nacional de Arte Teatral, que alternaba con sus estudios de preparatoria y un eventual trabajo de obrero. Al poco rato ya estudiaba en el Centro Universitario de Teatro, con Luis de Tavira.

Su incuestionable entrega lo ha consagrado en el ambiente actoral mexicano. Ha participado en importantes piezas de la cinematografía contemporánea independiente y con una fuerte crítica social y, no es menos, ha logrado llamar la atención en grandes producciones de Hollywood.

Personificó a políticos, traficantes de drogas y asesinos, como el gobernador Carmelo Vargas en La dictadura perfecta; El Beny, en El infierno; el alcalde Juan Vargas en La ley de Herodes –todas estas cintas de Luis Estrada- y el asesino serial Campo Elías Delgado de la cinta colombiana Satanás. Una serie de perfiles que, dice, le han hecho reconocer que como actor tiene una responsabilidad más allá del cine.

Su perspectiva cambió, recuerda, después de filmar La ley de Herodes, porque comenzó a ser cuestionado sobre política por la prensa. “Y no tuve otra opción que decir lo que pienso. Eso deberíamos hacer todos: ventilar lo que pensamos, lo que opinamos sobre qué está sucediendo en México y no ocultar, obviar o simular como muchos de nuestros políticos, quienes se comportan como gángsters con camionetas, guardaespaldas, chofer…”.

Por eso, advierte, la realidad supera a la ficción, aunque ésta tampoco se queda corta: “La ley de Herodes es una hábil fábula que resume la historia del PRI y lo consigue, es la película más brillante que he hecho con Luis Estrada. La dictadura perfecta es la más valiente, la más directa; un bofetón al público para que levante la cara y apague la televisión”.

Recientemente presentó la cinta Magallanes en Perú, donde interpreta a un militar que se reencuentra con una mujer a la que secuestró durante la guerra de Ayacucho y de la que estuvo enamorado.

“Eso pasa en las guerras: los ciudadanos quedamos indefensos, sobre todo las mujeres, y los mecanismos del poder lo permiten. A veces me da asco mi género, porque somos los violadores, los golpeadores, los abandonadores. Es infame lo que el hombre puede hacer cuando no tiene un mínimo de conciencia y de dignidad”, lamenta.

El protagonista de cintas como Bala mordida, de Diego Muñoz; Fecha de caducidad, de Kenya Márquez y Dos crímenes, de Roberto Sneider, afirma que trabaja desde su trinchera - el arte- por construir un mejor país.

“Las nuevas generaciones no se merecen esto; no nos merecemos que la nación se desintegre a balazos. Es terrible la violencia del Estado hacia los ciudadanos; inaceptable. No los elegimos para que hagan masacres y manden al Ejército a desbaratar protestas. El cine no alcanza a denunciarlo todo. El ciudadano tiene que ejercer la crítica sobre lo que lo que acontece. El arte, eso sí, puede ser un camino para ello”.

Se considera un actor con intereses humanistas. “Hay quienes se dedican a hacer dinero, quieren ser famosos y lo consiguen; otros hacen telenovelas bobas todo el tiempo. Yo hago todo tipo de películas siempre y cuando tengan contenidos, que es con lo que creo que puedo hacer avanzar la armonía que necesitamos los seres humanos para convivir”.

LO QUE VIENE
Pronto estrenará la película La delgada línea amarilla, de Celso García, y la serie El dandy, que grabó con Teleset. Al terminar la temporada de la obra El profesor, que está de gira por el norte de la República, Alcázar viajará a Colombia para filmar una serie sobre narcotráfico para Netflix.

SÓLO EN CINES
Eddie Reynolds y Los Ángeles de Acero
Director: Gustavo Moheno

Elenco: Damián Alcázar, Álvaro Guerrero, Jorge Zárate, Arturo Ríos, Dolores Heredia, entre otros

Sinopsis: Los miembros de una extinta banda de rock vuelven a reunirse después de 30 años cuando Bono, de U2, se interesa en comprar una de sus canciones.

Estreno: Jueves 27 de agosto