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BUENA VIDA

Chef venezolana usa su amor por el cacao para ayudar a mujeres

A través de proyectos relacionados con la semilla, María Fernanda Di Giacobbe, chef de raíces italianas pero radicada en el país sudamericano, ha puesto todo de su parte para empoderar a las mujeres y convertirlas en microempresarias del chocolate.
Lizbeth Hernández
07 agosto 2017 23:0 Última actualización 08 agosto 2017 5:0
Cacao

(Especial)

La luz, la oscuridad y el silencio implícitos en El elogio de la sombra, del escritor japonés Junichiro Tanizaki, son desde hace varios años un remanso de paz y fuerza para María Fernanda Di Giacobbe. Es un texto al que siempre vuelve; a veces permanece en la mesa de noche, otras se pierde en algún librero, unas más se queda olvidado en una bolsa. Pero regresa a él por una razón simple: la cura.

“De la calamidad, de la sinrazón y del bullicio... Sólo son letras, pero lo releo porque me hacen sentir mejor, reflexiono y respiro para seguir adelante”, comparte la chef fundadora de Cacao de Origen, proyecto que se ha convertido en una herramienta para empoderar a las mujeres y convertirlas en microempresarias del chocolate.

Ha ayudado a más de 8 mil 500 personas en situación de vulnerabilidad económica, que encontraron un aliciente en la siembra, producción, cosecha y transformación de la semilla en sofisticados bombones.

Estudió Letras en la Universidad Central de Caracas, pero la llama de los fogones la apasionó. Cuenta que el consejo recurrente para su generación fue: “estudien para que no acaben detrás de una estufa. Yo estudié, pero esto es lo que disfruto y no puedo negarlo; hay una fuerza que me conecta con el humo, la sal y el azúcar”, afirma quien se especializó con cursos en Francia, Italia, Bélgica y Holanda.

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Chef


Hija de un inmigrante italiano, María Fernanda tuvo la oportunidad de conocer el mundo. En Italia aprendió del calor y la cercanía de los restaurantes pequeños y acogedores.

En Venezuela llegó a consolidar -con ayuda de su familia- una cadena de 15 locales que quebraron antes de la llegada al poder de Hugo Chávez. Corría el tiempo de privatizaciones, inflación, toques de queda y escasez. Chávez murió, llegó Nicolás Maduro, pero la realidad económica y política del país se deteriora todos los días, señala.

“Perdimos nuestra democracia, sabemos que el gobierno lo hace todo mal y queremos cambiarlo, somos ciudadanos que se unen con una identidad de cambio, que incluso hemos sido capaces de convocar a elecciones sin contar con ellos”, dice quien encontró en el cacao su motor personal de cambio.

Segura, añade que no se irá de su patria, que ha tenido que luchar contra el régimen para continuar con sus planes de dar a conocer la materia prima de su país. “Considerado por muchos como el mejor cacao del mundo, nuestra tarea es revalorarlo y darle el sitio que merece”.

A la cabeza de proyectos como Kakao Bombones Venezolanos, Proyecto Bombón, San Benito y Cacao de Origen, su lucha se ha conocido a nivel internacional, gracias a que el año pasado ganó el Basque Culinary World Prize, que otorga el Basque Culinary Center, institución académica dedicada a la innovación e investigación gastronómica y que premia a los proyectos que signifiquen un motor de transformación, en el que se ponga a la gastronomía como principal herramienta.

Con 100 mil euros como dote, en un año ha podido crecer su red de investigación, emprendimiento y educación. “A veces organizamos eventos que se han tenido que reprogramar, seguimos adelante, un día cosechamos y al otro vamos a las marchas, vamos a la escuela y volvemos a la calle. Todo tiene que seguir”, refiere la chef, que ha conseguido que mujeres campesinas se conviertan en microempresarias y acudan a la Universidad Simón Bolívar a clases, en donde -después de acreditar un curso- se les reconoce con un diploma.

Su misión es revertir el frío acontecer político con la calidez del chocolate. “Deseamos convertir a Venezuela en una referencia mundial y dar a conocer que podemos erradicar la violencia y seguir adelante”, finaliza María Fernanda, quien afirma que buscará su libro de Tanizaki, porque “hay que recargar la pila”.