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Barcelona sortea sus pesares y busca emular su historia

El equipo azulgrana tiene la oportunidad de emular la hazaña que consiguió con Josep Guardiola en 2009, ya que hoy empieza el camino hacia el sextete con la disputa de la Supercopa de Europa contra el Sevilla.
Domingo Aguilar Mendiola
10 agosto 2015 23:17 Última actualización 11 agosto 2015 5:0
El actual entrenador del Barcelona, Luis Enrique, intentará emular la hazaña de Josep Guardiola. (AP)

El actual entrenador del Barcelona, Luis Enrique, intentará emular la hazaña de Josep Guardiola. (AP)

Luis Enrique tiene la oportunidad de emular la hazaña que consiguió el Barcelona de Josep Guardiola en 2009, ya que hoy empieza el camino hacia el sextete con la disputa de la Supercopa de Europa contra el Sevilla. El entrenador actual “se ha encontrado con una patata caliente porque el Barsa llega de una etapa triunfal, pero delicada en temas extradeportivos. Empezó a dirigir un equipo que tenía la obligación de resurgir, cosa que nadie esperaba”, explica Lluís Payarols, colaborador del Diario Sport.

La salida de Guardiola, el fallecimiento de Tito Vilanova, el paso gris de Gerardo Martino (quien sólo ganó una Supercopa de España), las acusaciones de evasiones fiscales de Messi, los señalamientos de fraude en el fichaje de Neymar y la consecuente renuncia de Sandro Rosell, ex presidente de la institución, fueron pesares que el estratega asturiano logró sacudir.

De acuerdo con el especialista catalán, la diferencia principal entre ambas plantillas radica en los extranjeros que orquestan el ataque. El club encontró en Neymar, Luis Suárez y Lionel Messi “la solución a algo que buscaba desde hace muchos años” y, además, afirma que en la historia de la institución nunca había tenido una delantera tan completa. Los tres sudamericanos se han convertido en la referencia de la escuadra, tal como en 2009 fue la generación de españoles que posteriormente estructuró la base de la Selección que consiguió la Copa del Mundo en Sudáfrica 2010.

El conjunto andaluz ya fue capaz de arrebatarle la Supercopa de Europa al equipo azulgrana en 2006 y aquel enfrentamiento significó el inicio de la caída del timonel holandés Frank Rijkaard. “Aquel partido contra el Sevilla fue parecido a lo que supuso el Milán del 94 con el Barsa de Cruyff. A partir de aquella final de la Champions League en Atenas empezó el declive del dream team”, recuerda Payarols. Según él, el partido que se perdió en Mónaco contra el Sevilla, se debió a que el Barcelona “entró al campo como si nada más fueran a recoger el trofeo”; incluso unos jugadores atendieron compromisos publicitarios la mañana previa al duelo.

Desde 2012, el estadio de Luis II en el principado dejó de ser la sede en donde se define al campeón de la Supercopa de Europa. Tras 15 ediciones consecutivas, la UEFA decidió que la final cambiara de sede y el Eden Arena en Praga la organizó.

Recientemente, los partidos definitivos de las competencias futbolísticas europeas se han desplazado hacia la sección oriental del continente. Tiflis, capital de Georgia, albergará el choque de los clubes españoles, después de que el partido definitivo de la Champions fuera en Berlín y el de la Europa League en Varsovia.

Payarols asegura que este movimiento está motivado por la intención de promover el futbol en aquellas naciones donde las ligas locales no son tan poderosas. “En los países del Este, el futbol intenta llegar a otro nivel competitivo. El Dnipro llegó a la final de la Europa League, otros equipos se están reforzando con jugadores brasileños y eso habla de una influencia de otro futbol que no había habido en otras épocas”.