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culturas

Barcelona en sus años de sindicalismo radical

El escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II explora con documentada intensidad en su nueva obra "Que sean fuego las estrellas", a la Barcelona obrera de finales de la segunda y los comienzos de la tercera década del siglo XX.
Mauricio Mejía
20 octubre 2015 22:59 Última actualización 21 octubre 2015 5:0
Feria del Libro del Zócalo Taibo Villoro

A PIT II le tomó un año elaborar su nueva obra. (Cuartoscuro/Archivo)

Dice Paco Ignacio Taibo II que los apuntes estuvieron guardados por más de 30 años, que entre el arranque de darle sentido a las anotaciones y el libro terminado sucedió un año de intensísimo trabajo.

Se le cree porque vaya que la obra tiene su esmero, pero sobre todo, su ambición. Vasta, llena de minucias de sobresaliente precisión, Que sean fuego las estrellas explica con documentada intensidad a la Barcelona obrera de finales de la segunda y los comienzos de la tercera década del siglo XX.

“No hay historia más cuajada de supuestos, de verdades hechas por la repetición, de interpretaciones fáciles, que ésta. En tal marasmo, he elegido una historia, la que cuento, consciente de que es la que he decidido contar, la que me convence”, escribe elocuentemente Taibo -autor que no mata sus entusiasmos, como él mismo se define- en la nota de entrada.

Si hubiera una sustancia objetiva, desde los puntos de vista histórico y literario, para definir el complejo laberinto de nombres, fechas, gacetillas y bohemias que construyó el autor, sería esta sentencia: la historia de la masa que lo produce todo y carece de todo.

Todo se comunica en este tomo, todo: la lucha sindical, los conflictos ideológicos, las centrales obreras, las pesadas e infames jornadas de trabajo; las ambiciones, la codicia, las estratagemas, los prohombres y las revueltas. Todo.

No hay ficción en Que sean fuego las estrellas, pero tampoco se le extraña. La historia contada es de una fantasía solamente sustentada por la realidad. En el desenredo del tiempo narrado, Taibo se mezcla y pelea con los detalles, se va dando cuenta de la fascinación de los personajes, de los recortes de prensa, de las deshonestidades.

Esas piezas, esos apuntes, esos pasos le permiten la libertad de ir contando La Historia en un tiempo, en un espacio y en un lugar preciso, que al mismo tiempo son los de otros, otros y otros.

Nada es cierto en ese convulso periodo catalán. Taibo tiene que confirmar, conjeturar y refutar. Pero eso es justamente lo que hace rico el volumen: el reconocimiento de que es un extranjero en una ciudad que no conoce y en un tiempo que no le tocó vivir. El boy scout explora, anota, revela los intersticios de un pleito clásico de la economía política: la lucha entre proletarios y burgueses. La narración evita el contexto internacional: el resultado un microcosmos de la lucha de clases.