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Adiós, ‘Gato Macho’

En espera de los homenajes que anuncie el aparato cultural de México para despedir a José Luis Cuevas, el 'Artista Olvidado', según Fernando González Gortázar.

"José Luis Cuevas es tan grande, en primer lugar, por su trabajo. Realmente fue un artista de un poderío de una novedad, de una calidad difícilmente encontrable", afirma el escultor y arquitecto Fernando González Gortázar.

José Luis Cuevas murió la tarde de ayer los 86 años. Un pronóstico poco probable para un hipocondriaco.

Cuevas es grande también -agrega González Gortázar- por su personalidad. "Por lo que hizo en el arte mexicano gracias a su actitud siempre rebelde, siempre retadora; todo esto respaldado por su obra. No es separable una cosa de la otra. José Luis era un hombre de una inteligencia fuera de serie, de una cultura, de una gracia personal, de un sentido del humor... En una larga temporada formó con Carlos Monsiváis una pareja verdaderamente imbatible, que no es exagerado decir que inició la transformación de la cultura mexicana de la que todos somos parte y deudores. De tal manera que, lo sepamos o no, todos somos descendientes de José Luis Cuevas".

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En marzo de 2013, el pintor fue ingresado a terapia intensiva por un cuadro de deshidratación, desnutrición, neumonía e intoxicación por medicamentos, de acuerdo con su hermano mayor, Alberto. Esa estancia en el hospital sacó a la luz un conflicto legal entre su esposa, Beatriz del Carmen Bazán, y sus hijas, María José y Ximena Cuevas. Desde entonces, Cuevas estuvo alejado de la vida pública.

"Es una verdadera tristeza y una injusticia las cosas por las que pasó al final de su vida, pero lo que va a quedar de José Luis es, en primer lugar y por encima de todo, su obra, su trabajo, y en segundo lugar, aquella especie de empresa ética de la que fue figura central. Es un artista muy importante y muy olvidado. Tenemos que reparar esa injusticia", señala González Gortázar.

Jazzamoart, también pintor y escultor, afirma que en los últimos tiempos, Cuevas seguía trabajando, pero no le interesaba salir. "Estaba ajeno a todo aquello que lo nutrió tanto tiempo, y que le gustaba tanto como las entrevistas, las fotografías: el bullicio alrededor de él".

Fue su ídolo, reconoce. Un pionero de la personalidad extrovertida del artista que se coló en el espectáculo. Un seductor de ojos de gato que retrató pacientes psiquiátircos y cadáveres, con un trazo que marcó influencia.

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"Hacía cosas muy emparentadas con Goya y con esa cuestión monstruosa y negra, pero luego evolucionó a algo más frívolo o más anecdótico: los cabarets, la vida nocturna de aquellos años, 1950-1960, que era muy rica en México; el auténtico burlesque, las vedettes que, además, eran sus amigas. De todo eso nutría su trabajo", recuerda Jazzamoart.

"Tuvo mucho que ver en la formación de muchos artistas de nuestra generación. Lo veía polemizar con Vlady, con Siquieros, en todos esos grandes eventos sociales, frívolos y desmadrosos, que al final aterrizaban en el arte".

El 8 de julio de 1992, Cuevas abrió su Museo, ubicado en el exconvento de Santa Inés, en el Centro Histórico de esta capital. A propósito del aniversario del recinto, este jueves se inaugurará la muestra José Luis Cuevas y su colección a 25 años. La emblemática Giganta, que luce en el patio, se ha quedado sola.

Manuel Felguérez, compañero de la generación a la que con humor llama "la dizque ruptura", coincidió con Cuevas en la Escuela de Artes Plásticas que creó Mathias Goeritz en la Universidad Iberoamericana. "Él fue el maestro de dibujo, y yo de escultura. Hicimos exposiciones en el extranjero, y en el movimiento del 68 formó parte de lo que llamamos el Salón Independiente. Fuimos cercanos, no siempre en la obra, cada quien tenía su ruta y había mucho respeto y admiración".

Aunque reconoce su suerte con las mujeres, nunca le llamó Gato Macho. Cuevas, por cierto, declaró en una entrevista en el 2000 que había tenido 956 encuentros amorosos de los que su primera esposa nunca se enteró.

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"Nunca le dije así. Se le quedó porque le dio por escribir en su Cuevario, en El Universal, que tenía muchas amantes", recuerda Felguérez. Lo que es cierto, dice, es que murió "el mejor dibujante de México y de muchos otros países".

SE COTIZARÁ, SÓLO POR UN MOMENTO
Los precios de las obras de José Luis Cuevas mostrarán un pico en las próximas semanas, pero invariablemente regresarán a su nivel habitual, pues la muerte de un artista no siempre deriva en altas cotizaciones, asegura Vivian Gorinstein, gerente del departamento de arte moderno de Morton Casa de Subastas.

"Sin duda habrá reacciones muy distintas entre los coleccionistas. Habrá quienes decidan resguardar sus piezas, pero también tendremos a otro sector que estará a la espera de una obra determinada", asegura la experta.

De acuerdo con la base de datos de Artprice, la obra más cara del enfant terrible de la pintura mexicana es Pareja (1982), un dibujo-acuarela con un precio de salida de mil 199 dólares en la casa Shapiro Auctions de Nueva York. En cambio, en 2007, Sotheby's subastó Autorretrato espiando una pareja (1980) en 3 mil dólares. Un año antes, Cuevas había dicho que esa casa había vendido "falsificaciones" de su trabajo, por lo cual rompió relaciones con la empresa.

En Morton, una acuarela –de un autorretrato fechado en 1979– fue subastada en 100 mil pesos, cuando el precio de salida era de entre 60 y 80 mil. "Lo que observamos es una alza en lo que la gente está dispuesta a pagar por sus obras", señala Gorinstein . Y asegura que el mercado del icono de la Generación de la Ruptura es amplio y estable, siempre del interés de grandes y pequeños coleccionistas.

Ha llegado el reto para Cuevas.

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