Sobremesa

La reforma de persecución fiscal

Una cosa es prevenir y castigar la evasión fiscal, y otra muy diferente es que se pretenda comenzar una persecución para obtener recursos violando derechos y libertades.

La reforma que está en manos de Diputados NO es una reforma fiscal, sino penal.

Una cosa es prevenir y castigar la evasión fiscal, ya sea por ocultar ingresos o por comprobar gastos inexistentes con facturas falsas, y otra muy diferente es que hoy el Estado mexicano pretenda comenzar una persecución para obtener recursos violando derechos y libertades básicos como la presunción de inocencia, como sucedería con esta iniciativa propuesta por Morena.

Atentar contra la libertad y el patrimonio de los ciudadanos no cabe en un régimen democrático, sino en uno inquisitorio y expropiatorio.

De golpe y porrazo quieren.

1.- Catalogar la defraudación fiscal como delito de delincuencia organizada, sin considerar atenuantes –tal como el secuestro, el tráfico o la trata de personas.

2.- Considerar la evasión fiscal como un delito contra la seguridad nacional –como el terrorismo, el sabotaje y la traición a la patria. Esto significa que los empresarios o contribuyentes podrían llegar a ser investigados por órganos de inteligencia del país.

3.- Que al ameritar prisión preventiva, los acusados de evasión irán a prisión aun cuando no se les pruebe nada. Esto podría prestarse a extorsiones y persecuciones.

4.- Castigarán de igual forma a emisores de facturas falsas que a quien, sin saberlo, recibió una o varias a su nombre.

5.- No hay distinción alguna entre la sanción que recibirá alguien que evade el piso de los 7.8 millones, que alguien que los supera por muchos millones más.

La transformación a la que aspira el presidente AMLO no puede sustentarse –mucho menos financiarse– con un retroceso que entregue al gobierno capacidad de confiscar bienes sin control. Para alcanzar el anhelado desarrollo se requiere de inversiones –nacionales y extranjeras– que solo llegarán con certidumbre sobre el futuro. Y esta iniciativa traería consigo el efecto adverso, al poner en riesgo la inversión privada y la seguridad jurídica con que hoy cuentan empresas y contribuyentes, y que tanto ha costado construir. Pero lo peor es que esta iniciativa deja en un estado de total indefensión a los contribuyentes, equiparándolos con criminales y terroristas y sin defensa alguna.

Leído lo anterior, en Diputados, Rene Juárez, Juan Carlos Romero Hicks y Mario Delgado tienen en sus manos la oportunidad, de una vez por todas, de detener la pretensión de otorgar poder sin contrapesos al Poder Ejecutivo que, como se sabe, al no tener control alguno en el Poder Judicial, solo generaría corrupción. Ojo, en el Senado, Morena, Monreal y sus aliados la pasaron con mayoría simple.

Diputados no pueden caer en una trampa demagógica: la corrupción es un mal que debemos combatir los mexicanos, pero no a costa de los derechos humanos y la libertad de los contribuyentes.

Con medidas así, no hay que preguntarse por qué las inversiones han disminuido y el país está estancado.

El sexenio pasado no hubo día que no criticara la, según yo, quesque reforma fiscal que se aventó Luis Videgaray, la cual, comparada con esta, era un niño de brazos. Sin embargo, y como nadie escarmienta en cabeza ajena, secretario de Hacienda Arturo Herrera, déjeme compartirle parte de la entrevista que le hice al entonces canciller, una semana antes de dejar el gobierno y que la 4T entrara a gobernarnos, y que publiqué en este mismo espacio...

"La reforma fiscal por la que me gané el odio de propios y extraños nos mantuvo a flote. Hoy es considerada la reforma más exitosa que se ha hecho desde 1980, si la juzgamos por el incremento en la recaudación. Sin embargo, esto no quiere decir que no se hayan cometido errores (siéntense por favor para seguirle leyendo) creo que uno de los errores que cometimos, déjame quitarle el plural, que cometí, fue no socializarla debidamente.

En el Pacto por México, logramos algo inusitado que era tener los votos suficientes para hacer todas las reformas. Por tener prácticamente los votos asegurados se la impusimos al sector privado, al CCE, simplemente le notificamos. Pero claramente no hicimos un trabajo mucho más sensible, de escuchar, más humilde, de generar los consensos".

Morenos, Mario Delgado, Martí Batres, Ricardo Monreal y Porfirio Muñoz Ledo, escuchen:

"La lección es que NO basta tener los votos en el Congreso, se necesita un apoyo de la sociedad y ese apoyo lo perdimos por la forma".

La pregunta que seguía obvio era: ¿Los empresarios se la cobraron en la elección? Me contestó que "no es tanto que, si los empresarios operan las elecciones, sino el efecto que tiene, mucho más importante, sobre el crecimiento económico, la creación de empleos, y en general en el entusiasmo por el país".

De seguir la 4T por este camino, la informalidad podría ser la solución.

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