¿Quieres visitar ‘el reino de los osos polares’? Entonces el norte de Canadá te espera
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¿Quieres visitar ‘el reino de los osos polares’? Entonces el norte de Canadá te espera

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¿Quieres visitar ‘el reino de los osos polares’? Entonces el norte de Canadá te espera

bulletPor alguna razón estos mamíferos inspiran ternura, pero la realidad es que son animales salvajes que viven en solitario y que solamente cinco semanas al año conviven en manada a la espera de que llegue su alimento en la Bahía de Hudson.

Por Laura Rodríguez Coutiño
13/12/2019
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Uno de los mejores viajes que he realizado en mi vida ha sido el avistamiento de osos polares en Churchill, una de las ciudades más remotas del norte de Canadá; a estas fantásticas criaturas que habitan en el Ártico las envuelve la amenaza de desaparecer, por esa razón, esta experiencia encabezaba mi lista de lugares por visitar.

Por alguna razón estos mamíferos inspiran ternura y hasta simpatía en el ser humano, pero la realidad es que son animales salvajes que viven en solitario y que solamente cinco semanas al año, entre octubre y noviembre, conviven en manada a la espera de que llegue su alimento en la Bahía de Hudson.

Llegar a Churchill implica llegar a Winnipeg, la capital de Manitoba y de allí partir en un avión, tren o auto hasta llegar a este pueblito.

El destino, al que con solo arribar sientes un frío total, consta de dos avenidas, donde hay un puñado de modestos hoteles, un restaurante Gypsy’s donde concurren propios y ajenos a contar sus historias de osos, una gasolinera y un hospital.

Un día después del arribo, y si el clima lo permite, está previsto un sobrevuelo en helicóptero por toda la región, durante el cual se descubre el casco de un barco que encalló en la Bahía, el primer observatorio de osos polares y, mejor todavía, a los carnívoros en su marcha al mar.

El plato fuerte del viaje es la salida a la tundra a bordo de un buggy, vehículo más parecido a una gigantesca oruga con caparazón de metal en el que se permanece todo el día.

Desde su interior puedes observar y ser observado por los osos que son muy curiosos, con frecuencia se acercarán

a inspeccionar al extraño objeto que aparece en su camino, por esa razón mide más de tres metros de alto y tiene las paredes rectas para que el animal no pueda trepar en ellos.

En la parte trasera existe una terraza metálica para tomar fotos y estar más cerca de los distintos animales que encuentras en tu camino: zorros árticos, liebres y uno que otro caribú.

En tres salidas, el grupo pudo ver no menos de 50 de esos activos cuadrúpedos haciendo toda clase de “monerías”: Parados, sentados, acostados, madres y crías jugueteando, jóvenes templando su valor en peleas y al macho dominante poniéndolos en su sitio.

En la observación de estos fantásticos animales transcurren las horas, casi sin darse cuenta. Al final de las jornadas el sol incendia el cielo y la noche apaga la blancura de la tundra, pues la oscuridad se lo traga todo mientras los osos siguen despreocupados en lo suyo.