Santiago Arau: el ‘rockstar’ de la fotografía
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Santiago Arau: el ‘rockstar’ de la fotografía

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Santiago Arau: el ‘rockstar’ de la fotografía

bulletLos 'insectos' del fotógrafo mexicano le han ayudado a capturar imágenes únicas en una modalidad que, aunque parece lo mismo, no es igual que la fotografía aérea.

Eduardo Bautista
24/01/2020
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Se refiere a ellos como sus “bichos”. Y sí: parecen arañas, vuelan como moscos y zumban como cigarras. Unos insectos, hay que decirlo, bastante caros. Pero no importa. Sin ellos, Santiago Arau no sería el fotógrafo que es hoy: el único que ha podido retratar el cráter incandescente del Popocatépetl a más de 5 mil metros de altura.

Santiago es uno de los exponentes más destacados a nivel mundial de la fotografía con drones. Que no es lo mismo que la fotografía aérea, porque esa siempre ha existido.

Son sus insectos los que le han permitido tener perspectivas de sitios que se creían inaccesibles para el hombre. Por eso, su trabajo fue recientemente reconocido por la Fundación BBVA Bancomer, que decidió publicar un libro con su trabajo: Territorios, en el cual se exhiben más de 300 fotografías que son el resultado de un viaje por la República Mexicana de más de 30 mil kilómetros recorridos por tierra y por aire.

“Hojear este libro es como ver una monografía de México, de esas que te vendían en la papelería, pero a color y con imágenes de calidad”, dice en broma este mexicano que suma más de 235 millones de seguidores en Twitter e Instagram. Jamás creyó que la fotografía lo fuera a convertir en todo un influencer.

Cortesía/Santiago Arau

“La verdad es que yo todavía soy de esos románticos que se maravillan con la fotografía en papel, a mí me encanta poder tocar las imágenes, pero me tocó vivir la transición de la era analógica a la digital y eso cambió muchas cosas”, comenta el egresado de la Universidad Iberoamericana, quien afirma que la era digital ha traído grandes beneficios a la fotografía, como la velocidad, la facilidad y la capacidad de almacenamiento.

Ingresar a sus redes sociales es algo confuso: no se sabe si se está en un museo web de la NASA, en la cuenta de un ambientalista —porque es un férreo defensor de la naturaleza— o en el acervo de un retratista prodigioso.

De acuerdo con los lineamientos de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la altura recomendada para que vuele un dron es de cuatro mil metros; de lo contrario, el aparato podría sufrir daños irreversibles. Algo que Santiago no ha tomado mucho en cuenta. Él ha llevado a sus ‘bichos’ a más de 5 mil metros de altura sólo para obtener una vista única del Iztaccíhuatl. Pero el atrevimiento tiene su costo: ha perdido varios drones en la tropósfera.

Cortesía/Santiago Arau

El estudio de Arau está en el Centro Histórico de la Ciudad de México, pero lo suyo es el “mochilazo”. Empezó en la fotografía a los 15 años, con una cámara Reflex que le regaló su abuela. Vivió la magia del cuartoscuro y de los rollos, cuando no se podía ver cómo había quedado la foto hasta que se imprimiera.

No es, sin embargo, un nostálgico. Dice que sintió la misma magia cuando sostuvo un dron en sus manos por primera vez. Nada como la sensación, dice, de conectar su cámara o su celular a un dron y echarlos a volar, con el riesgo de que quizás ya no regresen.

Algunos ya lo han bautizado como ‘El Encantador de Drones’. Gracias a ellos, Arau ha descubierto muchas cosas. Una de ellas, que la Ciudad de México es un verdadero monstruo.

“Quizás ya lo sabíamos, pero no lo habíamos visto tan claro. Desde las alturas podemos ver cómo esta ciudad devora todo lo que encuentra a su paso. Han desaparecido ríos, lagos y cerros y no nos hemos percatado de eso. Los drones me han permitido redescubrir espacios en todo el mundo”, advierte. En su libro Territorios, por ejemplo, aparece también una fotografía aérea en la que se observa hasta dónde ha llegado la deforestación de la selva Lacandona.

Aunque Santiago ofrece cursos de fotografía con técnicas aéreas, es importante señalar que, para volar un dron, se necesita de una licencia que sólo puede obtenerse en alguna escuela de aviación avalada por la DGAC. Allí se deben hacer varias pruebas y pasar un examen médico. Los drones, además, no pueden sobrevolar zonas federales, como aeropuertos o áreas militares.

Cortesía/Santiago Arau

Territorios ya se encuentra a la venta en librerías. En sus páginas se observa que México es la tierra de las sierras prodigiosas y las tradiciones vernáculas, pero también el hogar de las urbes desproporcionadas y la contaminación asfixiante.

“Me doy cuenta cuando subo mi dron en días de contingencia ambiental: no se ve nada, todo se ve negro. El cambio climático está sucediendo, aunque muchos líderes globales se empeñen en negarlo”.