Salud

Día Mundial de la Lucha contra el Sida: ¿Por qué todavía no hay vacuna? Esto explica la UNAM

A menos de dos años de la pandemia de COVID-19, el mundo ya cuenta con varias vacunas contra el SARS-CoV-2, pero ¿por qué no hay una para el VIH?

Los primeros casos del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), fueron detectados en 1981 en las ciudades de Nueva York y Los Ángeles, en Estados Unidos.

Desde entonces, es decir, hace 40 años, científicos de todo el mundo han intentado desarrollar una vacuna contra el virus, pero ¿por qué no han tenido éxito a pesar de la inversión económica dedicada a estudiarlo? (ONUSIDA calcula que todos los años se dedican “aproximadamente mil millones de dólares a la investigación y el desarrollo” de esta vacuna).

En su número de esta semana, a propósito del Día Mundial de la Lucha contra el Sida, que se conmemora el 1 de diciembre, Gaceta UNAM dedica un artículo a explicar por qué aún el mundo carece de una vacuna contra el VIH. Esta pregunta tiene pertinencia sobre todo de cara al pronto desarrollo de las vacunas contra el coronavirus.


En el reportaje de la publicación universitaria, Roberto Vázquez Campuzano, académico del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina, explica que la diferencia de virus es la razón: “El SARS-CoV-2 muta, pero lo hace muy despacio. Sus polimerasas –las enzimas que se encargan de copiar su material genético– producen mutaciones muy lentas. El SARS-CoV-2 se adaptó a los humanos de alguna especie animal que todavía no se identifica. Esto hace que este virus sea más fácil de identificar y poder hacer la secuenciación, tener el conocimiento de toda su estructura y proceso de replicación”.

El VIH es un retrovirus, o sea, que a partir de RNA sintetiza DNA y este, en el proceso de infección, se integra al genoma de la célula de tal forma que el virus permanece escondido dentro de nuestras propias células, haciendo imposible que nuestro sistema inmune lo identifique. El virus infecta linfocitos T, la base de nuestra respuesta inmune. Este es uno de los problemas más importantes por los que no se ha podido desarrollar una vacuna contra VIH”, contrastó el investigador.

Vázquez Campuzano añadió que el VIH tiene una alta tasa de replicación. “La variabilidad antigénica, sumada a la tasa alta de replicación que tiene la posibilidad de formar DNA que se integra al genoma de las células y la falta de modelos animales, son los problemas por los que no se ha podido generar una vacuna en contra del VIH”.

Entre los esfuerzos por desarrollar dicha vacuna, según la nota de Gaceta UNAM, destaca el proyecto Mosaico, organizado por la red HIV Vaccine Trials Network (HVTN) y la farmacéutica Janssen, y que anunció el inicio de un ensayo clínico para la fase 3 de investigación de una vacuna.

Se trata de la primera vacuna en una década que llega a fase 3 y en la que participarán personas de México, Argentina, Brasil, Italia, Perú, Polonia, España y Estados Unidos.

No obstante, Vázquez Campuzano señala que dicha vacuna, por sí sola, no erradicaría el padecimiento: “Hay muchas esperanzas de que funcione; sin embargo, no es, ni será la solución final a la pandemia de VIH. ONUSIDA tiene programado como meta eliminar la enfermedad para el año 2030, esto tiene que ver con el uso de medicamentos retrovirales. La vacuna solo vendrá a sumarse a los esfuerzos; a lo sumo, haría que en lugar de eliminarlo para ese entonces se consiga hacerlo mucho antes”.