Weezer, la carta fuerte del Festival Catrina
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Weezer, la carta fuerte del Festival Catrina

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Weezer, la carta fuerte del Festival Catrina

La banda estadounidense será una de las atracciones principales de la edición 2018 del festival que tendrá lugar en Puebla el próximo 9 de diciembre.

Sebastián Padrón
12/11/2018
Weezer
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El festival de música Indio Catrina, catalogado a sí mismo como “el más importante de Puebla”, aguarda a un invitado más como un as bajo la manga y reveló a uno de sus alfiles para el próximo encuentro: Weezer.

De cara a la edición 2018, entre su artillería musical también destacan las agrupaciones mexicanas forjadas en los 80 como Maná, Café Tacuba y Fobia.

Sin embargo, esto no pasó con chasquear los dedos, pues los organizadores Wakks Pavia y Melo Montoya, que llevan más de ocho años en la industria, aseguran que el trabajo que hay detrás de festivales de esta magnitud tienen un año de preparación: “siempre tomamos dos semanas después del Festival y, como siempre, comenzamos con la organización del siguiente”.

La singularidad es una de las características del Catrina, que va para su tercera edición, ya que para Wakks las bandas deben contar con ciertas peculiaridades, estilo o distinguirse en la actualidad; tan sólo hace falta mirar con qué artistas están curados sus carteles y pasar lista a ese detalle: Drake Bell, Mon Laferte, Enjambre, Caligaris, Caifanes, Kakkmaddafakka, Love of lesbian, Siddhartha, Carlos Sadness y, ahora, con Weezer, Maná, Café Tacuba y Fobia.

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Cristian y Pablo, de Reyno; 'Cha', bajista de Fobia; Wakks Pavia y Melo Montoya, organizadores del Festival; Galindo y Lars, de Alice True Colors.Fuente: Sebastián Padrón

Pese a tener el oído y la visión educados e intentar llevarle los mejores exponentes a los espectadores, la responsabilidad va más allá. Meses atrás, el cantautor puertorriqueño, Residente, calificó de “falso” al Catrina por haberlo colocado como parte de la alineación del 9 de diciembre próximo.

“Somos muy responsables de nuestro trabajo y de nuestra organización. En Monterrey hago el Festival Machaca, y ya llevo siete años produciéndolo, participo en el Cosquin Rock en Guadalajara”, comentaría Montoya y, “la verdad es que hay, de repente, situaciones en las que no puedes lidiar”.

En tanto, Wakks reconoce que el tema de Residente son cuestiones técnicas que se tienen que ver con su management directamente, “pero nosotros siempre hemos cumplido con nuestro cartel”.

Para ambos, los prejuicios no son la clave para organizar festivales, sino más bien lo nutrido de música que pueda hacerte vibrar y la calidad con que cada artista se empeña desde la primera hasta la última de sus presentaciones. Trabajar importa.

Además de Weezer, Café Tacuba y Fobia, la edición de este año también incluirá a Mago de Oz, Morat, Babasónicos, Porter, Jumbo, Chicano Batman, Cuco, Reyno, Chetes, Technicolor Fabrics y Hello SeaHorse.

El compromiso es uno de los vínculos que más los atan con su público; en ese sentido, previo a cada edición se realizan programas para recolectar la basura por sector y proponer soluciones para retribuirle algo a la ciudad que vio nacer este proyecto. Por ejemplo: sembrar 100 árboles en áreas verdes de la entidad.

“Tenemos un plan de recolección de basura de todo: cartón, vidrios y PET, y todo se va a recolección. Ahora, tenemos pensado que habrá un cuarto escenario que estará impulsado al 100 por ciento por bicicletas; además, de que vamos a estar dando información del medio ambiente para que todos nos hagamos consientes del impacto que esto tiene”, explica Wakks.

Bajo esta misma postura, y a casi un año del sismo del 19 de septiembre que también afectó Cholula, sede del Catrina, Montoya reconoce que su trabajo es de campo y que desde el principio han intentado integrar a la población dentro de este circuito que también los beneficie.

Además, reconoció que en ningún momento, con la edición pasada, pusieron en riesgo a la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, uno de los recintos más visitados en el estado.

“Con el scouting que hicimos en aquella ocasión, el equipo definió que el audio no llegaba; aunque tú lo pongas directo desde abajo, no llega porque es muy alto; el audio te da, del escenario, hasta 45 o 50 metros y de abajo hasta arriba son casi 250. Llega muy poco: un audio no va a derrumbar una iglesia; un sismo sí.

“No estamos en una oficina trabajando, ni en un backstage ni en un camerino. Estamos desde 10 días antes en campo; desde el terreno donde se hace. Vamos a platicar con las personas de los restaurantes, con las personas que tienen las vendimias en las esquinas”, señala Montoya.