'No te preocupes, no irá lejos': El humor triste de Gus Van Sant
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'No te preocupes, no irá lejos': El humor triste de Gus Van Sant

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'No te preocupes, no irá lejos': El humor triste de Gus Van Sant

bulletLa última cinta de Van Sant elogia su mejor tradición de retratar a los 'bichos raros' de la sociedad estadounidense.

Eldaa García
08/12/2018
Actualización 08/12/2018 - 20:26
Joaquin Phoenix
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Si hay una característica que defina el cine de Gus Van Sant, es que es a falta de un mejor adjetivo, muy estadounidense. Pocos como él para estudiar y retratar las filias, vicios y decadencia de su sociedad. Trabajos como My own private Idaho, Todo por un sueño, Milk y Elephant están marcados por ese tono agridulce de alguien que intenta comprender a la sociedad de su país y aquellos seres peculiares que la conforman. Este es el caso de su última cinta, No te preocupes, no irá lejos (Don't worry, he won't get far on foot).

John Callahan (un tremendo Joaquin Phoenix), es un hombre tocado por la mala fortuna: al nacer fue abandonado por su madre en un orfanato, experiencia que lo marcaría toda su vida; a los 21 años, tras haber pasado todo un día de copas, a principios de los 70, sufre un accidente automovilístico que lo dejaría cuadraplégico y atado a una silla de ruedas; dispuesto a no dejarse comer por la compasión, ajena y propia, decide tomar lápiz y papel para dibujar criaturas y personajes ácidos e hirientes que muchas veces le ganarían ser objeto de polémica y peticiones de boicot.

En este filme no sorprende ya la calidad actoral a la que puede llegar Phoenix, experto en personajes atormentados y problemáticos, como en An irracional man, Her, The master, Walk the Line e incluso To die for, del mismo Van Sant; el que se revela como un actor de diversos y profundos matices es Jonah Hill, quien muchas veces ha sido encasillado en comedias estúpidas; pero desde El lobo de Wall Street Hill ha ido adquiriendo madurez; su actuación ácida y tierna al mismo tiempo como Donnie, el padrino de Callahan en AA, le da a la historia el toque necesario para evitar que ésta se convierta en un soporífero.

John Callahan no es un personaje, digamos, que sea conocido más allá de ciertos círculos en Estados Unidos; Van Sant se dio a la tarea de hacer un trabajo agridulce, melancólico y con toques de humor negro, aunque por momentos cae en la densidad cuasi aburrimiento. No te preocupes no irá lejos tal vez no sea su obra más realizada o más reconocida, pero sí una de las más entrañables.