'María Magdalena' y el pecado del aburrimiento
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'María Magdalena' y el pecado del aburrimiento

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'María Magdalena' y el pecado del aburrimiento

bulletLa cinta dirigida por Garth Davies plantea desde la visión femenina la muerte y el evangelio de Jesús.

Eldaa García
24/03/2018
Actualización 24/03/2018 - 2:23
María Magdalena es interpretada por Rooney Mara
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Cada Semana Santa es lo mismo en materia de películas: Ben-Hur, Los 10 mandamientos, El manto sagrado, La pasión de Cristo, contadas todas desde la óptica masculina: Jesús, los apóstoles o los soldados romanos, pero la vida o al menos la crucifixión de Jesús nunca se había abordado desde un ángulo femenino. Siempre relegada, muchas veces villipendiada, María Magdalena había permanecido por miles de años guardada en la Historia como una prostituta, por lo que se agradece el esfuerzo del director Garth Davies (Un camino a casa) en traernos María Magdalena, una versión nueva y necesaria para los tiempos actuales.

Aquí, María (una naturalmente hermosísima Rooney Mara) vive en el pueblo de Magdala; se dedica a la pesca y es buena ayudando a las nuevas parturientas; sin embargo, algo no anda bien en ella; enfrentada a lo que hoy llamaríamos crisis existencial, María intenta darle un nuevo sentido a su vida lejos de las estructuras y jerarquías al unirse a un nuevo movimiento encabezado por Jesús (Joaquin Phoenix) y sus discípulos.

En María Magdalena abundan los primeros planos: las canas y las arrugas de un Jesús que se percibe enojado y temeroso del destino que le aguarda; la cara de un frustrado y desesperado Judas pero sobretodo, al rostro y ojos de Mara: unos ojos que conmueven, que concentran y explotan toda la expresividad de la actriz.

Sin embargo, esto no llega a ser suficiente. El pecado de María Magdalena es que no llega a ningún lado y termina aburriendo: llena de tomas largas y lentas, la cinta no termina de cuajar y de hacer un solo planteamiento: los diálogos de María son cortos y parcos, los cuales no ayudan a revelar a profundidad el motivo de su angustia y su razón de unirse a Jesús, un Joaquin Phoenix sobrio y poderoso pero con reflexiones que bien pudieron salir de cualquier libro de superación personal.

Sólo hasta cierta escena, cuando logra hilar tres frases con sentido y se enfrenta a Pedro, es que podemos tener un atisbo del sentido de la cinta: mientras él y el resto de los discípulos se aferran a la creencia de un reino terrenal y un mesías que destierre a los romanos, María apuesta al lado espiritual. Aquí, dos minutos bastaron para plantear lo que hora y media no pudo lograr.

Dada su naturaleza de apostol entre los apóstoles, siendo un personaje lleno de contrastes y que dio un giro a la historia de Jesús que conocemos, María la de Magdala se merecía una entrada al cine como personaje principal más lleno de vitalidad y pasión.

Podemos celebrar y reconocer que un relato protagonizado en su mayoría por hombres y contado siempre por hombres haya cambiado su ángulo para dar voz a una mujer (y no cualquier mujer); su pecado es haberse quedado a la mitad y no haber explorado más a María la de Magdala y su complejidad; su probable redención es que ha sido la primera en intentarlo. No poca cosa.