'Black Panther': el color negro al poder
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'Black Panther': el color negro al poder

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'Black Panther': el color negro al poder

bulletLa más reciente cinta de Marvel y Ryan Coogler ofrece diversas lecturas.

Eldaa García
17/02/2018
Actualización 17/02/2018 - 21:14
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Marvel Studios es desde hace una década sinónimo de éxito de taquilla, blockbuster de verano y deslumbrantes efectos especiales, perohan sido pocas de sus cintas las que además de contar con estos elementos, suman el punto básico de cualquier película: una buena historia que contar. Este es el caso de Black Panther.

Ryan Coogler ya nos había sorprendido con la resurrección de Rocky Balboa en Creed (2015), su segundo largometraje, así que los recursos (y el dinero) de Marvel no mejoraron la historia, sólo la pintaron y enceraron para que luciera mejor.

Después de los hechos de Captain America Civil War, en donde asesinan a T'Chaka, rey de Wakanda, su hijo T'Challa (Chadwick Boseman) debe regresar a su país no sólo para asumir el trono, también disputado por M'Baku (Winston Duke), también debe hacer frente a la amenaza que representa Ulysses Klaue, un artista del mercado negro que intenta hacerse del vibranium, el mineral más poderoso de la Tierra y que sólo está disponible en la nación africana. Pero no se vayan con la finta, puesto que Black Panther tiene diversas lecturas que ofrecer.

Pantera negra, al igual que su homónimo del comic creado hace más de 50 años por Jack Kirby y Stan Lee, llega en un momento político sensible para la comunidad afroamericana; no es casualidad que una de las primeras escenas de la cinta sea una toma a una televisión que transmite los saqueos en California tras la absolución de los policías que golpearon al taxista negro Rodney King.

El enfrentamiento entre T'Challa y Killmonger (un soberbio Michael B. Jordan) más que plantear una rivalidad familiar shakesperiana, expone a dos comunidades de la misma raza con diferente visión: una dispuesta a asimilarse a su entorno, a vivir en los suburbios y conducir un Honda, y aquella radical que no se traga el concepto de que el sueño americano es para todos, que no cree que las cosas se consigan negociando, sino peleando por ellas. Dos Américas negras tratando de superarse a sí mismas.

En la historia, Wakanda es una nación avanzada, con grandes recursos, pero que con el afán de preservar su seguridad (y el vibranium), vive aislada y oculta del resto del mundo, renuente a integrarse y a compartir con éste. No hace falta decir el inquietante paralelismo con los discursos del presidente de Estados Unidos sobre sus políticas comerciales.

Además, Black Panther cuenta con un elemento que no debe subestimarse: aquí las mujeres toman el control. Aquí, las mujeres son científicas, desarrolladoras, generalas como Okoye (una hermosa y poderosa Danai Gurira ) e independientes como Nakia (Lupita Nyong'o en uno de sus mejores papeles).

De hecho es tal la energía del black women power, que a veces el personaje de Chadwick es un poco eclipsado por ésta; la secuencia de Okoye y Nakia a bordo de un auto, la pelea de las Dora Milaje y el trolleo de su hermana Shuri (una Letitia Wright a la que no hay que perder de vista) a veces hacen parecer que la Pantera Negra es un satélite que orbita alrededor de estos poderosos planetas.

Ninguno de estos elementos demerita la película, sino al contrario: ya era hora que Marvel contara una historia con más sustancia y menos autoburla, una que llevara al color negro al poder y a la vez lo hiciera mirarse al espejo para verse tal y como es: radical y diplomático, ghetto y suburbio, violento y vulnerado.