El negociador ‘solitario’
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El negociador ‘solitario’

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El negociador ‘solitario’

17/12/2019

Cuando iniciaron las negociaciones para la modernización del TLCAN el 16 de agosto de 2017, los equipos negociadores de Estados Unidos y Canadá nunca se imaginaron el nivel de preparación de sus contrapartes de México.

Se encontraron con una posición congruente, sólida y unificada de los negociadores mexicanos, que siempre estuvieron acompañados por el sector privado en el ‘cuarto de junto’.

Eso les ganó un gran respeto de los estadounidenses y canadienses desde la primera ronda de negociación que se realizó en Washington.

Era el mismo equipo de México que negociaba de manera simultánea la modernización del TLC con Europa y una mayor integración comercial con Asia-Pacífico en el CPTPP.

Así continuaron las negociaciones con los equipos de EU y Canadá para profundizar y modernizar el TLCAN, hasta su cierre el 30 de septiembre de 2018.

Fue así como nació el T-MEC, firmado el 30 de noviembre de hace un año y ‘renegociado’ en los meses recientes por exigencias de congresistas y sindicatos estadounidenses.

Pero los resultados de la amplia agenda de negociaciones comerciales de México no fueron mérito de una persona, sino de un equipo.

Los resultados de la negociación adicional del T-MEC, reflejados en el Protocolo Modificatorio firmado el pasado 10 de diciembre por los tres países, dejaron un sabor “dulce con un toque agrio”, describió Moisés Kalach, coordinador de la estrategia bilateral México-EU del CCE.

Hay “algunas sorpresas” en el protocolo, como la regla de origen para la industria automotriz de América del Norte, donde “se da un paso atrás” en la cadena de abasto, afirma Kalach.

La regla impone condiciones restrictivas, pues pide que, a partir del año siete, para ser considerado originario, 70 por ciento del acero con el que se fabriquen los autos debe ser fundido y mezclado con materias primas de la región.

La sorpresa mayor llegó con la ley de implementación del T-MEC (H.R. 5430) que envió la Casa Blanca el viernes pasado a la Cámara de Representantes, que contempla una serie de mecanismos para supervisar los temas de la agenda laboral de México.

Incluye la creación de una comisión intersecretarial para darle seguimiento a la reforma laboral mexicana, así como de una hotline donde los trabajadores puedan hacer denuncias anónimas sobre violaciones laborales.

Lo más polémico está en la posibilidad de que EU pueda contratar hasta cinco agregados laborales (labor attachés) para monitorear el cumplimiento de las obligaciones de México en esa materia.

El subsecretario para América del Norte y jefe negociador del T-MEC, Jesús Seade, se declaró “sorprendido” y viajó a Washington para reunirse con el representante comercial de EU, Robert Lighthizer, quien le entregó una carta donde asegura que los agregados laborales no harán inspecciones en México.

Aunque la intención sea “colaborar con sus contrapartes” mexicanas, a Seade le faltó que lo acompañara un equipo –incluido el sector privado– en la última etapa de las negociaciones.

Un equipo que le pudiera traducir los textos o que, cuando él estuviera negociando, preguntara el significado de algunas notas al pie de página, como en el caso del Artículo 31-A.4 del protocolo, donde no se hace referencia directa a las facultades de los agregados laborales, pero sí se menciona la intención.

El T-MEC es un acuerdo muy grande para un negociador sin equipo, que por más brillante que sea, da la impresión de que no tiene quién lo apoye.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.