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La pérdida de vida productiva por apagones

Los apagones le pueden costar al crecimiento del PIB algunas décimas de punto porcentual en el segundo trimestre de 2024.

¿Cuál puede ser el efecto de los apagones o cortes de energía eléctrica en diversas zonas del país sobre el sector manufacturero, el comercio, los servicios y la actividad económica en México?

Aún es pronto para saberlo, pero no será nulo y al crecimiento del PIB le puede costar algunas décimas de punto porcentual en el segundo trimestre del 2024, año en el que de por sí se contempla una desaceleración de la economía.

La producción industrial en México creció 0.6 en marzo pasado, después de registrar un retroceso de 0.1 por ciento en febrero previo, según datos recientes del INEGI.

Se presentó un avance de 0.2 por ciento mensual en el rubro de generación, transmisión, distribución y comercialización eléctrica, suministro de agua y de gas natural por ductos al consumidor final.

La cifra de un mes no dice mucho, pero si se compara con marzo de 2020, cuando llegó la primera ola de la pandemia, el sector de servicios básicos, en el que la industria eléctrica es preponderante, acumula una contracción de 21.4 por ciento.

Si bien se han observado resultados positivos en el último año, aún existe un gran rezago respecto al nivel prepandemia en el caso del sector energía eléctrica, agua y gas a nivel nacional.

En tanto, la encuesta que cada mes levanta el Banco de México entre especialistas del sector privado refleja la opinión de los analistas sobre el entorno económico en el país.

En la encuesta de abril, la más reciente, las opiniones preponderantes sugieren que el clima de negocios en los próximos seis meses permanecerá igual, que actualmente la economía mexicana no está mejor que hace un año y que no se tiene la seguridad de que este sea un buen o mal momento para realizar inversiones.

Entre los principales factores que podrían limitar el crecimiento económico de México destacan los relacionados con la gobernanza.

A nivel particular, los que más podrían obstaculizar el crecimiento son los problemas de inseguridad pública, la corrupción y otros problemas de falta de Estado de derecho.

Sobre las condiciones de competencia prevalecientes en los mercados en México, los sectores de la economía en los que los analistas consideran que hay una ausencia o un bajo nivel de competencia son electricidad con 34 por ciento de las respuestas y energía –petróleo, gasolina y gas– con 31 por ciento.

Ambos suman el 65 por ciento de las respuestas, prácticamente dos de cada tres especialistas los ubican como los sectores con más problemas de competencia en el país.

En el caso de CFE, la apuesta del gobierno del presidente López Obrador ha sido mantener la participación mayoritaria de la empresa en la generación de energía eléctrica a nivel nacional.

Desde siempre el interés fue otorgarle a la CFE el 54 por ciento del mercado de generación y dejar el 46 por ciento restante para empresas privadas.

Con ese objetivo el gobierno mexicano cerró este año la compra de 13 plantas eléctricas a Iberdrola, empresa española productora de energía, en seis mil 200 millones de dólares.

El problema de los apagones no es porque la mitad de la generación de electricidad esté a cargo de empresas particulares que fueron ‘cobijadas por el periodo neoliberal’, como dijo en una conferencia reciente el presidente. El tema es más complejo y estructural.

Si bien tienen que ver con las altas temperaturas en el país y la demanda de más energía eléctrica, las interrupciones en el suministro también responden a la falta de inversiones en las actividades de transmisión y distribución, reservadas para el Estado mexicano a través de la CFE, cuya posición es única en ambas.

México tiene muchos retos que superar para capturar y capitalizar al máximo los beneficios del nearshoring y uno de ellos es asegurar el abasto de electricidad promoviendo, además, las energías limpias.

Las intermitencias en el suministro de energía eléctrica, que son las que generan apagones momentáneos o prolongados, son un factor limitante para el crecimiento de la actividad económica, pero también para el aprovechamiento del proceso de relocalización, donde las oportunidades no esperan.

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