Una revolución pacífica: la Teología de la Liberación
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Una revolución pacífica: la Teología de la Liberación

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Una revolución pacífica: la Teología de la Liberación

29/11/2019

Uno de los importantes movimientos sociales y religiosos del siglo XX fue la llamado Teología de la Liberación. Jaroslav Pelikan en Jesús a través de los siglos: su lugar en la historia de la cultura, sostiene que la más relevante concepción de Cristo en el siglo XX, es la de liberador. En este libro se alude brevemente a la Teología de Liberación Latinoamericana que se inspira en el Nuevo Testamento y en la tradición veterotestamentaria: la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto y el mensaje social de los profetas de Israel.

Existe una simbiosis entre la reflexión religiosa y el compromiso social. En efecto, la religión pretende responder las interrogantes últimas del hombre moderno y asimismo cultivar el sentido de ser interrogado a través de los acontecimientos de la historia. La respetabilidad y la relevancia de la religión en la sociedad es subrayada actualmente por las ciencias sociales, ya que la solidaridad humana es un desafío de la religión: “siempre que un hombre es herido, todos somos dañados” (A. J. Heschel).

De las creencias religiosas, de la fe en el Ser trascendente y de los ritos religiosos, surge el compromiso por la justicia, la gran angustia del ser humano y su desamparo ante las opresiones sociales. Los profetas más que preocuparse por los ritos del templo, que son criticados por su formalismo, se preocupaban por los negocios del palacio, los asuntos del mercado, la situación precaria de las viudas y huérfanos y la corrupción judicial: “porque yo quiero amor, no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”, (Oseas 6, 6). Si los profetas vivieran hoy estarían consternados por el incremento de la inseguridad, por el desempleo, por la injusta distribución de la riqueza, por la discriminación de las mujeres, por la impunidad y la corrupción. El profeta Amós (8, 4-6) subraya: ya no hay consideración por el pobre, se aumenta el precio del grano, se usan balanzas deshonestas, se vende el desecho del trigo. La voz del profeta no solo es la voz de Dios, sino también la voz de los sin voz, su protesta no solo es el último grito, sino también, en su valiente denuncia, la última palabra por la insensibilidad ante los delitos, la corrupción y la injusticia social.

En un momento dado el problema del pueblo hebreo no era tanto la esclavitud, sino el haberse acostumbrado a ella, su redención comenzó cuando dejaron de tolerarla. De modo semejante, la Teología de la Liberación Latinoamericana ha hecho consciente al pueblo pobre de su propia esclavitud. Ahora bien, no puede haber verdadera liberación sin libertad. La verdadera libertad consiste en aceptar el enorme peso de la responsabilidad de elegir: es necesario elegir con discernimiento, no de acuerdo a la propia complacencia, sino a la capacidad de amar, ya que la libertad es adhesión a las fidelidades profundas. De modo trágico, empero, una libertad superficial lleva en sí misma el germen de su propia destrucción.

Existe el peligro de que los demagogos y las dictaduras conduzcan al pueblo a cambiar su libertad por una bagatela. La verdadera liberación del pueblo de Israel no se dio cuando cruzaron el mar rojo, esta fue solo una liberación exterior, la verdadera liberación aconteció en el Sinaí cuando se proclamaron los mandamientos, entre los cuales se manifiesta “no codiciarás”, que invita al pueblo a la conquista de la libertad interior.

Dios está en juego en la vida del hombre, en la vida de todo hombre. La verdadera libertad es fundamental para corregir ciertas desviaciones de algunas tendencias liberadoras fascinadas por el marxismo. Aunque el bien común esté sobre el bien individual, el hombre no puede ser instrumentalizado ni manipulado como objeto útil, su indefectible dignidad, le impide ser esclavo de la colectividad.

El amor a Dios está indisolublemente ligado a la compasión por el hombre, por el hombre más necesitado de compasión. En el cristianismo, es medular la opción por los pobres y el compromiso por la justicia como lo proclama el Papa Francisco en varias ocasiones en la Laudato si’. Esta revolución pacífica ayudaría a mejorar nuestro mundo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.