No se debe confundir el perdón ético-moral con el perdón judicial
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No se debe confundir el perdón ético-moral con el perdón judicial

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No se debe confundir el perdón ético-moral con el perdón judicial

30/11/2018

El perdón es esencial, tanto en la auténtica vida humana como en la inspirada por valores religiosos. Éste está fundado en el amor, que no es rencoroso ni lleva cuentas del mal. El perdón ético, en cambio, es inspirado por los más nobles valores humanos “sobra decir –como afirmó el gran jurista Antonio Beristain- que este perdón no supone la negativa de la sanción justa y necesaria”. Un magnífico ejemplo del perdón ético lo encontramos, sobre todo, en dos discursos del gran orador romano Marco Tulio Cicerón, el cual pondera ante Julio César, la grandeza del perdón .

Se trata de las defensas de Marcelo y Ligario que en la Guerra Civil habían preferido la candidatura de Pompeyo. En la Pro Ligario, Cicerón proclamó: “has superado a todos los vencedores de las guerras civiles, pero hoy (con el perdón) te venciste a ti mismo…todos los que fueron tus enemigos perdieron la vida por su obstinación o la conservaron gracias a tu clemencia… venció (en la guerra civil) quien no fomentó su odio con la victoria, sino que lo reprimió con la comprensión... ninguna de tus cualidades es tan admirable ni tan digna de gratitud como tu misericordia, los hombres nunca están tan cerca de los dioses como cuando salvan a otros hombres”. Se cuenta que Julio César, que escuchaba atentamente el discurso, sostenía en la mano derecha la tablilla roja de la condena, y conforme avanzaba la disertación, la mano iba bajando hasta que soltó la tablilla. En estos casos se superó el castigo, que en aquella época merecía el que había optado por el partido que a la postre fue vencido.

Un caso especial es el de Abraham Lincoln. Probablemente ningún gobernante se distinguió tanto como Lincoln por otorgar el perdón a los que desertaban del ejército durante la guerra civil; sólo serían perdonados los que consiguieran el indulto del presidente. Lincoln estudiaba cuidadosamente cada caso y se esforzaba por comprender a fondo los motivos de la apelación. En el archivo del Departamento de Guerra de los Estados Unidos, se conservan cientos de telegramas firmados por este ilustre gobernante, con el mensaje: “suspéndase la ejecución de N…”. Lincoln se adelantó varios años a la aceptación de la objeción de conciencia de participar en una guerra. Este gran mandatario tuvo varios enemigos políticos, pero quizá ninguno tan agresivo como el General Stanton, que públicamente lo llamaba orangután, el eslabón perdido, etc., etc. Cuando a la postre Lincoln ganó la presidencia, llamó a Stanton y lo nombró Ministro de Guerra. Algunos amigos le comentaron “creíamos que ibas a acabar con tus enemigos”. Lincoln replicó “es lo que estoy haciendo, mediante el perdón estoy convirtiendo a mis enemigos en amigos”. A este respecto, es importante distinguir entre los adversarios políticos y los políticos corruptos que mediante grandes fraudes dañaron al pueblo.

En el caso de México, en el artículo 89, fracción XIV de la Constitución, se faculta al Presidente de la República a “conceder, conforme a las leyes, indultos a los reos sentenciados por delitos de competencia de los tribunales federales”. Lo anterior nos remite al artículo 97, del Código Penal Federal que en la fracción III dice: “…cuando el sentenciado haya prestado importantes servicios a la nación, y previa solicitud”. Tampoco podría aducirse la figura de la amnistía, ya que ésta es exclusiva del Congreso de la Unión, como se específica en el artículo 73, fracción XXII, y se restringe a delitos de orden federal, mediante una ley de amnistía que prive de la sanción los hechos delictuosos de que se trate. Es muy importante señalar que en el indulto o la amnistía los daños a las víctimas deben ser reparados. Como se ve claramente, el indulto que pretende otorgar el presidente electo, no tiene sustento en nuestra legislación.

¿No otorgar este perdón podría desestabilizar al país? En el Perú se ha sancionado a los funcionarios que aceptaron los sobornos que ofreció Odebrecht, y no se ha desestabilizado la nación. En suma, la sanción penal no se establece por venganza, ni por “cacería de brujas”, sino para que exista la justicia y la armonía en la sociedad. Un perdón indiscriminado, no legitimado por las leyes, podría convertir al que lo otorga en cómplice de los delincuentes, ya que se conculca el inalienable derecho de las víctimas a la justicia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.