Los retos del cambio climático
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Los retos del cambio climático

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Los retos del cambio climático

13/09/2019

Vale la pena hacer una somera reflexión sobre esta temática a propósito de la Movilización Mundial por el Clima que se celebrará del 20 al 27 de septiembre de este año. Todo cambio técnico o científico, los planes económicos, los proyectos sociales para un mundo mejor y la solución de los conflictos, deben responder al sentido total de la existencia humana. Nuestro universo (del latín unidad, totalidad) está interconectado en todas sus partes. De aquí surge la pregunta sobre qué tipo de mundo queremos heredar a las generaciones futuras. Con esto nos cuestionamos sobre la orientación general, el sentido y los valores de este maravilloso rompecabezas que es nuestro planeta. Por consiguiente, no podemos abordar temas ecológicos parciales sin considerar un enfoque global que, aunque en sentido estricto, rebase lo ecológico, se deba preocupar por el cuidado de “nuestra casa común”.

El aprecio por nuestro mundo incluye también el aspecto estético, la belleza y magnificencia de elementos tan sencillos y maravillosos como el agua, “el oro azul”, que de manera tan sublime canta nuestro poeta Amado Nervo: “porque mis aguas dulces, mientras que la sed mata, / el rostro beatífico del sediento retrata…” Este bello poema no menciona los efectos paradójicos destructores del fenómeno hídrico: numerosas inundaciones, el ímpetu devastador de los huracanes y la devastación atroz, que por falta del agua se cierne sobre extensos bosques de Siberia y Alaska, de África y de la Amazonia.

De acuerdo a Kerstin Stahl, investigadora hidrologísta de la Universidad Albert-Ludwigs de Friburgo, Alemania, el cambio climático provocará variaciones de hasta 40% en las sequías, así como en las inundaciones. Tan grave como el problema del hambre en el mundo, es el problema de la sed. El 11% de la población mundial posee el 88% del agua potable; 80 países, empero, viven en continua penuria: millones de personas padecen grave escasez del agua potable, alrededor de 2 millones no tienen acceso a ella y 5 millones de personas mueren anualmente por enfermedades relacionadas al uso del agua contaminada.

Algunos científicos sostienen que no se debe relacionar cualquier evento meteorológico al cambio climático. António Guterres, Secretario General de la Naciones Unidas, a su vez, afirma que “el cambio climático es, simplemente una amenaza existencial para la mayoría de la vida en el planeta incluyendo especialmente, la vida de los seres humanos”. Asimismo, sostiene que la cantidad de desastres naturales casi se ha cuadruplicado en los últimos años.

México no está al margen de esta problemática. Estamos observando graves inundaciones en varias ciudades importantes del país, independientemente de los daños que causó el huracán Ferdinand. El agua en el Cutzamala ha disminuido un 10% y esto repercutirá de modo importante en el abastecimiento de la Ciudad de México. No obstante, se sigue tirando la basura en las calles y se continúa desperdiciando, en buena parte de la población, tan vital líquido. Ante el pronóstico de que en veinte años disminuirá en una tercera parte la dotación de agua en el mundo, deberíamos esforzarnos seriamente para evitar el desperdicio y el despilfarro de este líquido tan indispensable para la vida.

Relacionado con esto, y en parte como solución, se debe cultivar la ecológica económica, social y cultural, así como su repercusión negativa en la vida cotidiana con el consumismo, el déficit de viviendas, el transporte caótico, la drogadicción y el desprecio de la vida. Esta preocupación debe extenderse a pequeñas, pero significativas acciones: la cortesía en la conducción de vehículos, el respeto por los bienes y la libertad de los demás, sobre todo, a la valoración de la vida humana.

Lo anterior nos lleva a preguntas más directas y dramáticas ¿para qué estamos en este mundo?, ¿para qué vinimos a esta vida? ¿cuál es el sentido de nuestro trabajo? ¿por qué luchamos y nos afanamos? ¿la tierra nos necesita? Estos cuestionamientos nos conducen al sentido de nuestra dignidad, nuestro valor como personas, el precio de lo que no tiene precio. Nos enfrentamos a una profunda crisis, que no solo tiene sentido negativo sino también de purificación (del sánscrito krik) que nos impulsa a la superación de las dificultades en nuestro paso por esta tierra.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.