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Fratelli tutti: amistad social

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Fratelli tutti: amistad social

16/10/2020

La reciente Carta Encíclica del Papa Francisco es de enorme actualidad. Se proclama un amor sin fronteras, una fraternidad abierta a todo el mundo, fraternidad en todas sus dimensiones y desde luego, en la amistad social, a la que aludía Aristóteles “filia politiké”.

Este documento está inspirado en la actitud del “<” de Asís que apreciaba tanto a la hermana agua, como con mayor razón, a sus hermanos pobres, enfermos, abandonados y marginados. Más allá de las fronteras geográficas, culturales y religiosas su ideal de amor y paz superaba las banderas ideológicas, políticas y sociales: visitó al Sultán Malik-el-Kamil en Egipto, en tiempo de las cruzadas. Sin perder la identidad de su fe, con humildad evitó confrontaciones, contiendas y agresiones. Rechazó todo tipo de guerra, aun lo que actualmente designamos como “guerra fría”, y asimismo el indoctrinamiento religioso. Francisco se incorporó a la guerra entre Asís y Perugia y padeció la cárcel, pero de allí salió decidido a sembrar la paz y la armonía.

La amistad social es también el centro de las preocupaciones del Papa Francisco, y nos invita a creyentes y no creyentes, a asumir a fondo esta actitud: la presente reflexión del Papa es fruto del diálogo con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb.

Nadie puede vivir la vida aisladamente, requerimos la ayuda de los demás, que nos aliente en la aventura de luchar por un mundo mejor. Es cierto que en el siglo pasado se han intentado tratados, uniones económicas y políticas, en varias partes del mundo, pero las sombras de un mundo cerrado han roto en gran parte estas aspiraciones. En el documento que comentamos, brilla de modo especial la parábola del buen samaritano, que se inclina ante el herido, se preocupa por curarlo y por su rehabilitación plena. En esta parábola se refleja la humanidad de todos los tiempos: todos hemos sido de algún modo heridos, vulnerados, también vulneradores, agresores, y quizá con cierta frecuencia pasamos de largo, vivimos la indiferencia, pero finalmente, superados esos dos aspectos negativos deberíamos tener siempre presente la actitud del buen samaritano, que siendo de otra nación y de otra religión, es el verdadero prójimo, próximo al que sufre y está herido y ejercita profundamente la compasión.

Un punto central de la Encíclica es la amistad política. La política frecuentemente es considerada algo deleznable, sucio, corrupto, o al menos centrada sobre todo en el mercado, el afán de lucro. El papel central de la política, el cuidado de la polis, debe estar enfocado al bien común, basado en la igualdad, no en todos los aspectos, sino en lo esencial del ser humano: sus derechos, sus deberes y su dignidad. En este aspecto se subrayan dos palabras, acogimiento y apertura.

Estas actitudes suponen el amor a la propia cultura, al propio país, para de allí abrirse a otras culturas, a otros países, a otras religiones. En este punto se alude de modo especial a los migrantes y se utilizan cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. En concreto, “la cultura de los latinos, -lo proclama el Papa- es un fermento de valores y posibilidades que pueden hacer mucho bien a los Estados Unidos”. (FT 135).

Todos debemos contagiarnos de ese sueño de conocer y reconocer la dignidad del otro, ser artesanos de la paz, cultivar en la vida diaria la amabilidad, la benevolencia, el perdón y la armonía en la vida privada y en la pública. El Papa Francisco nos advierte sobre los grandes peligros del populismo: “hay narcisismos localistas que no son un sano amor al propio pueblo y su cultura” (FT 146). […] “Otra expresión de la degradación de liderazgo popular es el inmediatismo. Se responde a exigencias populares en orden a garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y creatividad”. (FT 161). En suma, es importante “no caer en una política social hacia los pobres, pero nunca con los pobres, nunca de los pobres.” (FT 169).

Finalmente, el Papa propone que se realicen reformas profundas de las Naciones Unidas para que, de acuerdo a su Preámbulo y a los primeros artículos de su Carta Constitutiva, promuevan la soberanía del derecho, y que mediante la justicia se obtenga el ideal de la fraternidad internacional. (FT 163).

Estas reflexiones no pretenden ser exhaustivas, sino que aspiran a aportar algunas sugerencias para vivir plenamente la fraternidad, sin eliminar ni ignorar a nadie. Es apremiante y de capital importancia soñar en este mundo mejor, más humano, más fraterno, contagiar de este sueño a los demás y proponernos firmemente hacerlos realidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.