Algunos antídotos contra la violencia
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Algunos antídotos contra la violencia

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Algunos antídotos contra la violencia

16/03/2018
Actualización 15/03/2018 - 23:29

La proliferación de la violencia es sin duda uno de los más graves problemas que agobian a nuestro país. El número de asesinatos, violaciones, extorsiones, asaltos, agresiones viales, etc. crecen de modo rampante. ¿Qué líneas de solución debería implementarse ante esta creciente ola de agresividad y violencia?

Ante todo, conviene precisar que los conceptos de violencia y agresividad son casi sinónimos y ambos presentan cierta ambigüedad, excepcionalmente no siempre tienen aspectos completamente negativos. No vamos a referirnos a estos casos excepcionales, sino a las actitudes destructivas, que minan la armonía y la paz de la sociedad.

Conviene advertir, además, que tanto la violencia como la agresividad son fenómenos muy complejos que deberían abordarse de modo interdisciplinar. Así, por ejemplo, los “maestros de la sospecha” postulan diversas visiones de la violencia. Para Marx, la violencia, mediante la lucha de clases, sería un parteaguas de la historia. Freud, bajo la influencia de su discípulo A. Adler, admitió que además del instinto sexual, “libido”, existe el instinto innato de la agresividad. En su libro El malestar de la cultura escribió: “la tendencia a la agresividad es una disposición innata, independiente e instintiva del hombre, que constituye el obstáculo más difícil opuesto a la cultura”. Nietzsche, a su vez, sostiene que la violencia es una clara manifestación de la “voluntad de poder”.

Ahora bien, desde supuestas bases científicas, los estudios de K. Lorenz (On aggression) y de R. Ardrey (The territorial imperative), causaron mucho impacto. Según ambos autores, no sólo los seres humanos poseen un fuerte impulso innato agresivo, sino la especie humana sería la que de modo más cruel y devastador utiliza la violencia contra sus congéneres.

Si lo anterior fuera cierto, habría que considerar como normal el clima de violencia que vive el género humano. Ese sería nuestro fatal destino, ante el que nada podríamos hacer. Sin embargo, muchos expertos sobre nuestro tema, han criticado duramente las teorías de Lorenz, Ardrey y seguidores. Así, Stanislav Andresky desde el punto de vista histórico (Orígenes de la guerra) y Sally Carrighar acusan a Lorenz de que sus deducciones parten de una base científica muy débil. Lo mismo sostiene Calhoun, M. Cook y otros.

Con todo, quizá nadie como el psicólogo humanista Erich Fromm y su equipo han estudiado del modo más penetrante el problema que estamos tratando, en El corazón del hombre y Anatomía de la destructividad, en ellos se hace una tipología de la violencia y ofrecen algunas pistas de solución: a) Luchar contra las estructuras agresivas, ya que existe una violencia institucionalizada como lo denunciaba Helder Camara en su Espiral de la violencia: “el egoísmo de ciertos grupos privilegiados encierra a multitud de seres humanos en una condición infrahumana”; b) Fomentar la ternura familiar: Rof Carballo en su libro Violencia y ternura, sugiere que se vaya a las raíces de la violencia en sus más profundos recovecos, y para ello rehabilitar la importancia de la familia y sus valores de respeto, amor y ternura, como forma de educación básica; c) S. Palmer (La prevenzione del crimine) habla sobre la necesidad de una profunda reforma de la escuela que cultive la educación en valores. Además, habría que profesionalizar a la policía (no permitir cateos sin orden judicial) y emprender una reforma a fondo del sistema judicial y penitenciario; d) Propiciar el que los medios de comunicación, prensa, cine y televisión no fomenten la violencia. En cambio, promover el deporte y frenar el crecimiento desmedido de las megalópolis: crear en ellas espacios que fomenten el retorno a la naturaleza (una sugerencia concreta sería que el actual terreno de la SEDENA, en Santa Fe, no se venda a inmobiliarias). Asimismo, organizar el tráfico y educar en la cultura que disminuya la violencia vial.

Todo lo anterior debe estar inspirado como lo sostienen Teilhard de Chardin y Erich Fromm (El arte de amar) en el amor, como la fuerza más universal y explosiva para el progreso de la humanidad. Completar e implementar estas sugerencias de soluciones, deberían ser una tarea primordial de los candidatos a la presidencia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.