'La batida', tradición maya de campesinos
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'La batida', tradición maya de campesinos

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'La batida', tradición maya de campesinos

27/05/2020
Actualización 27/05/2020 - 15:00

En la época de sequía, cuando las hojas crujen al pisarlas, cuando el color café del venado cola blanca se camuflajea con las hojas secas de la selva maya, es cuando los campesinos mayas, por tradición milenaria, se reúnen para ir a 'La batida'.

Antes del amanecer, de que salgan los primeros rayos del Sol, los hombres de campo, con sus botas de plástico, sus escopetas, sabucanes o morrales y machetes, son convocados con el silbido a dos manos, que simula el canto de un pájaro.

Todos llegan al punto de encuentro, hasta los perros, los criollos o malixes que acompañan a sus amos a la Milpa, y que saben que esas botas, esa escopeta y ese silbido es porque es día de caza.

La batida es una tradición milenaria, la realizan en épocas de sequía, antes de que la hembra esté preñada y que tenga a sus crías.

La actividad está prohibida. Por ley el venado cola blanca es de las especies en peligro de extinción y de ser de las especies que más abundaba en la región se fue perdiendo.

Los propios hombres de campo reconocen que ya no hay venado como antes, hubo quienes se dejaron llevar por el dinero, cazar para ganar dinero, cazar por atraer a turistas, cuando las batidas son una tradición, un momento de reunión, de convivencia entre los hombres de campo.

Existen Normas Oficiales que protegen al venado cola blanca, se prohíbe su caza, pero también la comercialización y aquellas escenas de carretera en Yucatán de ver a los hombres de campo con los brazos en alto vendiendo el venado a pie de carretera ya no son visibles.

Sin embargo, las batidas se realizan, se siguen practicando como una actividad arraigada, cultural, de tradición.

Son momentos de salir en grupo, de viajar juntos al monte, a la selva maya, de seguir las instrucciones del líder cuando diga quiénes harán batida, es decir el primer barrido de la zona y quiénes irán hacia el sentido contrario, hasta encontrarse en el camino.

Es riesgoso hasta para los hombres de campo y por eso innumerables muertes se dan en las batidas: “lo confundió con un venado y murió de un tiro”.

Se eligen zonas de barrido, un grupo hace el barrido hacia la izquierda y el otro hacia la derecha, hasta encontrarse.

El conocimiento de la selva de los hombres de campo es extraordinaria, detectan las huellas, el tiempo en que pasó por ahí el venado, e incluso si es macho o hembra.

Se hacen silbidos para decirle al compañero que sus pisadas no son las del venado y que no dispare.

A veces se realizan hasta tres batidas y en ninguna cazan, y otras en la primera lo logran.

Ese venado se lleva a la comunidad, donde las mujeres ya tienen preparado todo para que se entierre lo que les toque a sus hombres.

El que dispara tiene una mejor pieza, todo se reparte y finalmente se hace 'pib' se entierran y se prepara el 'tzic de venado' un platillo especial y único.

Se come en momentos especiales del pueblo o de la familia.

La convivencia de los mayas con el venado ha sido por años parte de su cultura, como lo es la Milpa, como lo son las abejas, como lo es solar y la cocina con leña o enterrada.

La demanda del venado a nivel comercial y la necesidad económica distorsionaron en algún momento parte de la cultura y tradición.

En papel, como muchas normas y leyes, se prohíbe la cacería del venado cola blanca.

En la realidad, es una tradición maya que sigue viva, que pocos llegarán a ver, porque es única de los pueblos y que saben que es perseguida por Profepa, así que guardan celosamente sus fechas, sus momentos.

Existen en Yucatán UMAS de venado cola blanca, donde se permite la cacería y de donde se proveen restaurantes reconocidos para ofrecer los ricos platillos yucatecos de venado.

Las cartas de los restaurantes suelen demostrar que preparan venado certificado, capturado legalmente.

Y en los pueblos también siguen comiendo venado, cuando celebran hechos de mucha relevancia para la comunidad, así como la preparación de su carbón y de su leña, que es otra historia para contar en otra entrega, porque en las leyes y normas, también está prohibido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.