Energía y agroindustria
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Energía y agroindustria

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Energía y agroindustria

03/12/2019

Casi un año después de que la Cervecería Modelo en Yucatán presentara, a través de un tercero, el proyecto de tener su propio parque solar para generar energía eléctrica, la Semarnat les dio la negativa.

Los argumentos son afectaciones a la vida silvestre, a la vegetación e incluso al manto acuífero y la conexión del Anillo de Cenotes, así como el impacto a los pueblos indígenas que circundan la zona.

Fue el 30 de noviembre de hace un año (en 2018) que se presentó en las oficinas de la Semarnat en Ciudad de México el proyecto Parque Fotovoltaico Oxcum–Umán, por parte de la empresa SUMAN, SAPI de CV.

La propuesta era que el parque tuviera interconexión con la CFE en Ciudad Caucel y la Cervecería de Grupo Modelo en Hunucmá.

El proyecto era conformar una planta de generación de energía eléctrica por medio de 499 mil 200 paneles fotovoltaico, que generarían electricidad y se tendría que construir una nueva subestación transformadora que conectaría en “la SET CAUCEL de CFE, ubicada en Ciudad Caucel”, así como otra línea hacia el “predio de grupo Modelo, ubicado en la carretera Mérida–Hunucmá”.

La superficie total del proyecto era de 300 hectáreas, ubicadas en Oxcum, municipio de Umán, y el objetivo era realizar una instalación que generaría el máximo de energía eléctrica para luego venderla.

El 28 de noviembre de este 2019, la Semarnat resolvió, tras el análisis y recomendaciones de terceros, que no es conveniente realizar el parque solar, porque pone en riesgo la fauna, la vegetación, así como las corrientes subterráneas de agua y también a las comunidades aledañas, que son pueblos mayas que se niegan al proyecto, en defensa de sus derechos.

El proyecto solar no parecía descabellado desde el punto de vista empresarial, ya que las tarifas eléctricas en la industria y el comercio han ido al alza y la promesa de que bajarían son cada vez más lejanas, a pesar de que la voz oficial dice que ya “casi llega” el gas natural del nuevo ducto marino y la redirección desde Veracruz a la Península.

Sin embargo, las voces de las comunidades mayas, de sus abogados, así como de los investigadores, se han hecho escuchar y participan activamente en los análisis de las propuestas que ingresan las empresas.

Es así que la propuesta del parque solar para la Cervecería Yucateca recibió con puntualidad los argumentos legales y ambientales por los que este parque solar y la subestación eléctrica no debían realizarse, razones que llevaron a la Semarnat a negar el Manifiesto de Impacto Ambiental.

Incluso hasta se evidencia en el resolutivo que el alcalde de Umán no ha emitido permiso alguno, ya que solían ser los primeros en ser 'convencidos' de dar los permisos y con ellos en la mano, era muy difícil echar atrás un proyecto, aunque hay casos excepcionales como el de la granja porcícola en Homún, que a pesar del permiso municipal, está suspendida por orden judicial.

Las voces se han hecho escuchar, lo cual es válido y antes no ocurría.

Lo cierto es que hay un problema de abasto, tanto de gas natural como de energía eléctrica, y ambos energéticos están ligados.

CFE en Yucatán depende del gas natural para producir energía y el estado no recibe el suficiente gas natural, ni para producir energía, ni para su creciente industria.

Sin gas natural, hay energía cara y las propuestas de energías limpias como la solar o la eólica se vuelven una solución.

Sin embargo, Yucatán tiene riquezas naturales, un suelo excepcional que no se ciñe a ninguna de las normativas o definiciones nacionales, tiene un suelo kárstico, poroso, rocoso, no cuenta con montañas, sino con corrientes subterráneas que se interconectan y llegan al mar.

Todo ello genera una atmósfera animal y vegetal única que convive con los mayas que habitan el Estado, con pueblos indígenas que tienen derechos y que se han organizado para ser escuchados y cuentan con respaldo legal para ser tomados en cuenta.

Ambas realidades son válidas y respetuosas.

El reto es saber cómo compaginarlas, cómo entrelazarlas, cómo convivir, cómo seguir siendo un estado en desarrollo, creciente y con industria, con turismo, con comercio, con construcción y respetando la biodiversidad, así como a las comunidades mayas.

El caso del parque solar de la cervecería no es un caso aislado, hay otros proyectos que responden a la necesidad de generar energía y que han sido autorizados, pero con condicionantes.

Ese es el caso del parque solar en Campeche, ubicado en la carretera federal de Carmen a Villahermosa.

Son casi 766 hectáreas y la Semarnat les dio el sí, siempre y cuando la Sener realice las consultas indígenas pertinentes, y hasta que tenga la aprobación de las comunidades mayas, entonces podrá edificarse.

Y hay otro proyecto en Campeche que está en análisis; se trata de 757 hectáreas para un parque solar de casi 633 mil paneles solares y que seguramente recibirá las opiniones de los expertos en medio ambiente y de las comunidades mayas.

El que sí obtuvo la luz verde fue la empresa Empaques Nova, en Umán, Yucatán.

Les dieron el sí para una planta cogeneradora, que a través del gas natural, generará el vapor para producir energía.

Esta empresa forma parte del nuevo corredor industrial ubicado en la Mérida-Hunucmá y es vecina de la cervecería yucateca.

Su reto será confiar a que llegue la promesa del gas natural, de la redirección de Cempoala, Veracruz, o que se modernice el Puerto de Altura en Progreso y llegue por barco.

Soluciones y consensos, ése es el reto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.