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Revoltijo de ideas

21/02/2018
Actualización 21/02/2018 - 11:31
columnista
Valeria Moy
Peras y Manzanas

Empezó el periodo intercampaña, un periodo extraño en el que los candidatos están en campaña, pero no pueden hacer campaña, pueden dar entrevistas, pero no juntos, pueden proponer, pero no llamar al voto. Un bicho extraño de nuestro sistema electoral. Tratando de ver el vaso medio lleno, podemos considerarlo un periodo que invita a la reflexión.

Hemos visto que la diferencia entre los partidos de derecha, de izquierda y de centro se hace cada vez más tenue. La izquierda unida con la extrema derecha, la derecha pegada a la izquierda, los radicales seguidores del régimen norcoreano aliados de aquél que todo lo perdona, el centro —que más que centro es como un plasma— moviéndose entre ideas y plataformas, como siempre lo ha hecho. Pero independientemente de la ideología que pregonen podemos ver algunas propuestas que, por decir lo menos, llaman la atención.

La candidata por Morena, Claudia Sheinbaum, anunció en actos de precampaña que acabaría con las fotomultas. Lo mismo ha dicho Mikel Arriola, el candidato del PRI, quien no sólo acabaría con las fotomultas, sino también con los parquímetros.

Desde mi óptica, la Ciudad de México está rebasada en varios temas, pero considero que la implementación de las fotomultas, para verificar la aplicación de los límites de velocidad, ha sido un acierto. Los límites de velocidad han existido desde que recuerdo, pero pocos les hacían caso. El sólo hecho de saber que hay un radar cerca y que existe una posibilidad real de que te multen y te llegue una foto tuya excediendo la velocidad permitida como evidencia, cambia radicalmente los incentivos. Hoy la gente está consciente de los límites de velocidad, de que hay radares y de que puedes hacerte acreedor a una sanción. Se han evidenciado los riesgos, para uno y para terceros, cuando se rebasan.

Los parquímetros, por otro lado, han ordenado el uso de la vía pública. Hay quien se molesta diciendo que la vía es pública y que por ende no se debería cobrar por estacionarse en ella, confundiendo público con gratis. Otros dicen que no han acabado con los franeleros que se siguen adueñando de las calles. En una metrópoli como la Ciudad de México hay que ordenar las vías y limitar el uso de vehículos particulares favoreciendo el transporte público. Tanto las fotomultas como los parquímetros ayudan a ordenarla. No dudo que su operación necesite revisarse. Pero una cosa es mejorar los procesos y otra es eliminarlos. Mal hacen los candidatos que presumen su preparación académica al tiempo sugieren políticas tan irresponsables.

En ese contexto, escuché la propuesta de José Antonio Meade de crear el Registro Único de Necesidades de Cada Persona. Sin conocerlo, pero al escuchar el nombre, me sonó casi a una broma, incluso a una forma de hacer populismo personalizado. Liste usted sus necesidades que aquí estamos nosotros —el gobierno— para satisfacerlas. Me pareció tan extraño que me interesó conocerlo más. Si bien el programa no está aún del todo claro, puede llegar a ser interesante.

La idea surge a partir de la política social actual, en la que además de apoyos monetarios, se suelen dar apoyos en especie. Gran parte de los programas sociales que hoy existen son paliativos, permiten mejorar la situación de vida actual, pero no rompen el círculo de pobreza de las personas y en muchos casos generan dependencia de los mismos. Sin duda la política social debe ser replanteada. El reto será sacar a millones de personas de esa situación vía cambios permanentes en su ingreso, no a partir de transferencias, sino de cambios más profundos.

Con este programa, se intentará —en teoría— saber qué es lo que realmente necesitan las personas en pobreza, para que puedan salir de la misma. Quizás alguien necesite un crédito, que no podría obtener en el financiamiento bancario tradicional, que podría mejorar su productividad. Tal vez alguien requiera alguna capacitación particular para obtener un empleo en cierta industria. Se reconoce que las necesidades para salir de la pobreza son distintas y atendiéndolas específicamente se podría ser más eficaz para combatirla.

Aún falta conocer los detalles y la estructura del programa. De entrada, para que funcionara, se requeriría la coordinación de agentes que hoy operan de forma separada, como los bancos de desarrollo. No sobra decir que la transparencia y la rendición de cuentas serán fundamentales. Aún no sé si será una buena o una mala idea. Lo que sí es un hecho es que el diseño actual de la política social no está resolviendo el problema de fondo.

Vendrán muchas ideas, más programas y aún más promesas. En este revoltijo, tendremos que aprender a distinguir entre lo sensato y las meras ocurrencias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.