Crónica de una guerra comercial
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Crónica de una guerra comercial

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Crónica de una guerra comercial

25/07/2018
Actualización 25/07/2018 - 11:40

Durante toda la campaña del ahora presidente de Estados Unidos nos lo anunció. Iría tras los acuerdos comerciales que tanto daño le han hecho a su país, según él, y que han permitido que todos se aprovechen de la gentileza de la economía más grande del mundo.

Sugirió por meses replantear el comercio internacional, sin importarle demasiado los acuerdos existentes, para disminuir el déficit comercial que tiene Estados Unidos, que desde su óptica es dañino para la economía estadounidense.

No es la primera vez que Estados Unidos vive una guerra comercial. El caso quizá más emblemático se vivió en los años posteriores a la Gran Depresión, cuando inicialmente se quería proteger a dos industrias, la del azúcar y la de lana, de la amenaza que representaba la manufactura. Después de las consultas, se impusieron aranceles a 800 bienes. La ley Smoot-Hawley ocasionó, como era de esperarse, que los países afectados tomaran represalias. Las consecuencias fueron terribles para la economía estadounidense y para muchas otras.

Para prevenir que se repitieran casos similares, las funciones que antes tenía el Congreso se pasaron al presidente, sin prever lo que podría suceder con un presidente como Donald Trump.

Trump echó a andar sus promesas proteccionistas de campaña el 22 de enero de este año cuando impuso aranceles a los paneles solares y las lavadoras. Semanas después anunció tarifas de 10 y 25 por ciento al aluminio y al acero, respectivamente. En el anuncio formal se invocó la sección 232 del Trade Adjustment Act de 1962 que alude a la posibilidad de imponer aranceles por motivos de seguridad nacional. El artículo está pensado para situaciones críticas, como guerras o desastres naturales, ni remotamente cerca de lo que hoy vive Estados Unidos.

Es sólo una excusa para brincarse las disposiciones contenidas en los tratados comerciales y en las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Inicialmente, se eximió a México y a Canadá de los aranceles supuestamente como consideración por el TLCAN, aunque más bien sería una herramienta de presión en la negociación del mismo.

A principios de abril, China tomó medidas retaliatorias en respuesta a los aranceles estadounidenses. El monto comprendido fue de tres mil millones, la misma cantidad en la que se vio afectada por Estados Unidos, en 128 bienes, incluyendo carne de cerdo, frutas y nueces.

El 18 de mayo, la Unión Europea anunció que tomaría medidas similares y presentó una lista de bienes que serían gravados, incluyendo el whisky y motocicletas Harley-Davison, sumando un total de 7.1 mil millones de dólares. Algunos de estos aranceles empezaron a operar en junio.

El primer minuto del primero de junio se agotó la exención que se le había dado a México y a Canadá. Como consecuencia, Canadá impuso aranceles por 12 mil 800 millones de dólares en diferentes bienes y México hizo lo propio gravando bienes estadounidenses, incluyendo manzanas, quesos, arándanos y carne de cerdo, por un monto de tres mil millones de dólares.

Para ese entonces, la renegociación del TLCAN había llegado a una pausa debido a las elecciones en México, pero el proceso había sido complicado con demandas absurdas de Estados Unidos a las que México y Canadá se oponían por ser contrarias a los principios del libre comercio.

Fue cuando el foco migró a China, que estaba también en un proceso de negociación comercial. Mientras las pláticas se estaban llevando a cabo, Estados Unidos (EU) anunció aranceles a bienes chinos que entrarían en vigor el 6 de julio, como sucedió.

China, como era de esperarse, respondió con aranceles por la misma cantidad, 50 mil millones de dólares que entraron en vigor al mismo tiempo que los de EU. En una jugada subsecuente, EU inició consultas para poner aranceles por otros 200 mil millones de dólares a bienes chinos, amenazando a China que de aplicar medidas retaliatorias. Iría por 200 mil millones adicionales.

Recientemente, EU demandó a México, Canadá, Turquía y la Unión Europea ante la OMC argumentando que los aranceles que éstos impusieron son ilegales, mientras que los impuestos por EU se justifican bajo el argumento de la seguridad nacional.

En medio de estos ires y venires comerciales, Estados Unidos, México y Canadá pronto reanudarán la renegociación del TLCAN, empezando mañana con una reunión bilateral entre los dos primeros.

Si bien veo poco probable alcanzar un acuerdo en este año, hay voces que señalan que sí es plausible hacerlo en noviembre, antes del cambio de administración.

El proteccionismo que empezó con 18 bienes, hoy ya rebasa los 10 mil. Los efectos ya llegaron a los agricultores estadounidenses, al grado de que la administración de Trump ya anunció apoyos por 12 mil millones de dólares al sector –medida que se podría haber ahorrado de no haber iniciado el conflicto–. Pronto llegará el impacto en precios y en crecimiento, afectando a los consumidores.

Aún no sabemos cuántos capítulos tendrá este drama comercial, pero suena a que la historia apenas está comenzando.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.