Buscando la prosperidad
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Buscando la prosperidad

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Buscando la prosperidad

22/08/2018

¿Por qué no crece México? O más bien, ¿por qué no crece lo suficiente para lograr mejoras en la vida de los mexicanos? ¿Qué receta no estamos siguiendo o cuáles son los ingredientes que estamos mezclando mal? Santiago Levy, en su libro ‘Esfuerzos mal recompensados: la elusiva búsqueda de la prosperidad en México’ publicado por el BID, hace un análisis profundo sobe el tema.

La respuesta, anticipo, no será sencilla. Las recetas usuales de crecimiento no serán suficientes para detonar una dinámica favorable en este país. Mejorar la educación, aumentar la infraestructura, lograr un mejor Estado de derecho sin duda contribuirán a que las cosas mejoren, pero probablemente estemos sobrestimando su impacto. Levy muestra cómo ha habido algunas mejoras en la educación. Estamos lejos de alcanzar niveles comparables con economías desarrolladas, pero las tendencias han mejorado, algo de camino ya se ha andado. Pasa algo parecido con la infraestructura. El país dista de tener una infraestructura óptima en casi cualquier área, pero ha habido mejoras. Sin embargo, la anhelada senda de crecimiento sostenido simplemente no llega. La prosperidad se nos escapa.

Levy sale de estos lugares comunes y profundiza en la arquitectura de las relaciones laborales, el marco fiscal y las condiciones de mercado, y explica, siempre con datos y con evidencia, cómo es el entorno bajo el que las empresas operan en el país.

En palabras de Levy, quizás se ha cuidado mucho la macroeconomía, pero se ha descuidado la microeconomía, refiriéndose al papel que juegan los incentivos en la conducta de las personas y de las empresas. Durante la presentación del libro ayer, utilizó un ejemplo extraído de la Odisea.

México se parece a Penélope, la esposa de Ulises, quien para alejar a sus pretendientes mientras esperaba el regreso de su marido, durante el día tejía una manta que destejía durante la noche, y al no terminarla nunca, no se casaría con ninguno de ellos porque habría prometido que sólo lo haría cuando terminara la manta. México teje durante el día algunos avances —mejoras a la competencia, cambios educativos, acuerdos comerciales—, pero durante la noche desteje lo avanzado con políticas que distorsionan los incentivos.

En particular, Levy hace énfasis en la formalidad e informalidad y sus vínculos con la productividad. La forma en la que se asignan los recursos en el país, básicamente capital y trabajo, dista de ser óptima. El marco laboral permite que haya trabajadores asalariados y no asalariados, que a su vez pueden recibir (o no) las prestaciones derivadas de la seguridad social. Los asalariados las deberían de recibir por parte de sus empleadores y si no lo hacen, las empresas caen en prácticas ilegales. Pero puede también haber trabajadores no asalariados, que reciban su compensación de acuerdo a proyectos, a ventas, a desempeño, y tener prestaciones de seguridad social no derivadas de su relación laboral. Esa distorsión es relevante. Los incentivos están alineados a que aumente la informalidad, porque esquemas como el seguro popular o el seguro para adultos mayores la subsidia.

De acuerdo a Santiago Levy, y es difícil discrepar con la evidencia, en México existen incentivos al trabajo informal (que no paga cuotas a la seguridad social) y se castiga —mediante altas cargas fiscales— la formalidad. Con la regulación laboral, fiscal y de mercado que tiene el país se ha procurado que la asignación de los recursos a sus actividades más productivas sea profundamente ineficiente. También muestra que la situación ha empeorado con el tiempo. Cada vez hay más recursos dedicados a empresas informales y poco productivas.

Además del marco regulatorio laboral, Levy analiza el tamaño y la creación y destrucción de empresas. Los resultados son reveladores, aunque quizás no sorprendentes. Hay una enorme rotación de empresas. Surgen pequeñas empresas y mueren pronto. Pero las que surgen después no son más productivas ni dan pie a procesos de “destrucción creativa”, donde se destruye lo ineficiente y poco productivo para crear algo mejor. En México, se da la creación destructiva. Mueren empresas que bajo otro marco legal podrían haber sido productivas y sobreviven empresas que no son ni eficientes ni productivas, pero que el entorno y el marco legal les permiten mantenerse.

Suena complicado. Lo es. Levy muestra que no hay recetas fáciles para alcanzar la prosperidad. No bastará con sembrar árboles, ni con aeropuertos nuevos, ni con trenes mayas, tampoco incrementando la matrícula escolar, ni los años de estudio. Retomando la analogía de Penélope, no bastará con comprar más estambre o pintarlo de colores, habrá primero que desenredar la madeja, acomodar los hilos, pensar qué se va a tejer y cómo, para luego poder empezar. ¿Quién se anima?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.