¿Estar vivo es un placer?
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¿Estar vivo es un placer?

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¿Estar vivo es un placer?

27/11/2018
Actualización 28/11/2018 - 14:48

Muchos pacientes sienten culpa de buscar las cosas que les dan placer para hacerle contrapeso a la dimensión dolorosa de la vida, por estar exageradamente atados a la responsabilidad. Algunos creen que su vida es la más difícil y la que más duele. Esta evaluación sobre qué tanto sufrimos es claramente subjetiva y tiene que ver en parte con las restricciones innecesarias que afrontamos durante el desarrollo. Por ejemplo, familias en las que el juego, el ocio o la sexualidad, eran vistas como algo negativo o pérdida de tiempo o amenazas para la moral.

Los límites del placer disponible varía mucho entre personas. Algunos no se permiten pasarla bien, otros están obsesionados con los estados alterados de conciencia durante los cuales sienten placer. Cuando maduramos entendemos las consecuencias de haber deseado ciertas cosas en la juventud. A veces logramos lo que queríamos y no fuimos felices. A veces esperábamos ciertas cosas que nunca ocurrieron y que nos hicieron sentir derrotados. Quizá heredamos deseos de nuestros padres o de la cultura y no tuvimos la valentía de expresar nuestro propio punto de vista y desear aquello que nos acercara a lo que la intuición sabía.

A veces nos refugiamos queriendo lo que la mayoría quiere: pareja, hijos, dinero, viajes, 'éxito'. A veces nos hundimos en narraciones de derrota y nos quedamos ahí por un buen rato. Todo el tiempo fluctuamos entre el deseo de éxtasis y emoción, estados intermedios o la resignación y el letargo frente a la vida.

Muchos deciden no confiar en los otros y rechazan los vínculos con casi todas las personas porque perdieron la fe en algún punto del camino. Los vínculos, además de compromisos de reciprocidad, deberían ser en buena medida placenteros. Es muy difícil continuar en una relación que sea (incluidos los hijos) solo frustrante, agresiva, con pocos espacios para la empatía y la expresión de cariño.

El placer nos mantiene vivos, nos permite seguir adelante y nos ayuda a creer que la vida vale la pena, aunque los adictos al trabajo ven al placer como un mal necesario que tienen que agendar solo para no perder a la gente que los ama.

Beckett decía que no había cura para nuestra existencia en la Tierra. Algunos filósofos han querido escapar del sinsentido con nihilismo (incapacidad para querer el mundo), con cinismo (incredulidad sobre la bondad y la belleza) y otros se convencen de que están vivos para convertirse en una “mejor versión de sí mismos”. Todas estas posturas aunque distintas, intentan huir de la pregunta más difícil de responder: ¿Estar vivo es un placer?

Una vida que siempre puede ser mejor nunca será suficiente. Siempre se deseará más de uno y de lo que los otros pueden dar. Se llama perfeccionismo moral. Hay que decidir entre vivir peleado con la vida o disfrutar lo que hay. Algunas aspiraciones solo nos humillan porque son inalcanzables. Podríamos intentar el balance entre dolor y placer, sinsentido y sentido, y dejar de esperar a que llegue algo mejor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.