Un paladín de la libertad religiosa
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Un paladín de la libertad religiosa

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Un paladín de la libertad religiosa

09/02/2018
Actualización 08/02/2018 - 22:07

Por Víctor Manuel Pérez Valera*

Entre los cientos de cambios que ha sufrido nuestra Constitución uno de los más notables, aunque de modo imperfecto, es el de las relaciones Iglesia-Estado. Uno de los más importantes inspiradores de estos cambios, que acaba de tener un homenaje en la Universidad Iberoamericana, es el Dr. Raúl González Schmal, destacado constitucionalista y paladín de la libertad religiosa. El currículo del Dr. González Schmal es impresionante: 342 participaciones en foros, conferencias, mesas redondas, cursos y diplomados; 80 trabajos publicados, 18 reconocimientos y 9 participaciones en consejos editoriales de revistas. Entre sus libros destacan El Derecho eclesiástico mexicano. Un marco para la libertad religiosa, y La Libertad religiosa en el convenio europeo de los derechos humanos, ambos de Editorial Porrúa. De esta misma editorial es el libro-homenaje Estudios en Derechos Humanos, derecho constitucional y libertad religiosa, de 511 páginas, de 23 reconocidos autores.

Conviene señalar que detrás de este curriculum vitae esta un curriculum oculto: la destacada personalidad de su autor y su modestia, ya que la luz no hace ruido, pero ilumina.

La concepción del derecho en general, y del derecho constitucional en particular del Dr. González Schmal está cimentada en un humanismo integral de inspiración cristiana. En efecto, para nuestro autor, el Derecho Constitucional debe centrarse en la persona humana: “un hecho fundamental en la realidad de la vida humana es que toda persona humana en su vida tiene una dimensión jurídica, lo cual significa que el aspecto jurídico es inseparable de la persona y de la vida humana. Esta persona tiene una dignidad eminente –por haber sido creada a imagen y semejanza de su Creador-. Por consiguiente, la dignidad humana es el punto de partida de la comprensión del derecho constitucional, es como una premisa antropológico-cultural del estado constitucional”. Lo anterior supone que el estado está al servicio de la persona humana y no al revés. Afirmación que sin duda está inspirada en el gran filósofo Jacques Maritain.

Sobre la esencia de la libertad religiosa vale la pena transcribir una original síntesis de nuestro autor: “El alfa y el omega (fuente y síntesis) de los derechos humanos es el derecho a la libertad religiosa, que históricamente es el primer derecho reconocido internacionalmente, y que tiene su fundamento en la inmunidad de conciencia, porque es ahí –en la conciencia– donde se decide la opción fundamental del hombre, que le va a dar sentido a su existencia, porque el acto de fe o es libre o no es un acto de fe. ‘Nadie puede ni debe ser obligado a creer’, decía San Agustín.

Lo anterior, no significa que este derecho incurra en el relativismo moral ni exima al hombre de su obligación moral inexcusable de buscar la verdad, sino simplemente que, por una parte, la verdad no puede imponerse por medios coactivos, y por otra parte, porque la verdad y el error no son sujetos de derecho; el derecho tiene siempre como sujeto a la persona, lo mismo en la persona que está en la verdad que quien no lo está. No en vano nuestra Universidad tiene como lema que condensa su ser y su quehacer: ‘La verdad nos hará libres’.

Por ello, nadie puede –bajo ningún concepto, sin excepción alguna– arrogarse en nombre de la verdad el derecho de obligar a otro a aceptarla mediante la coacción moral o psicológica o física. Todavía resuenan las palabras de Sebastian Castellio en su Antilibelo contra Calvino, con ocasión de la quema en la hoguera de Miguel Servet, y que podemos dirigir a todas las inquisiciones, de cualquier credo y de cualquier naturaleza: ‘Matar a un hombre por defender una doctrina no es defender una doctrina, es matar un hombre’.

Por ello, hay que insistir incansablemente, la libertad social de la persona respecto de las convicciones fundamentales es derecho del católico, del protestante y del ortodoxo; del judío y del musulmán; del creyente de otras religiones y del incrédulo o ateo. No todos los hombres profesan una religión, pero todos tienen convicciones fundamentales y derecho de ser respetados en la profesión de las mismas”.

El haberle dedicado al Dr. González Schmal el aula de juicios orales y debate constitucional de la Universidad Iberoamericana fue un acto de plena justicia.

*Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.