Tatiana Clouthier

Mireles, Ximena y Salmerón

Si el subdelegado del ISSSTE en Michoacán, José Manuel Mireles, no cuida sus dichos, su salida está a la vuelta de la esquina.

"No hay palabra mal dicha si no fuese mal entendida", dice un refrán popular, y hoy toma fuerza ante la cantidad de comentarios que se vierten en las redes sociales todos los días. Así es: las palabras cobran dado que a partir de ahí se construyen mundos. Sin embargo, la capacidad de escuchar y sobre todo la posibilidad de un verdadero análisis de las palabras por parte de la sociedad se ven afectados ante la cantidad de 'ruido' y la inmediatez de las redes sociales.

En lo que va del año se han presentado casos fuertes de dichos que han tenido repercusiones en la vida pública del país tanto de personajes vinculados a la 4T como a críticos.

Por un lado, estuvo el comentario misógino del actual subdelegado del ISSSTE en Michoacán, José Manuel Mireles, quien por segunda ocasión se expresó inapropiadamente hacia las mujeres. Sabemos que en este país tristemente estas expresiones suceden de forma cotidiana, pero no es lo mismo que lo diga un 'exautodefensa' sin cargo público a un funcionario con un puesto pagado con los impuestos de los mexicanos. Ante los hechos, Mireles tuvo que disculparse y se comprometió a que esto no volvería a suceder.

Si no cuida sus dichos, su salida está a la vuelta de la esquina, y muchos piensan que la disculpa no fue suficiente, sino que debió de renunciar. Tal vez, lo que lo salvó fue el bochornoso episodio del presidente del INE en 2015 en el que hizo comentarios inadecuados sobre los indígenas, pues mediante una "disculpa" salvó su puesto.

Por otro lado, en un comentario parecido a cuando Ricardo Alemán bromeó sobre el posible asesinato del presidente, una piloto de Interjet sugirió en sus redes sociales que deberían tirar una bomba en el Zócalo capitalino al momento del Grito de Independencia para "acabar" con quienes favorecen la 4T. Por cierto, al periodista, su comentario también le costó su trabajo.

Ante los hechos y críticas vertidas, la empresa decidió tomar cartas en el asunto y suspenderla temporalmente. La cuestión es: ¿debió actuar así la aerolínea? Esa es la gran pregunta.

Entremos al tema final del historiador Pedro Salmerón, que para algunos es equiparable al de la joven Ximena.

El director del Instituto Nacional de Estudios Históricos realizó un artículo sobre el asesinato de Don Eugenio Garza Sada. En este, destacaba la labor y personalidad del gran empresario mexicano. No obstante, al hablar del grupo guerrillero que lo asesinó, utilizó la palabra "valientes" que desde el escuchar de cada uno, podría anular la exaltación al regiomontano o exaltar a los guerrilleros.

El grito de una parte de la sociedad no se hizo esperar y el director puso sobre la mesa su renuncia al presidente de la República. Personalmente, creo que nunca un acto delictivo puede asociarse a la valentía, sin embargo, se requiere "valor cobarde" para llevarlo a cabo. Además, el ruido proveniente de las redes sociales anuló la posibilidad de un análisis más profundo y complejo de un evento todavía doloroso de la historia contemporánea mexicana: la guerra sucia de la década de 1970.

Los sucesos recientes nos llevan a la reflexión central: ¿cuándo pierde una persona la 'libertad' de comunicar lo que quiere, desea o piensa si se está en un puesto público o si representa o no la voz de la compañía para la que trabaja?

En el mundo de lo privado lo deberá decidir la empresa, claro, sopesando cuándo se encuentra ante la promoción del discurso del odio y cuándo ante la libertad de expresión. Por otra parte, el empleado, dependiendo de su puesto y exposición, deberá valorar si su comentario puede afectar la imagen de su empresa.

Empero, en el mundo público es más compleja la valoración, pues al ostentar la representación de la sociedad el cuidado por parte del funcionario debe ser mayor. El funcionario ya no tiene la misma libertad para expresarse, pues podría entenderse como la visión de un gobierno, una institución o un partido. Aquí, el cuidado debe ser mayor y más ante la exigencia y vigilancia a la que se está expuesto. Las reglas deben quedar claras que un espacio público y una posición son eso…y no puede verse uno 'faccioso' al momento de expresarse.

Si no se tienen protocolos y líneas claras, el problema estará en la decisión de la presión y las 'redes' y no necesariamente en el deber ser. Morena y el gobierno tienen un trabajo complejo: establecer líneas claras para hacer responsables a los funcionarios de sus dichos, pero sin caer en los linchamientos cada vez más comunes de las redes sociales.

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