La entrevista que cambió una vida
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La entrevista que cambió una vida

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La entrevista que cambió una vida

12/12/2019

¿Cuándo tienes que decir una verdad que te incomoda, a una mentira que te saca del paso, por cual te decides?

Se quedó en silencio por cerca de cinco segundos; no era un momento para quedar bien sino para tener la respuesta que le diera la llave al puesto que estaba buscando.

La charla ya llevaba 45 minutos. “Debo reconocer que no hay mayor cosa que me incomode que decir una mentira, entonces prefiero de los males, el menor: en consecuencia, prefiero decir una verdad”. La respuesta vino acompañada con una mirada serena que intentaba convencer a la entrevistadora más allá de sus respuestas.

Sabía que en las miradas se podían transmitir mensajes subliminales más poderosos que sus propias respuestas.

El puesto por el que estaba luchando, estaba más cerca que nunca, pero con la misma lejanía de siempre. La diferencia ahora, es que había aprendido a desaprender todas las creencias que lo hacían sentirse seguro. Por primera vez, el recurso de la inseguridad se volvió una oportunidad para adquirir realidad, en lugar de soberbia. No estamos educados para enfrentar la incertidumbre porque a cada momento buscamos alimentarnos de certezas basadas en la necesidad de controlar desde escenarios y situaciones hasta personas y organizaciones.

Esperaba preguntas técnicas, o incluso, que le hablaran en francés o alemán para ver su pericia en idiomas.

“¿Frente a un entorno rodeado de personas dispuestas a trabajar el doble de horas o de robots que son capaces de hacer en una décima de segundos lo que tu puedes hacer, cómo generas valor en una organización?” Fue la segunda pregunta de la entrevista que lo pondría en jaque.

“Mi disposición entonces para adaptarme a cualquier entorno por encima de mi experiencia es el único recurso ante esto”.

Años después de haber llegado a ser el director General de su empresa, Daniel se dedicó a enseñar a jóvenes y adultos algo más valioso que la experiencia: la capacidad de adaptarse a nuevos entornos por encima de deseos personales. La profilaxis contra la pérdida de competitividad ya no es la experiencia, sino cómo actuamos en lugar de reaccionar frente a la incertidumbre.

En síntesis, la segunda pregunta de la entrevista que se hace comúnmente en el 2024, plantea ya lo más importante en la agenda estratégica de gobiernos, organizaciones e individuos: cómo continuar creando valor en un entorno; cómo la resiliencia, la adaptabilidad en organizaciones y a la adversidad, termina ya importando más sobre la experiencia.

Estamos viviendo una realidad que ha arrasado velozmente con las más profundas verdades absolutas, instituciones que se pensaban eternas, lógicas y racionales, hoy son más piezas de museo, que tangibles con los cuales se sigan tomando decisiones.

Antes, la propiedad valía más que bienes de uso temporal, ya no. La democracia electoral —en muchos países— está siendo hoy suplantada por la democracia económica; lo que antes era elemental y no tenía costo, hoy es lo que más valor tiene. Hoy, para tener prestigio tienes que tener una identidad que transmita verdad, no poder, eso hace que una opinión se logre viralizar en las redes, más rápido que cualquier noticia. Ya no importa lo que se dice sino quién lo dice.

El éxito de los seres humanos, como de los países, consistirá en aprender a ponderar el valor de la capacidad de adaptarse a la incertidumbre más que darle peso a la experiencia de los conocimientos del pasado.

Estamos educados para actuar frente a las certezas pero no ante los escenarios de la incertidumbre. La experiencia ya no es el factor que hoy necesariamente pesa más sobre la capacidad de las personas, sino la adaptabilidad a los cambios. Millones de puestos de trabajo están muriendo todos los días sin darnos cuenta y de forma silenciosa tantas actividades indispensables para los seres humanos están siendo codificadas en algoritmos y en lógicas de lenguaje por la inteligencia artificial.

Frente al fin de una nueva década y el inicio de otra, la competitividad y la creación de riqueza de hoy, están en la no-negación del mundo cercanísimo del mañana que ya nos acecha y que como diría Huxley, los hechos no dejan de existir aunque se les ignore. Aprender a responder las entrevistas del futuro, pasa necesariamente por olvidar todo lo que pensábamos que habíamos aprendido, y entender que el presente es una yuxtaposición de certezas e incertidumbre cuyas verdades se crean en las intersecciones infinitas y temporales que se van formando.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.