Fierros viejos por mentes nuevas
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Fierros viejos por mentes nuevas

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Fierros viejos por mentes nuevas

30/04/2020

Mientras el mundo va en una espiral de caída económica sin paralelo en la historia de la humanidad, se construyen por doquier agendas de cambio, propuestas colectivas y se reconfiguran nuevas fuerzas y formas de organización, mientras otras están sumidas en la perdición.

Se ha olvidado que la fuente más grande y permanente de riqueza está en las cosas más básicas de nuestra existencia. El Covid-19 ha venido a recordárnoslo. Mientras los fierros se deprecian y el mundo físico se detiene, las mentes y las ideas con valor son el semillero de una nueva realidad y de una economía poderosamente nueva, basada en el regreso a los orígenes de la convivencia humana.

La economía de la especulación está llegando al principio de su final. Los centros de vivienda y trabajo se han vuelto uno. Las distancias y las formas de colaborar están cambiando. Las viejas fórmulas de la economía cada vez resultan menos eficaces y sus resortes cada vez pierden más fuerza. ¿Cómo volver a crecer? Cuando se comprende que el único camino posible para sostener el desarrollo es la productividad y la competitividad, se entiende la fuerza de un ecosistema.

La transformación urbana provoca que las fuerzas más rápidas de cambio generen un entorno humano. Si se coloca la pieza correcta del rompecabezas todo el problema se resuelve.

Cientos de fábricas en desuso con subocupación humana, pueden reforestar la economía mexicana y ser espacio de nuevos motores de productividad: mentes especializadas que crean valor tecnológico saltando la trampa de industrias agonizantes víctimas de la competencia de los costos.

¿Por qué transformar naves industriales en fábricas de software provocarán oleadas de nuevos ecosistemas de competitividad? ¿Cómo la acupuntura urbana puede crear desarrollo regional y crecimiento económico con bienestar?

México debe construir una legión de programadores. El lenguaje más poderoso del crecimiento económico del futuro está ahí. Muchos “jubilados” se reinsertarán a nuevos mercados laborales así. Aprendiendo a desaprender.

Reforestar la industria con tecnología especializada, es parte de construir una nueva vía al crecimiento con desarrollo acelerado.

Por eso, transformar plantas industriales y naves industriales en fábricas de software es la punta de lanza de una forma de acelerar el crecimiento económico, la productividad y la prosperidad.

Para transformar esta crisis en oportunidad y adaptarse a esta nueva anormalidad como normalidad, el camino es la economía de la resiliencia. Detonar nuevas cadenas de valor y apostar por reconstruir una nueva política industrial con innovación, tecnología y competividad.

¿Por qué fábricas de software? La información cada vez tiene más valor financiero. La era de monetizar activos a ‘monedatizar’ inteligencia colectiva ha llegado. Los datos aislados conectados a cadenas de valor pronto crearán un mercado financiero sin paralelo. Quien transforme eso en inteligencia colectiva encontrará la unión de crecimiento con desarrollo.

El México del pasado vendía al mundo mano obra barata con las maquiladoras; el México del futuro debe construir fábricas de software e industrias creativas. Con la mentefactura los desarrolladores transformarán datos aislados en inteligencia colectiva. Crear valor, es la clave.

¿Qué crea hoy más valor: fabricar millones de pares de zapatos o diseñar sus prototipos?

¿Ensamblar televisores o producir prototipos de diseños industriales? ¿Cómo acelerar la transformación de obreros en ingenieros?

Hablaba en Twitter hace unos días de la deuda y compartí esta anécdota:

Mi papá cuando caminábamos de pequeño los domingos me dijo algo inolvidable:

¿Quieres saber lo que es la libertad y qué es esclavitud? La moneda que te ganaste en tu bolsillo izquierdo, la primera, las 5 monedas que te prestaron en tu bolsillo derecho, la segunda.

La tecnología es la fuente a la moneda y más, —las cinco monedas ya no serán prestadas—, la tecnología hará que rápidamente sean propias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.