¿Ego o evolución?
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¿Ego o evolución?

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¿Ego o evolución?

06/02/2020

El “carry trade” es uno de los fenómenos económicos que...

–“Shhhh, espera. No puedes escribir sobre este tema ahora, mándalo para la siguiente colaboración”, dijo mi conciencia cuando me aprestaba a escribir esta columna.

–Pero es que compartí hace unos días en Twitter que escribiría sobre lo que le está pasando al peso en nuestra economía hoy, aduje para mis adentros.

–“Eso puede esperar unos días más”, me reviró. Y sí, tiene razón.

Pues adelante, a hacer lo que corresponde:

Más allá de la información, material y elementos con los que cuento, fue una equivocación la forma en la que participé, el contenido de mi tuit del pasado sábado 1 de febrero de 2020 dirigido al ciudadano Francisco Javier Quiroz Sandoval. Con la claridad con la que lo estoy señalando, estoy cierto que su acto, ha sido ya juzgado por la inteligencia y conciencia de millones de mexicanos.

El México de mujeres agraviadas, de desaparecidos y de la fábrica de violencia heredada y generada durante años, no puede resolverse con mezquindad, terror y manipulación del miedo. Es profundamente lacerante observar que en lugar de propuestas, se quiere construir psicosis, y eso es intolerable. No es una cuestión de lealtad política, sino de convicciones el señalar esto. No se necesitan cargos públicos para ser congruente y tener convicciones e ideales.

No es posible seguir participando en una guerra fratricida en la que hoy nos encontramos. Vuelvo a reiterar que un gobierno también avanza cuando tiene una oposición inteligente. Hoy, algunos grupos políticos, queriendo ser oposición, no terminan de ser partido. Eso, no es insulto, es una petición a que comprendan que desde el terror o la manipulación difícilmente lograrán tener resultados.

Sin embargo, eso no es lo trascendente, a México le urge unión y fraternidad. Le urge sentido de progreso y sobre todo, nos es urgente llenarnos de un sentimiento de reconciliación nacional entre los ciudadanos. Nuestras diferencias ideológicas no deben borrar que somos un solo país y tenemos que apostar por progresar.

La reconciliación nacional puede existir, ¿por qué? Porque México tiene muchos empresarios honestos y hay en gestación, una casta empresarial que entiende la nueva realidad del país; comprende la necesidad de combatir la pobreza con meritocracia y porque es tan trascendente un país sin corrupción.

La reconciliación nacional, puede existir porque afortunadamente seguimos teniendo una prensa profundamente crítica que, incomodando al poder, lo puede hacer evolucionar; pero más aún, por la conciencia cívica de millones de mexicanos que hoy construyen criterio y ya no solo se informan; ya no toman como verdad lo que antes era ley de quienes ejercen el periodismo. México puede reconciliarse por la nueva conciencia de los ciudadanos y por la capacidad crítica para formar opinión –que al final del día– eleva nuestro civismo y sentido de pertenencia por la verdad.

Casos como el de Sergio Aguayo no pueden permitirse.

La reconciliación nacional debe existir por los profundos agravios de millones de mexicanos despojados de oportunidades y porque tenemos todo el derecho de convertir el miedo en esperanza. Pero la esperanza engendra responsabilidad bilateral por construir en lugar de destruir. La reconciliación debe llegar, porque no puede esperar el futuro de millones de jóvenes que quieren construir un mejor destino y una mejor vida del origen que les tocó vivir.

Cuando de ego o evolución se trata, definitivamente, vale más ir por el camino de la verdad que por el camino de la soberbia al querer imponer la razón.

Gracias a la crítica podemos entrar en evolución y México tiene todo para evolucionar.

Millones de mexicanos le queremos dar voz al movimiento social para lograr un mejor país y lo primero que hay que hacer, es no ser igual a las tradiciones del ego y la guerra fratricida en la que nos encontramos. En efecto, no podemos ser iguales al pasado.

Todos tienen derecho a bajarse de un avión, otros también, tenemos el derecho de elevar nuestra conciencia para abrir el puño y que la mano abierta sirva para construir el México de progreso que ya no puede esperar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.