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Pemex, la apuesta ganadora de AMLO

El futuro de México está ya atado firmemente a la suerte de la paraestatal gracias a López Obrador.

A Don Ángel Verdugo, con solidaridad y afecto.

Petróleos Mexicanos será uno de los grandes triunfos de Andrés Manuel López Obrador. Solo un genio pudo concebir que una empresa prácticamente quebrada pudiera convertirse en un gigante industrial, una palanca del desarrollo económico. Porque AMLO, vio al oro negro en acción en su natal Tabasco durante el auge auspiciado por otro Presidente extraordinario, José López Portillo, y lo está reviviendo incansable desde que tomó posesión.

La larga noche neoliberal terminó. Esos tecnócratas neoporfiristas estuvieron cerca de salirse con la suya, y entregar a intereses privados la riqueza de la nación, pero Andrés fue su verdugo. Esos inversionistas que estaban dispuestos a arriesgar miles de millones de dólares en exploración y extracción, pagando impuestos al Estado mexicano en caso de ser exitosos, se van a quedar con las ganas.

Porque esas fabulosas ganancias financieras serán de Pemex. Cierto, por el momento son pérdidas, pero perder 481 mil millones de pesos el año pasado, cifra que se agrega a 346 mil millones que se evaporaron en 2019, alrededor de tres billones (12 ceros) de patrimonio negativo, son nada por tener en alto el orgullo nacional.

La estrategia de AMLO es brillante, sin duda será un futuro caso de estudio en Harvard Business School. Primero, designa a una persona absolutamente leal y adicta a cargo de la empresa, aunque no sepa absolutamente nada de energía o finanzas. Lo que sigue es erradicar la corrupción por completo. Nada de permitir, por ejemplo, a la parentela que lucre con contratos. Por último, canalizar raudales de dinero a exploración, producción y refinación. Nada alimenta tanto la imaginación popular como intentar lo imposible, como es destruir manglares cercanos al mar para, en esos terrenos (que se inundan con facilidad), construir una refinería en solo tres años.

Fundamental es esa priorización presupuestal, que el dinero sobre para el petróleo. Una abundancia de recursos que quizá deje a niños con cáncer sin quimioterapias, o a madres sin estancias infantiles, hambrientos sin comedores comunitarios o toda clase de fideicomisos cerrados. No importa, ese sufrimiento vale la pena en aras de rescatar la soberanía. El petróleo que se paga con lágrimas y sangre enaltece a la nación.

Un éxito que hoy resuena en los mercados internacionales de capital. Como se sabe, los fondos de inversión se pelean por los bonos de Pemex. Si las agencias calificadoras los han degradado al nivel de basura es por pura envidia y porque son neoliberales y corruptas. Vaya golpe dio AMLO a fi-Fitch al negarle jugoso contrato para evaluar la deuda de la empresa. Ya lo dijo López Portillo hace muchos años: no pago para que me peguen.

El futuro de México está ya atado firmemente a la suerte de la paraestatal gracias a López Obrador. Los cielos negros por la quema del combustóleo, las inundaciones de Dos Bocas, el estancamiento en la producción y esas refinerías que pierden dinero a carretadas muestran la senda a seguir, ese porvenir brillante que solo una mente excepcional pudo imaginar. Será un día de tremendo orgullo nacional cuando la deuda del Gobierno Federal pierda el grado de inversión por Pemex.

En la tercera década del siglo XXI, ¿quién apostaría por el petróleo? Solo un estadista con inteligencia, visión de futuro, audacia y arrojo, alguien con la firme convicción de ir contra la corriente. Increíble la suerte de millones de mexicanos que están siendo sacrificados en el altar de la soberanía.

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