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El (pat)ético de Palacio

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El (pat)ético de Palacio

27/11/2020

Una guía ética para la nación por parte de un gobierno que carece de ella. Ayer se presentó un prolijo documento que representa una nueva cúspide en la hipocresía y cinismo de Andrés Manuel López Obrador™. Una persona que busca colocarse como un ser transformacional mostró lo que será una referencia histórica del abismo entre el decir y el hacer. Como tantas veces, AMLO adoptó el rol del Gran Predicador. Ahora el sermón será repartido en abundancia por el país.

Un documento que presenta la fantasía obradorista del México moderno. Era un país de gente buena, con principios, hasta que hace cuatro décadas llegó ese neoliberalismo putrefacto. Pepe el Toro, honesto y trabajador, se transformó en malévolo empresario o corrupto funcionario cuando el éxito personal y la productividad se antepusieron a la fraternidad y los intereses colectivos.

“No hay nada más valioso que la vida, la libertad y la seguridad de las personas”. Esto de la administración con mayor registro de homicidios y crímenes en la historia moderna; la que ha dado sus abrazos, literalmente, a las mafias criminales.

“No se debe humillar a nadie”. Palabras extrañas para el que usa su cargo y poder para ofender, humillar y denostar a los que percibe como sus enemigos.

“El perdón libera a quien lo otorga y a quien lo recibe”. Del rencoroso que insiste que se le robó la presidencia en 2006 y que se obstina en enlodar a sus predecesores por medio de una consulta popular tan costosa como inútil.

“No mentir, no robar, no traicionar”. Frase del que constituyó un Fideicomiso para los damnificados de un terremoto o que insistió en rifar un avión que no era avión. La misma persona que recibió efectivo en sobres de su hermano para “el movimiento” y con otros familiares y colaboradores igual exhibidos en corruptelas o con enriquecimientos tan súbitos como explicables.

“Ser fraterno es hacer propios los problemas de los demás”. Niños sin quimioterapias, mujeres sin pruebas y tratamientos contra el cáncer, madres sin estancias infantiles, hambrientos sin comedores comunitarios, mujeres violentadas sin albergues, trabajadores públicos con salarios y hasta aguinaldos rasurados.

“Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie. Todo, por la razón y el derecho; nada, por la fuerza”. Palabras que deben contrastarse con otras pronunciadas desde el púlpito mañanero: “La ley es para las mujeres y los hombres, no las mujeres y los hombres para la ley. Si hay que optar entre la justicia y la ley, no lo piensen mucho, hay que optar en favor de la justicia”.

“No hay mayor satisfacción que tener trabajo y disfrutarlo”. Satisfacción negada en meses recientes a millones de personas ante el desplome económico causado por la pandemia, derrumbe que el gobierno ha rechazado atemperar alegando que no rescatará empleos porque ello significa rescatar empresarios.

“Al cuidar el aire, el agua, la tierra, las plantas, los animales y las cosas, nos cuidamos todos”. Expresión de quien hunde miles de millones en producir petróleo, refinar crudo y generar electricidad con carbón y combustóleo, aparte de entorpecer la inversión privada en energías verdes. Esto aparte de destruir manglares y selvas para construir una refinería y abrir paso a un tren.

Enarbolando la ética, el inquilino de Palacio Nacional se mostró una vez más como (pat)ético. La hipocresía y el cinismo son lo de menos, lo grave es el dolor y muerte infligido a un pueblo en el nombre de una transformación histórica.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.