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AMLO debería ser destituido

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AMLO debería ser destituido

31/07/2020

El Presidente de la República ha encontrado la solución de todos los problemas nacionales: ignorarlos. No se habla de ellos y entonces no existen o eventualmente desaparecerán. Andrés Manuel López Obrador contempla el desastre nacional y decide que es mejor tratar cuestiones más agradables.

En febrero, antes del estallido global de la pandemia, AMLO dijo que no quería hablar de feminicidios porque “opacaban” la rifa del avión presidencial. Esta semana no quiso hablar de los daños por la tormenta “Hanna”, ni tampoco de los muertos por el COVID, menos de la violencia que sigue explotando. Anunció que, por favor, las preguntas de su mañanera se centraran únicamente en su obsesión: la rifa.

Ayer el INEGI publicó su estimación sobre la evolución del PIB en el segundo trimestre: un desplome histórico de 17.3% con respecto al periodo anterior. El desplome en el primer semestre fue de 10.5%. El inquilino de Palacio se quedó tan campante y dijo que eso ya se esperaba, citó cifras de pérdidas de empleos formales, ignoró el devastado sector informal, y anunció que estaba por empezar el repunte. Además, que para fines de año ya habría una medida complementaria, adicional al PIB, que incluiría la paz y felicidad en los hogares mexicanos.

Con 12 millones de personas que perdieron empleo e ingreso, también cálculos del INEGI, con millones que pasarán a pobreza y pobreza extrema, de acuerdo al Coneval, con el crimen que explota y con las mafias criminales mostrando su poder en forma pública, con decenas de miles de hogares enlutados por el COVID, el Presidente habla de medir la paz y la felicidad.

Mientras los muertos se apilan, el tabasqueño se expresa con horror de los lujos que implicaba el avión presidencial y de los millones de pesos que costaba operarlo. Sus funcionarios presumen los cientos de millones ahorrados gracias a esa extraordinaria austeridad. El problema es que en el mismo periodo que AMLO dejó de usar el avión, Petróleos Mexicanos perdió casi 1.3 billones (12 ceros) de pesos, lo suficiente para operar el aparato durante 8,783 años. Pero la billonaria cifra no importa porque se está rescatando la soberanía nacional.

Van 20 meses de gobierno y faltan 50 para que este gobierno concluya. No puede esperarse que la situación mejore, sino que se agrave a medida que López Obrador trata de divorciarse más de lo que ocurre a su alrededor. Como opositor, el Presidente ofrecía soluciones simplistas y escogía los temas para atacar. La simpleza se ha profundizado, al obstinarse en ignorar los problemas, y cree que puede escoger lo que es importante y no lo es.

López Obrador debería ser destituido por su manifiesta incapacidad para ser Presidente de México. Obviamente no lo será: tiene el Congreso bajo su puño y no hay precedentes históricos que sirvan de guía ante tal grado de ineptitud. Al contrario, la institucionalidad prevaleciente desde hace un siglo hace imposible considerar un golpe de Estado por parte de los militares, opción que tampoco sería deseable porque representaría la destitución por las armas de un gobierno elegido no solo democráticamente, sino con una mayoría aplastante. La ironía es que la persona que quiso dar un golpe de Estado en 2006 fue el propio AMLO, pero eso no es motivo para justificar que deba ser depuesto por la fuerza.

Lo único que puede esperarse en los próximos 50 meses es un costo humano pavoroso por un inepto que resultó indigno hasta de su desmedida ambición.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.