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López Obrador a la López Portillo

José López Portillo en su sexto Informe de Gobierno o Andrés Manuel López Obrador en su Presupuesto 2024. A soltar las amarras del gasto.

A Antonio Neri Licón, Nerilicón, que a donde quiera que vayas y donde quiera que te encuentres, seas libre y feliz.

Último año del sexenio y es imperativo acabar las obras. El presidente no va a dejar a medias lo que proyectó concluir en su administración. Son inversiones necesarias y plenamente justificadas. ¿Que ello implicará un importante déficit fiscal y endeudamiento? No importa, México tiene crédito y lo está utilizando.

José López Portillo en su sexto Informe de Gobierno o Andrés Manuel López Obrador en su Presupuesto 2024. A soltar las amarras del gasto. Es que, además, en los dos casos, se quejan de que les subieron las tasas de interés y entonces hay que pagar más por la deuda. El secretario de Hacienda obradorista dice que, aparte, este gobierno nunca recibió remanentes del Banco de México. Ciertamente, el peso fortachón que tanto presume su jefe tiene sus desventajas. López Portillo se quejó de que se le había caído el precio del petróleo. En cambio, cortesía de Vladimir Putin (quizá por eso le tiene tanto aprecio), AMLO lo ha tenido al alza. Ni así le alcanza el dinero.

El problema del gasto público desbocado es que cobra vida propia y su inercia es potente. López Portillo perdió por completo el control y la economía acabó desplomándose con un déficit de 16 por ciento del PIB, una inflación de tres dígitos y un peso devaluado en varias ocasiones. La nacionalización de la banca con la que buscó reparar su reputación acabó por hundirla.

López Obrador apuesta su resto y además se endeuda por sus dos obras faraónicas: una refinería y un tren, que se agregarán a su desastre de una terminal aérea que nadie quiere utilizar. Pocas cosas son peores para un proyecto que tratar de terminarlo con prisa. Porque al Licenciado le encanta cortar listones. ¿Que se sacrificará calidad, tal vez no funcione como se debe, saldrá mucho más caro? No importa.

De por sí Dos Bocas tiene un costo cercano al triple que el Licenciado proyectó en 2019. El Tren Maya va por el quíntuple. En conjunto, costarán (al menos) unos 52 mil millones de dólares. Cuando Ernesto Zedillo propuso en 1998 convertir el Fobaproa en deuda pública, el monto era equivalente a 60 mil millones de dólares (113 mil millones a precios de hoy). Si a los dos elefantes blancos se agregan las pérdidas de Pemex acumuladas desde 2019 hasta 2022, el total obradorista tirado por la coladera alcanza 109 mil millones de dólares, o sea, un Fobaproa. Solo que ahora no se trata de salvar al sistema financiero, la cadena de pagos y a todos los ahorradores del sistema bancario, sino de concluir los caprichos del Licenciado y seguir metiéndole dinero a una petrolera quebrada.

¿Qué ocurrirá si en los próximos 12 meses se necesita más dinero para tratar de terminar tren y refinería? Siempre se puede recortar dinero de rubros menos importantes, como es la salud o el mantenimiento de infraestructura (desde carreteras hasta el Metro o elevadores). O se puede aumentar todavía más el déficit y la deuda, al cabo que es solo por un año, o al menos eso dice el secretario de Hacienda.

Todo combinado con un periodo de incertidumbre política, un crimen organizado desbocado y un presidente que destruye instituciones y nunca reconoce una derrota electoral. López Portillo, en cambio, dominaba por completo el sistema político sin atisbo de oposición. La historia nunca se repite exactamente, pero no hace falta para que estalle una crisis. Basta tener algunos elementos en común, como un gasto público desbocado por la obsesión de cerrar el gobierno en forma triunfal.

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