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Óscar al mejor guionista de ficción: AMLO

El Óscar en la categoría de “mejor guión de ficción y sin la menor referencia a la realidad”, corresponde, por aclamación del jurado, a Andrés Manuel López Obrador.

Un país que por fin alcanzó la ansiada democracia, de la mano de un Presidente absolutamente excepcional. La Historia premió a los mexicanos al permitirles ser liderados por un estadista que logró vencer todos los obstáculos a su paso, incluyendo masivos fraudes electorales en su contra, para por fin llegar a Palacio Nacional.

Esos años de duro camino al poder no fueron en vano. Permitieron al hoy titular del Ejecutivo hacer campaña en los rincones más apartados del país, llegar a las aldeas y rancherías alejadas de todo para llevar el mensaje de esperanza que se podía vencer a la mafia del poder. Ofreció sacar del gobierno a esos fifís conservadores que por tantas décadas habían lucrado con el hambre del pueblo, esos explotadores que en nada envidiaban a los terratenientes porfiristas. Estrechó esas manos campesinas encallecidas al tiempo que comía frijoles, chile y tortillas. Hoy es, entre tantas cosas, un extraordinario guía gastronómico de fondas y changarros.

Entiende como nadie del poder que emana del pueblo y que hoy encarna en la presidencia. Por eso ya no se pertenece, sino que se entrega sin egoísmo alguno cada día. Con la sabiduría y conocimiento adquiridos por los caminos de México, escribiendo libros (es un autor prolífico que por años vivió de sus abundantes regalías), y sobre todo escuchando al pueblo, desarrolló esa visión destilada en un ambicioso Proyecto de Nación que ahora es realidad.

¿Cómo pudo México domar la pandemia, ser la envidia del mundo mundial? Construyendo en apenas un año de gobierno un sistema de salud como en Dinamarca o Suecia. La llave era derruir las estructuras corruptas, como la distribución de medicinas por empresas privadas, y en cambio decretar la gratuidad de todo, desde consultas y medicinas, hasta cirugías. Nunca faltó una cama de hospital a un enfermo de Covid, jamás un tanque de oxígeno a un enfermo en casa. Y, por supuesto, el plan de vacunación es la envidia hasta de Estados Unidos.

Si solo Joe Biden escuchara esa sabiduría. Vaya audacia la de proponerle que el exitoso programa de “Sembrando Vida” se extendiera a América Central, y sus participantes recibieran la ciudadanía estadounidense. Pero el habitante de la Casa Blanca es miope, quizá envidioso del respeto y prestigio que goza su homólogo. Tampoco entiende el ecologismo mexicano, tan en la vanguardia. El sol no sale de noche y el viento no sopla todo el tiempo, y por ello lo mejor son el carbón y el combustóleo.

Gracias a esa política energética, el país será soberano en gasolinas y las empresas estatales barrerán a las ineficientes, voraces y subsidiadas privadas. Gracias a la política social de dar dinero directamente y en nombre del Presidente, con los impresionantes aumentos salariales y de pensiones por decreto, la pobreza se ha desplomado. Con el consumo de esos nuevos clasemedieros, la economía es pujante y se crean empleos por miles cada día.

Con abrazos, sin balazos, el crimen se desvaneció como la neblina cuando llega la luz del sol. Los jóvenes se ríen de aquellos que quieren reclutarlos en una mafia criminal, porque tienen sus generosas becas “Benito Juárez” o sus empleos “Construyendo el Futuro”. Un México en paz gracias a los denodados desvelos del extraordinario inquilino de Palacio.

Es por ello que el Óscar en la categoría de “mejor guión de ficción y sin la menor referencia a la realidad”, corresponde, por aclamación del jurado, a Andrés Manuel López Obrador.

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