Opinión Samuel Aguilar Solis

México, en luto

Falta ver si en un futuro las víctimas, desconfiando de la justicia local, acuden a instancias internacionales de procuración e impartición de justicia.

México enfrenta no solo la epidemia de Covid-19, que según los números oficiales de la Secretaría de Salud (que por cierto han sido permanentemente cuestionados por especialistas, medios internacionales e instituciones como por abajo de lo real) hemos ya superado al día de hoy las 180 mil muertes, en medio de una cuestionada también etapa y método de vacunación, sino también otra grave crisis que es la de la violencia e inseguridad, con 76 mil homicidios dolosos en lo que va del gobierno de López Obrador, poniendo a nuestro país en luto, pero en el que desafortunadamente no vemos ni en la pandemia, ni en la de inseguridad, una salida o un replanteamiento de lo hecho hasta ahora, por lo que si definitivamente no hay ningún cambio por la obcecada cerrazón e ineptitud gubernamental, pues lamentable y dolorosamente, seguiremos acrecentando el luto nacional.

Como bien sabemos, la epidemia del nuevo coronavirus se ha manejado de una manera desastrosa por el gobierno federal desde el inicio: sin estrategia, sin coordinación con los gobiernos subnacionales, negando los beneficios del uso obligatorio para toda la población del cubrebocas, sin usarlo, el presidente y el subsecretario de salud, principales responsables del desastre sanitario, y continuando sus giras de proselitismo político; sin una partida especial en el presupuesto, sin tener la capacidad de definición con los gobernadores para la implantación de un semáforo epidemiológico, prohibiendo en una primera instancia que particulares y gobernadores pudieran salir al mercado a comprar vacunas y cuando ya no había ni para los gobiernos nacionales entonces sí dando el aval de compra, y con las poquísimas que han llegado con un gran despliegue de propaganda y enorme burocracia para la aplicación, ordenando el presidente que se iniciara en los municipios más alejados, aislados y despoblados en contra de la opinión de los científicos, que la vacunación se tiene que iniciar en los centros poblacionales de mayor contagio y más poblados, con la sospecha del uso electoral de la vacuna, pidiendo la credencial de elector y fotografiando a los vacunados los primeros días y muchos etcéteras, que lo único que refleja es la ineptitud y la incapacidad de saber gestionar una crisis de manera institucional cuando el gobierno es de un solo hombre y este es un autócrata, y la única razón, al parecer, del presidente es: 'porque así lo digo yo'.

La llamada 'estrategia' contra la inseguridad y la violencia fue resumida por la frase de 'abrazos y no balazos' o con amenazas de payasadas hacia la delincuencia como de 'acusarlos con sus mamás' si se seguían portando mal, cuando las noticias diariamente nos describen y muestran decapitaciones, incinerados, rafageados, desaparecidos, levantados y muchos más acciones que claramente nos describen la ausencia de un Estado de derecho y con una amplia lista de regiones donde la única ley es la del crimen organizado.

Diariamente, en las conferencias de prensa vespertinas, observamos la frialdad de los funcionarios de salud dando cifras de muertos y contagiados, pero lo que hay detrás de esos números, y que ellos evitan a toda costa mencionar, es dolor y luto de miles de familias que han perdido un ser querido o tienen un enfermo en casa o en el hospital. Lo mismo podemos ver en el dolor de miles de familias que han perdido un ser querido, víctima de la violencia o la desaparición, y qué decir del dolor de los familiares que buscan los restos de sus seres queridos escarbando la tierra porque las autoridades no han hecho la búsqueda y estos familiares quieren de alguna manera mitigar un poco el dolor, encontrando y dando sepultura a los restos de su ser querido.

Ante tantas irregularidades en ambas crisis (Covid e inseguridad), falta ver si en un futuro las víctimas, desconfiando de la justicia local, acuden a instancias internacionales de procuración e impartición de justicia derivada de los tratados internacionales que nuestro país ha firmado, para llamar a cuenta a los responsables de tanto dolor y luto. En algún tiempo, esperamos que más temprano que tarde, la maltrecha economía encontrará una senda para recuperar el crecimiento y los empleos, pero los muertos por Covid y la violencia e inseguridad, esas vidas nunca podrán recuperarse y creo que aún no hemos hecho el análisis de los impactos en la salud mental de nuestro país de tanto dolor y muerte que ha enlutado en los últimos tiempos a México.

COLUMNAS ANTERIORES

El hechicero
Los partidos

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.