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La confianza

04/02/2020
Actualización 04/02/2020 - 15:24

Día a día crece en nuestro país, después de un año del actual gobierno, la percepción de que López Obrador no puede con el paquete.

El actual gobierno federal ha dado muestras de que no hay un equipo profesional y experimentado para sacar adelante los graves y múltiples problemas que aquejan a la nación. Hoy en día es lamentable que muchas de las delegaciones federales en los estados aún no cuentan con un titular, existen aún muchos de los exfuncionarios como responsables pero sin cargos oficiales de delegados. El tema del Insabi en los últimos días ha dejado claro que en gran parte de la crisis con los beneficiarios del extinto Seguro Popular es debido a la ausencia de reglas de operación y la búsqueda de la centralización por parte del gobierno federal, tanto de la infraestructura como de los recursos para los medicamentos, y el cierre de instalaciones y despidos de su personal.

El traslape en acciones, que se entiende debiera de corresponder a una área o secretaría del gabinete, pero que por el encargo personal del Ejecutivo a otros manda señales de confusión a inversionistas, como lo fue el año pasado en el llamado plan de infraestructura, y ahora el encargo para el “crecimiento económico” al jefe de la Oficina de la Presidencia, dejando subordinadas en el mejor de los casos 1) a quien debería de mandar las señales de política económica como lo es la Secretaría de Hacienda y 2) secretarías responsables, por ley, de sus respectivas áreas como Comunicaciones y Transportes, Economía, Turismo, y como se ha visto conforme a los resultados, la respuesta de inversión no llega de parte de los empresarios.

Obras que los gobiernos locales tenían planeadas o estaban en proceso de ejecución han sido canceladas o están paradas, aún cuando los recursos están aprobados y se encuentran en las dependencias responsables de su manejo, debido a “asambleas” que el presidente instituyó como tales, y a mano alzada preguntó a unos cuantos si debía o no hacerse tal o cual obra sin saber, obvio, los trabajos previos de dichas obras de infraestructura o si existían expedientes técnicos ya avalados por las propias dependencias federales, incluso, o si quienes protestaban por dicha obra eran actores con intereses etcétera, etcétera, como fue el caso del metrobús en la región lagunera de Durango. Otro ejemplo es el caso del manejo de los flujos migratorios con claras violaciones a derechos humanos y a tratados internacionales por parte del gobierno mexicano en una clara labor de supeditación a los dedos del presidente y gobierno norteamericanos.

Una “estrategia” de “abrazos y no balazos” a todas luces fallida, lo menos que se puede decir es que es plenamente ingenua para no pensar que se es cómplice hacia el crimen organizado, ya que lo único verdadero es que cada día hay más violencia e inseguridad, y que ha dejado ya 35 mil muertos por estas causas, que no solo evidencia una extrema debilidad de la aplicación de la ley y el incumplimiento constitucional del Estado para dar seguridad a los ciudadanos,sino que es uno de los factores negativos que explican la caída de la inversión en nuestro país.

El inegi acaba de dar a conocer las cifras del comportamiento económico el año pasado y el resultado es negativo (-0.1 del PIB), es la cifra más baja en los últimos diez años cuando el PIB cayó por los efectos de la crisis financiera internacional que había iniciado en septiembre del 2008, es decir, por causas externas, pero en este caso es por causas internas como lo fue en 1995 en el gobierno de Zedillo, aunque por causas distintas, ahora me parece que lo que ha faltado es confianza en el presidente y su gobierno, por parte de los inversionistas. Por más instrucciones que se le den al jefe de la oficina de la presidencia, es claro que los dichos en las mañanas en Palacio Nacional y sus acciones son los que aún no logran atraer la confianza de quienes buscan que su capital se expanda y no que se ponga en riesgo por decisiones unipersonales u obsesiones como sucedió con el fallido aeropuerto de Texcoco. Confianza, decía Michel Rocard “...es una materia inasequible y volátil. Se sabe poco de ella, que no soporta duraderamente lo confuso, ni la ambigüedad ni la incoherencia”.

Pero si lo hecho, hecho está, uno pensaría que el mal llamado “periodo de aprendizaje” ya habría pasado, pero no, la autocrítica es una palabra prohibida en este gobierno, y en vez de reflexionar sobre lo sucedido y sus resultados, y de cara a este año siguen por las mismas, pero la realidad día a día golpea a nuestro país como lo señalan los organismos internacionales y las calificadoras más reconocidas en materia económica.

El presidente dice que la economía este año crecerá al 3 por ciento, la Secretaría de Hacienda que al 2 por ciento, pero el Banco Mundial dice que al 1.2; el Fondo Monetario Internacional que al 1 por ciento; la CEPAL que al 1.3 por ciento; Standard and Poor’s que al 1 por ciento; y lo que acaba de anunciar Hacienda de volver a tomar recursos del Fondo de Estabilización por la caída en la recaudación debido a la baja actividad económica (como en julio pasado también lo habían hecho), la pregunta es ¿cuánto queda aún en el fondo? Y ¿qué pasará si los pronósticos de los organismos internacionales se cumplen? No lo sabemos, pero lo que sí es que este gobierno no se ve que esté pensando en algo diferente a lo que ha realizado entonces, si continúan por esa senda los resultados ya los sabemos, pero lo que hay que señalar es que estamos rezagándonos aún en comparación con nuestros vecinos de nuestra región porque las condiciones de la economía mundial no son de bonanza y los nuevos hechos como la pandemia del coronavirus están ya trayendo costos económicos a China, que por lo demás, este año tenía previsto una desaceleración económica a la que nos había acostumbrado en los últimos años, y hay que recordar que la implementación del T-MEC no será de la noche a la mañana, amén de que nos falta ver los impactos del Brexit en la economía global, pero aún así estamos en lo estimado por abajo de lo que se espera para América Latina, el Fondo Monetario estima para la región un crecimiento de 1.8 por ciento y la CEPAL, 1.3 .

Amarrémonos los cinturones, la confianza no llegará para invertir si se continúa el mismo camino ya andado en 2019 y es más, los programas sociales se ponen en riesgo si no hay crecimiento económico, salvo que para mantenerlos, se recorten otras inversiones públicas, se endeude el gobierno o de manera seria el gobierno se plantee ya una reforma fiscal y una revisión al pacto fiscal con las entidades federativas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.