El momento populista
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El momento populista

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El momento populista

05/08/2019

Asistimos a un momento de verdadera amenaza a la democracia liberal, por lo que es urgente tomar conciencia de ello. No es ya espacio para chascarrillos o memes para el desahogo de las amenazas que sobre la democracia se vierten día a día y de cómo se vislumbra en el horizonte, no solo en nuestro país sino en el mundo occidental, es un momento de graves dificultades para sostener bien parada a la democracia y admitirlo tiene que ser el punto de partida para encontrar la ruta de salida a este momento histórico.

En muchos países aún a los populistas no les alcanza para acceder al poder pero sí para descarrilar las bases democráticas y orillar a que partidos consolidados avancen por el camino del discurso populista con tal de no perder a sus militantes o simpatizantes. Pero donde los populismos han triunfado, la caída de los viejos partidos políticos ,como en el caso de nuestro país, con los resultados electorales de julio del 2018, ha dejado sin oposición a los mexicanos en el sistema político. Es más, este mismo está cambiando de una manera radical para dejar entelequias de partidos y quede solo el “hombre fuerte “.

Pero también hay que reconocer que un elemento a esta falta real de oposición política al populismo es la ausencia de ciudadanía, no hace mucho tiempo, con la caída del muro de Berlín se hablaba del triunfo de la democracia como sistema y forma de gobierno en el mundo, en México, después de la alternancia del año 2000 comenzamos a discutir sobre la calidad de la democracia y apenas menos de una década después la discusión se centra en cómo salvar la democracia liberal. Pero creo esto no podría haber sucedido si verdaderamente la democracia en sus desarrollos hubiera producido ciudadanos, al no haberlo hecho, el vendaval del populismo está cobrando presencia al mismo tiempo que socava las bases de esta.

Es claro que no de todo tiene la culpa la democracia, así en abstracto ,la crisis financiera primero y luego económica después del 2008 dejó en claro el funcionamiento global del “capitalismo de amigos” y el papel que los gobiernos jugaron para salvar sus intereses, mientras miles o quizá millones de personas veían afectada su vida por la pérdida de empleos o los desalojos de sus viviendas que había dejado justo la “crisis de la burbuja inmobiliaria” en el mundo.

En nuestro caso (y en muchos países también por supuesto), la caída en la economía y la falta de oportunidades de empleo, pero sobre todo en los últimos años la violencia e inseguridad desatadas en el país, la corrupción e impunidad, el aumento de la pobreza y desigualdad social de una clase política que convirtieron el sistema político en una partidocracia impune, fueron las verdaderas causas que incubaron la rabia social y el hartazgo para con la élite política y económica, que son al final del día las verdaderas razones del triunfo populista de López Obrador .

Hoy en día una serie de actos como la cancelación de obras de infraestructura por minúsculos grupos a mano alzada en mítines a modo del Presidente, o el famoso memorándum a secretarios de despacho del gabinete para no aplicar la Reforma Educativa, las cancelaciones de licitaciones para otorgar jugosos contratos gubernamentales de manera directa a cercanos al gobierno federal, la firma ante notario de no buscar la reelección cuando el primero de diciembre pasado se juró a la Constitución y ahí es muy claro el artículo 83; pero en la firma ante notario se agregó que “hasta que el pueblo quiera”, (sic!), y muchos etcéteras, y varios “experimentos locales” como lo de Baja California,alargando fuera de la ley el periodo gubernamental o la llamada “Ley garrote “ en Tabasco o el discurso de odio social desde lo más alto del poder para avivar la llama de la polarización en la sociedad y las críticas a acciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ,todo ello no hacen más que alertar sobre las amenazas a la democracia y a las libertades y la cada vez más nítida idea de el gobierno con la voluntad de un solo hombre fuera de la ley y las instituciones.

Los resultados electorales el pasado junio pueden ser la base para el análisis e ir bosquejando alternativas de cara a las elecciones federales y locales del 2020 no con ánimo de volver al estado anterior de las cosas sino para configurar una nueva estructura política basada en el respeto constitucional. El equilibrio y separación de poderes, una verdadera sociedad civil en el término gramsciano y un sistema de partidos pueden hacer la diferencia, pero el contexto internacional también cuenta y mucho y eso hay que tenerlo en cuenta en el análisis en el bosquejo de una alternativa democrática.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.