Autócratas y declive de la democracia
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Autócratas y declive de la democracia

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Autócratas y declive de la democracia

09/12/2019
Actualización 09/12/2019 - 15:11

Asistimos a un momento histórico en el que la democracia, que creímos era la mejor forma de gobierno desde hace alrededor de 200 años, ha comenzado un declive en todo el mundo occidental con más o menos intensidad y con orientación de izquierdas o derechas, pero que al final el resultado visible es el mismo, una erosión democrática y en su lugar formas autócratas y populistas del ejercicio del poder, que usando como en los años 30 del siglo XX las vías formales y legales que la propia democracia liberal da, se han introducido en el juego democrático y han llegado al poder.

Ahora denominamos a este fenómeno 'populismo' y con discursos de izquierda o derecha, eso ya no es sustancial al final del día, lo que sí, es que se presentan como políticos antisistema y en ya no pocos países están ahora ejerciendo el poder. La coyuntura es propicia porque sin duda existe una decepción y hasta hartazgo de la clase política tradicional y la ausencia de resultados en términos de gestión gubernamental como lo demuestran todos los grandes movimientos sociales que en el mundo, y de manera sobresaliente en América Latina, se están dando, en temas como los de la violencia e inseguridad, el crecimiento económico, el combate a la pobreza y a la desigualdad, y es que de modo sobresaliente, la corrupción y la impunidad son lo que ha permitido que actores políticos fuera del sistema o algunos otros, ahora cambiando de careta, se presentan antiestablishment para hacerse del poder pero además ha quedado desnudado también la crisis de representación de los partidos tradicionales y su vaciamiento tanto ideológico como de representación.

Los movimientos de la sociedad que ahora vemos pueden ser también la salida hacia adelante para salvar la democracia y poner una muralla a los populistas.

Los casos más recientes de acceso al poder de estos políticos autócratas en varios países en el mundo han hecho volar por los aires el sistema de partidos que creíamos sólido y parte sustancial de la democracia. Por ello mismo, ahora los líderes populistas y sus 'movimientos' o el uso de partidos tradicionales para lograr sus fines han logrado imponerse en las candidaturas, y lo que es más importante, han logrado imponer su agenda personalísima y que los ciudadanos y los medios de comunicación se olviden de cuáles eran los programas de dichos partidos para estar sujetos a sus tuits o a la declaración del día para saber el rumbo del gobierno y por ende, en casos, hasta del país.

Es esta ahora, la figura política y el tipo de líder político, el que se comienza a imponer hoy, desde Turquía hasta los Estados Unidos de América o desde Rusia hasta Venezuela y Nicaragua o desde Hungría ha Brasil y desde luego de México y ahora de nuevo Argentina.

Hace unos días acaba de estar en nuestro país Steven Levitsky, quien junto con Daniel Ziblatt, es autor del espléndido libro Cómo mueren las democracias, de Ariel, del grupo editorial español Planeta, que vale la pena leer por supuesto pero además que nos recuerda cómo con pequeños detalles los autócratas del pasado y del presente comienzan a debilitar la democracia y cómo esta se perfila a un declive en el mundo y creo debemos de estar no solo alertas sino preventivos para su defensa. Dicen estos autores que “para que el sistema constitucional del país funcione tal como esperamos, debe darse un delicado equilibrio entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial. Por un lado, el Congreso y los tribunales deben supervisar, y en caso necesario, controlar el poder del presidente. Son, por así decirlo, los perros guardianes de la democracia. Por el otro lado, el Congreso y los tribunales deben posibilitar el funcionamiento del gobierno. Y es en este punto donde entra en juego la contención. Para que una democracia presidencial sea operativa, las instituciones que tienen la fuerza suficiente para controlar al presidente deben hacer un uso habitual contenido de dicha fuerza: “de no darse entonces en vez de ‘perro guardián’ de la democracia el Congreso se convertirá en ‘perro faldero’”.

En los días que corren y más los que están por venir, los mexicanos atentos debemos estar a defender nuestra democracia y como en otras ocasiones históricas a seguir nuestro camino por la vía constitucional y democrática; el camino no ha sido ni fácil ni corto desde el quiebre histórico que representó el movimiento estudiantil de 1968 pero sobre todo de cuando el poder priista debió de emprender la liberalización del sistema político con las reformas político-electorales de 1977 hasta la alternancia del año 2000 y las subsecuentes reformas como las de 2014.

Creo no debemos perder de vista que la actual situación de insatisfacción con la democracia no proviene estrictamente del ámbito político sino y sobre todo de que a esta forma de gobierno se le sobrevendió, casi como la panacea, por los partidos y sus liderazgos, y en la medida de que los problemas no solo NO se resuelven sino incluso se agudizan. Entonces la decepción se hace presente con esta forma de gobierno como lo demuestra la última medición de Latinobarómetro en 2018, en donde solo el 18 por ciento de los mexicanos se dice satisfecho con la democracia y ello abre la puerta a la posibilidad de formas autoritarias e incluso a estar dispuestos a perder libertades si es el precio a pagar por la resolución de los problemas que aquejan a la sociedad, dando paso a actores políticos con discursos mesiánicos y presentándose como salvadores pero al final del día generando, como ya lo estamos viendo, formas autócratas del ejercicio del poder y obvio a una pérdida de valores básicos de la democracia por lo que esta forma de gobierno se encuentra cada día amenazada y en declive.

Pero estas reflexiones no deben de minimizar los porqués hemos llegado a esta situación, y a saber son: la corrupción de la clase política gobernante, y la impunidad, la falta de resultados en la gestión gubernamental de los problemas que le interesan a la gente como la violencia e inseguridad, el estancamiento económico, la pobreza y la desigualdad, entre los más importantes.

Sin embargo, también se hace urgente contar con una mayor participación social, más y mejor ciudadanía, plena libertad de expresión sin censura y autocensura de los medios de comunicación, y que quienes hoy están en la oposición lo sean responsablemente, aún y con lo escuálida que está, jugando el juego democrático para entre todos continuar la senda de nuestra democracia y poner un dique a las tentaciones autócratas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.