Samuel Aguilar Solis

El ilusionista

El paquete de iniciativas que López ha enviado al Congreso, impone la agenda legislativa y política a quien puede ser su sucesora en la presidencia de la República.

Estamos a unos escasos meses de que López Obrador termine la presidencia que ganó en 2018 mas no sé si a que deje el poder, porque aún y que no se reelegirá, creo no hay que creerle que ‘se retira’ a descansar a su rancho en el sureste, y como están las cosas con la oposición al día de hoy, es muy probable que Morena, que es el partido-movimiento que formó, mantenga la presidencia de la República.

Hemos dicho en otras ocasiones en este espacio que experiencias históricas nos enseñan que cuando el líder termina (por asesinato o por suicidio, como fue el caso de Mussolini y de Hitler, respectivamente) esos movimientos políticos no solo no lograron mantenerse en el poder sino que desaparecieron, y en esas experiencias hasta fueron proscritos luego del triunfo militar sobre ellos y de la implantación de la democracia. No fue en cambio lo que sucedió con otro movimiento, como fue el creado por Charles de Gaulle, la gran diferencia no solo fue el triunfo militar de los aliados, sino que de Gaulle pudo institucionalizar su movimiento para convertirse en un partido político que, en la competencia democrática por el poder, pudo sobrevivir no solo cuando ganó el poder en Francia, sino incluso después de la muerte de de Gaulle, para formar parte del sistema político y del sistema de partidos y hasta estar en la oposición como lo fue recientemente. En el caso de Morena este mazacote político no se ha institucionalizado, su organicidad esta fincada en el personal, recursos y programas de la Secretaría de Bienestar y es por tanto, un partido sin estructuras propias y solo mantienen una lealtad: con su líder, es decir, con López Obrador, por tanto aún en el caso de un posible triunfo en la presidencia‚ quien ocupe la silla del águila, no contará con un control real del poder que tendrá en su ‘base de apoyo’, sino es con la venia de López porque los liderazgos y mucho más el carisma NO se heredan, y ni qué decir de los gobernadores o legisladores que están o lleguen al Congreso de la próxima Legislatura. Estos saben bien que su triunfo y disfrute del poder se lo deben únicamente a López Obrador y no a ellos mismos como políticos locales o a Morena como partido político, y ese poder real es el que conservará y es a lo que arriba me referí de que no dejará el poder porque eso es poder político real.

Pero si eso no bastara, el paquete de iniciativas que López ha enviado al Congreso impone la agenda legislativa y política a quien puede ser su sucesora en la presidencia de la República y con ello mantiene de facto el control político sobre el ejercicio del próximo gobierno no solo en en el ‘rostro’ constitucional, sino en lo que pueden ser políticas públicas, y algo muy importante, el destino y manejo del dinero público. Además, dentro de las iniciativas legislativas incluyó una sobre la reducción del porcentaje para hacer vinculante la revocación de mandato, que colgará cual espada de Damocles sobre la heredera en caso de revisionismo, desvío de la ruta trazada o traición o si llegase el caso de un triunfo de la oposición, mantener viva la llama de la lucha en el movimiento político que solo se levantará con su llamado.

De tal forma que el paquete legislativo es sobre todo un acto de propaganda que mantiene la narrativa polarizante, y gana la conversación pública y mediática, y a la raquítica oposición partidista la arrincona dada su pobreza ideológica, ausencia de narrativa, antecedentes corruptos y de impunidad y falta de visión estratégica y recursos tácticos en una aparente disyuntiva, según se ve: apoyar o no las iniciativas o algunas por su contenido ‘social’, según lo han dicho. Dejemos claro, las iniciativas es un acto de propaganda que, como un ilusionista circense, López Obrador pone en la discusión pública en medio del proceso legislativo y al término de su mandato constitucional para buscar esconder su fracaso como gobernante, y para que dejemos de hablar del fracaso de su política de “abrazos, no balazos” que está por llegar a 180 mil asesinatos más, miles de desaparecidos en su ‘gobierno’ o de los más de 800 mil fallecimientos por el pésimo y criminal manejo de la pandemia de covid o de la crisis en el sector salud que ha dejado miles de muertes, o a los niños con cáncer sin sus medicamentos, y ahora hasta la falta de vacunas contra el sarampión, entre otras, o del escuálido crecimiento económico que al terminar el sexenio acaso llegue apenas en promedio general del 1 por ciento del PIB; o de que pese a que en todo el sexenio se le haya inyectado por lo menos 1.5 billones de pesos del dinero público a Pemex, hoy a esa empresa Moody’s la califica prácticamente al borde del riesgo sustancial, o de la desbordante corrupción de su gobierno, y eso es lo que la lengua rápida y el instrumento de la propaganda de López Obrador busca que no se vea, es decir, todos sus fracasos como presidente.

El Santa Anna del siglo XXI, el que busca que este país sea el de un solo hombre, mantiene su obsesiva ruta de control absoluto y el paquete legislativo así lo muestra. El populismo autocrático es la esencia del contenido legislativo y el ejercicio de la propaganda y una narrativa para mantener la polarización y la eliminación de contrapesos constitucionales, en resumen, una propuesta que ratifica la amenaza que significa el lopezobradorismo para la democracia.

Mientras tanto, ante esta grave y dura amenaza contra la democracia, las cúpulas de la oposición partidista se siguen repartiendo las migajas que creen podrán aún recoger en el próximo proceso electoral, marginando a personalidades y liderazgos de la sociedad civil para los cargos de elección popular y apostando al olvido que sus actos de corrupción, impunidad y alejamiento de las causas ciudadanas es el origen del mal que hoy padecemos con un autócrata en la presidencia buscando acabar con la democracia.

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