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Thanksgiving

02/12/2019
Actualización 02/12/2019 - 15:02

Las quejas, molestias y denuncias por las malas noticias que nos aquejan han amargado el ánimo y nublado el juicio. Hay preocupación ciudadana, impotencia de autoridades, violencia y desesperanza. Casi tanto, que a veces no nos detenemos a agradecer lo que tenemos y disfrutamos.

La lluvia cruzada de información más la psicosis y vorágine de nuestra vida cotidiana, aumentan la preocupación por no perder lo que tenemos y ocuparnos más de aquello que queremos, en lugar de disfrutar y agradecer lo verdaderamente importante. El acto de agradecer en el fuero interno y contagiarlo en nuestro entorno deber extenderse. Nos falta fraternidad, camaradería y gozo para desprendernos del individualismo voraz.

México es un gran país. Somos más los buenos; pero tenemos que empatar las discrepancias que subyacen de nuestras diferencias ¿Cómo es posible que nos dividamos y estemos polarizados entre quienes critican todo lo que hace el gobierno, por ejemplo, y quienes aumentan la popularidad del presidente? No se trata de dos Méxicos, sino de distintas maneras de vivirlo, de percibirlo y sobre todo de sentirlo. ¿No habrá parte de razón en ambas posturas? ¿No hay cosas en común por las cuales podamos agradecer? Hay tanta razón en las marchas del día de ayer y en lo dicho por el presidente en su acto por un año de gobierno, que aparece una frontera imaginaria entre ambos.

La semana pasada se celebró el ‘Día de Acción de Gracias’, fiesta estadounidense en que la familia se reúne para agradecer por lo bueno que tienen y solicitar bendiciones para los suyos. Su origen se remonta a 1620, cuando un pequeño barco zarpó de Inglaterra con colonos que se oponían a la iglesia anglicana, huían de la horca y buscaban un lugar donde practicar su fe con la promesa de una vida mejor. Gracias a los indios Wampanoag los colonos aprendieron a sembrar, pescar, cazar, etcétera, y tras la primera cosecha de maíz provechosa, como muestra de agradecimiento, organizaron una fiesta e invitaron a los indios, quienes llevaron pavos para ser asados. Este fue el primer ‘Día de Acción de Gracias’.

Nuestras costumbres son ricas y generosas, pero bien podríamos emular, en nuestro fuero interno, la acción de agradecer a los queridos y a las oportunidades, a la esperanza y a lo recibido, a la salud, a la familia, al país.

Tan solo el viernes pasado, José Antonio Meade nos explicaba, a un grupo de egresados del IPADE, la formidable situación macroeconómica de México. Lejos de hacer una crítica al gobierno del presidente López Obrador, detalló la diferencia entre los datos duros y la percepción y el sentimiento de quienes no confían (y añado yo: y no alcanzan a agradecer la enorme oportunidad de nuestra patria). Con extrema humildad dijo que la buena situación se debe en buena medida a lo hecho por el actual gobierno, y no solo a las administraciones de las que formó parte. Nos contó también la fortaleza de Pemex (la 98ª empresa más grande del mundo); cómo no suelen atinar los pronósticos de recesiones, para no traer esa cantaleta como pretexto para no invertir; la clasificación de pobreza en México a partir de las variables que la caracterizan (educación, salud, seguridad social, calidad de los servicios y espacios en la vivienda y alimentación) y los esfuerzos que hay por mitigarlos; y la relación que hay entre pobreza y escolaridad, cosa que hay que agradecer y fomentar: quien asiste a preescolar obtienen mejores empleos en un 22 por ciento, tienen una propensión 50 por ciento menor a ser arrestado y la probabilidad de caer en drogas es tres veces menor; mientras que aquellos que terminan la preparatoria viven cinco años más y ganan 2.2 veces más que quienes no la terminaron, que representan 9/10 en pobreza extrema, 7/10 sin seguridad social y 8/10 con carencias en vivienda.

No le digo que se conforme, pero si usted y sus hijos tienen esa educación elemental y puede contribuir a que otros la tengan, es algo que al menos debe agradecer, celebrar y fomentar. México es un país de grandes oportunidades y usted las ha disfrutado. Claro que hay retos y dificultades, diferentes maneras de pensar y hacer las cosas; pero podríamos sumarnos en lo íntimo, cada uno con los suyos y por sus razones, para agradecer, celebrar y desearnos lo mejor en lugar de restregarnos en la cara nuestras propias y naturales diferencias.

Nosotros celebramos la vida, la familia, la salud, los amigos y una patria generosa con un porvenir espléndido.

Podemos, todos, agradecer también porque hay mucho que hacer y mejorar, si no lo cree le dedico esta frase de Frida Kahlo: “No me hagas caso, todavía veo horizontes donde tú dibujas fronteras”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.