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Sin ofender

20/01/2020
Actualización 20/01/2020 - 12:06

Me gusta buena parte de lo que propone el presidente. Celebro casi toda su austeridad. Coincido en la lucha contra la corrupción y lamento el lastre que han generado sus dinámicas. Me parece un acierto su preferencia por los pobres y desfavorecidos y deseo que sea un gran presidente. Pero sé también que tiene la piel muy sensible y ha contagiado esa urticaria a sus seguidores, quienes son mucho más vulnerables a la crítica. Mala característica para un político y sus correligionarios.

Por eso titulo así el presente: 'Sin ofender'. Así es, no quiero ofender ni provocar, no resto consideración alguna a sus aciertos y luchas; pero las políticas públicas forman parte de un proceso complejo y cada uno de sus tramos puede evaluarse desde que se pone en marcha y hasta pasado el tiempo de sus resultados.

Creo que el presidente ha improvisado decisiones torales y ya padecemos sus malos resultados: el avión presidencial, el aeropuerto, Dos Bocas, el seguro popular, las subastas, algunos nombramientos de personas sin credenciales para el cargo designado y tanta declaración sobre esto o aquello.

El avión presidencial cuesta lo mismo parado que en uso. La postura del presidente no es técnica: o lo vendemos, lo rentamos, lo damos en trueque y ahora la pifia de la rifa. Faltaría una tanda, una pirámide o un ejercicio de multinivel. La nación estructurada como Avon o Amway.

Es verdad que AMLO usó la imagen del avión como algo que representaba opulencia y ha sido un símbolo de cambio; pero en realidad es importante que el presidente de la economía número 13 del mundo, en un país con más de dos millones de kilómetros cuadrados, un mundo globalizado y con los problemas de seguridad que sufrimos, tenga un medio de transporte como el avión abandonado que podría jugarse en un volado colectivo. Tenerlo parado ha costado mucho. Que el presidente vuele en líneas comerciales le resta tiempo de efectividad laboral, incrementa su inseguridad y pone en riesgo a los viajeros de vuelos comerciales. Su postura no resiste el menor análisis del tema más allá del discurso que tan bien le acomoda.

El aeropuerto de Santa Lucía trajo consigo el desperdicio económico de lo avanzado en Texcoco. No se entiende por qué no se procedió legalmente contra quienes se supone habían abusado haciéndose de terrenos y concesiones alrededor y dentro de esa importante obra de infraestructura, por un lado; y por el otro las ambiguas respuestas a autoridades aeronáuticas internacionales que señalan al nuevo proyecto como insuficiente y peligroso. No se ha ofrecido un estudio riguroso de la conveniencia de Santa Lucía y no puede olvidarse la farsa de la improvisada 'consulta ciudadana' que dio lugar al inexplicado cambio.

La refinería de Dos Bocas es contradictoria con lo que tanto tiempo se ha dicho sobre la refinación. Pero ha sido parte del discurso del presidente desde hace mucho, aunque no hay, al menos en público, datos técnicos que lo respalden.

El Insabi que sustituye al Seguro Popular ha generado, o al menos coincidido en el tiempo, con un importante desabasto de medicinas que, en redes y medios, se han volcado contra el gobierno por graves casos de riesgo mortal.

El nacimiento del nieto del presidente en Houston ha marcado un desafortunado contraste con el discurso que siempre lo acompañó. Claro que la decisión de dónde nace un niño es de los padres, pero el patriarca de los López quizá debió prever e insistir para que su nieto naciera en suelo mexicano. El tema es puntero en las redes con mofa a la familia presidencial por la diferencia con todos aquellos que sufren desabasto o falta de atención médica por el cambio orgánico que, sin ofender, no muestra las bondades de evolución que uno supondría acompañan a todo cambio institucional. De hecho el presupuesto para el sector salud es el mismo que en años anteriores, pero con varios millones más de derechohabientes, lo que contradice también el discurso de “primero los pobres”. Podemos suponer que fue improvisada la decisión de encaminar el sistema de salud a un cambio por el mero hecho de romper con lo anterior.

Lo que sin duda es lo más improvisado del gobierno son los dichos diarios del presidente. Extraordinario comunicador para lo que quiere y quien quiere, el presidente improvisa, se enreda y sus dichos acaban a veces en declaraciones que polarizan, comprometen y evidencian a funcionarios o a su propio desconocimiento. Anuncia cosas que después no hace y en realidad no tendría necesidad de hacerlo. No es por ofender, no es por provocar, pero algo más de estructura, mejores planteamientos, rutas seguras y procesos probados pueden darle mejores resultados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.