Si como te veo me vi…
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Si como te veo me vi…

01/07/2019
Actualización 01/07/2019 - 15:13

“Como me ves te verás”, podría decirle Vicente Fox al presidente López Obrador, pues ambos llegaron al poder con un índice de aprobación sin precedentes, ambos echaron al PRI del poder y en parecidas circunstancias: la sociedad estaba harta y encontraron en sendos líderes al caudillo que podría poner fin a tanto abuso, tan bien narrado en la crónica de su momento y capitalizado por la prosa partidista y discursiva de estos dos magníficos candidatos.

Ambos disruptivos. Rompieron con la tradicional forma de hacer política. Líderes carismáticos mimetizados con las demandas de sus seguidores, que enarbolaron y reflejaron sus causas con las razones del enojo ciudadano. El “despierta México” de Vicente Fox en el Ángel de la Independencia, es tan emblemático como sus tepocatas y víboras prietas, o la “mafia del poder”, el “innombrable” o al “diablo las instituciones”, de Andrés Manuel.

Ambos integraron un gabinete paralelo en tanto oposición inconforme: Fox como secretario del ramo agropecuario en el gabinete alternativo de Manuel J. Clouthier, y Andrés Manuel como “presidente legítimo de México” tras el triunfo de Felipe Calderón.

Ambos fueron grandes candidatos. Peña también lo fue, aunque mucho más arropado por el aparato priista que resurgió tras el Grupo Atlacomulco. En realidad, no ha habido otro candidato como Vicente y Andrés Manuel, y los dos, erróneamente, creen que pueden vivir de su fama.

Ambos fueron gobernadores, Fox de su natal Guanajuato y López Obrador del entonces Distrito Federal. AMLO además presidió el PRD y Fox fue un connotado diputado federal.

Ambos irreverentes. AMLO incendió pozos petroleros; Fox usó, en la Cámara de Diputados, orejas de burro hechas con boletas electorales, ridiculizando a Carlos Salinas de Gortari y protestando contra su elección fraudulenta.

No son hombres de Estado. Ambos reducen la visión del horizonte por la mirilla de sus ideas. Su capacidad técnica es limitada. Son pagados de sí mismos pero en realidad ineficaces. Hacen lo que saben hacer (hablar, prometer y presumir) y descuidan el resto de sus obligaciones. Cuentan que don Vicente se retiraba temprano a la cabaña de Los Pinos para merendar con doña Martha. Dicen que el presidente López Obrador arranca muy temprano con la mañanera, pero que duerme largas siestas en Palacio Nacional.

El gabinetazo de Fox y el del presidente actual tienen a algunos integrantes francamente mediocres.

Ambos son testarudos. Desde el “hoy, hoy, hoy”, de Fox, al “me canso ganso”, de López Obrador, se deja ver que ninguno escucha y que sus ideas rigen sólo por ser de su autoría.

En el contexto internacional son muy diferentes: Fox buscó el protagonismo, AMLO juega al avestruz. Fox es Coca Cola, Andrés Manuel, Silvio Rodríguez.

Ambos están fuera de sus partidos de origen. Fox expulsado del PAN en 2013. Andrés Manuel mutó del PRI al PRD, que después desvalijó para quedarse a sus anchas como líder absoluto de Morena.

Ambos esperanzaron y decepcionaron: tras su ascendente carrera en Coca Cola, muchos imaginamos que don Vicente sería un presidente eficiente, efectivo y trabajador. No fue así. Desperdició grandes oportunidades y fue mucho más ranchero enamorado que alto ejecutivo. López Obrador ha tomado decisiones que lo contraponen con sus principales postulados, y sus medidas tan equivocadas y populistas han desmoronado tan altas expectativas. Reparte dinero en lugar de apostar por infraestructura y confirma que será siempre más candidato que gobernante.

Fox tuvo en su mano la carrera de Andrés Manuel con el juicio de desafuero; lo que solo inició y abandonó a medio camino, catapultando al tabasqueño como mártir.

Fox insultó a Andrés Manuel por años, llamándolo de forma despectiva Lopitos, en una franca campaña para que no llegara a la presidencia. El presidente López Obrador retiró pensiones y disminuyó la seguridad para los expresidentes. Vicente Fox tuvo un problema de seguridad en su rancho San Cristóbal, al parecer con un comando armado, y AMLO lo ayudó con la fuerza del Estado, a quien el guanajuatense agradeció públicamente llamándolo presidente.

Fox fue una decepción. Es ahora un expresidente que, como cualquiera que lo sea, necesita el arropo del Estado que dirigió. Andrés Manuel aún ve largo el camino que resta del sexenio y no se da cuenta del capital que está derrochando. Podría pasar a la historia como un Fox de izquierda, y al tiempo necesitar el arropo del Estado mexicano que está desmantelando.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.