Los pendientes del presidente
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Los pendientes del presidente

13/01/2020
Actualización 13/01/2020 - 13:53

El 2020 arranca con la paradoja entre la legitimidad récord del presidente y un déficit político y de gobernabilidad delicados. No es que no se hayan hecho cosas bien (mi último artículo fue sobre lo positivo del 19), sino que la nube de algunos pendientes puede opacar cualquier logro.

Buena parte de la población antes se sentía olvidada por el gobierno, hoy se siente integrada al programa de Andrés Manuel. Es verdad también que su cruzada anticorrupción puede ser el parteaguas en nuestra corrupta e impune historia; pero hay hechos, heredados o no, acumulados o no, causados o sufridos, como quieran verse, que serán siempre responsabilidad del jefe de Estado.

Pacificar al país es lo prioritario. A veces parece incongruente verlo tan contento degustando garnachas en fondas, mientras se matan sicarios y autoridades o hay hechos tan graves como la aparición pública con rótulos en coches y cachuchas de cárteles que amenazan al Estado; o la trágica balacera del niño en Coahuila .

No es que comience temprano y que su primera reunión sea sobre seguridad. Tampoco es una cuestión de diseño orgánico. Los números asustan, cada vez tenemos más cerca al crimen, si es que no somos víctimas, y parece olvidarse que el Estado-nación fue creado para garantizar la seguridad de sus integrantes. En 2019 fui asaltado en una famosa y concurrida taquería rumbo a San Miguel de Allende; y secuestrado en las inmediaciones de Puebla. A mí que no me digan. Cada vez está peor la seguridad y nada es tan importante. Entre los pendientes institucionales preocupa que la Fiscalía General de la República haya disminuido recursos humanos y presupuestales a la unidad antisecuestro, cuando ese delito y la extorsión se multiplican en todo el país.

El presidente es poco afecto a comunicar problemas, plantear soluciones u ofrecer distintas rutas. Es un comunicador pagado de sí mismo y adicto a sus triunfos. Los hay, pero requiere una dosis de realismo en el combate al crimen y debe aprender a pensar en voz alta y a comunicar también sus preocupaciones. Cuando lo cuestionan parece que responde a otra pregunta, lo que desconcierta a los buenos mientras fomenta la ganancia de pescadores en el río revuelto del delito.

Tiene que definir su postura respecto a la reforma educativa y a la posibilidad de volver a heredar y vender plazas docentes. Evaluar a los maestros no puede ser negativo cuando se busca la excelencia de la niñez y el presidente no es claro en su postura.

El crecimiento económico no ha sido el esperado. Su distanciamiento con las calificadoras es absurdo; y si bien enfocarse en los más necesitados es un acierto, activar las dinámicas de los mercados con flujo en infraestructura es vital. Falta confianza y él debe seducir al empresariado que tiene un pie aquí y otro en bancos del extranjero. Es grave que se invierta más de fuera que de dentro; y ahí los mensajes y señas presidenciales son imprescindibles. El presidente debe reorientar su discurso, aunque sabemos que es un hombre a quien cuesta rectificar. De ahí lo grave de la improvisación y falta de experiencia en varias áreas de su gobierno (hay otras muy bien estructuradas), pues ha llegado al colmo de decir que no le importa la inexperiencia o el desconocimiento siempre que el ignorante no sea corrupto. La ineficacia y la indolencia pueden ser también una manifestación del gobierno ajeno a las normas que lo rigen y ello se acerca a la corrupción.

En el mensaje por su Informe de Gobierno, él mismo reconoció que de los 100 compromisos que hizo en campaña faltan 11 de cumplir:

Proteger el patrimonio cultural; fomentar la actividad pesquera; transferir a las comunidades mineras el impuesto de extracción; cancelar fideicomisos que ocultan fondos públicos; descentralizar el gobierno federal y ubicar a las secretarías en distintos estados de la República; quitar inspectores de vía pública que supervisan establecimientos comerciales, empresariales o de servicios; construir el Tren Maya; crear el corredor económico y comercial en el istmo de Tehuantepec; desarrollar fuentes de energía alternativas renovables; constituir 266 coordinaciones de seguridad atendidas por la Guardia Nacional para proteger a los ciudadanos de asesinatos, secuestros, robos y otros delitos; investigar a fondo la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa, conocer la verdad y castigar a los responsables.

El presidente tiene chamba y tiene con qué. Quizá si primero se vence a sí mismo tengamos mayores posibilidades de éxito nacional.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.