Gobernar desde el Legislativo
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Gobernar desde el Legislativo

17/09/2018
Actualización 17/09/2018 - 12:14

La diferencia entre los sistemas parlamentario y presidencial radica en que la conducción del gobierno emana de quien tiene mayoría en el Congreso, como en España, o por un presidente electo directamente, como en México. En los sistemas presidenciales la división de poderes tiene fronteras más marcadas entre Ejecutivo y Legislativo; pero la victoria de AMLO y la tremenda mayoría que obtuvo en el Congreso de la Unión, sumando a ello el inobjetable liderazgo pontificio sobre sus correligionarios, ha matado al gobierno de Peña Nieto. En los hechos, ha comenzado a gobernar desde el Poder Legislativo.

Ha iniciado el cumplimiento de sus promesas históricas. Incluso podríamos calificar de exageradas algunas medidas: unas banales, como el video en el que el presidente del Senado, Martí Batres, nos muestra su Tupperware con uvas y quesadillas para no cargar al erario sus alimentos en el comedor de la cámara; y otras graves, como la iniciativa que pretende reformar la Constitución para evitar la evaluación docente y los concursos para plazas de maestros. Triste, grave y generador de mediocridad en la dinámica más importante de cualquier país: la educativa; lo que quiere decir, cuando prospere la reforma, que su hijo, si es que asiste a una escuela pública, no será educado por el mejor profesor posible, sino por el más colocado por sus relaciones y grillas sindicales, paros y marchas incluidas.

Hay ya un conflicto de leyes en el tiempo: la ley actual obliga a aplicar una evaluación a los docentes en noviembre, mientras que el Legislativo exhorta a la SEP a no aplicarla, conflicto que enfrenta posiciones de política pública básica pero en la que, tarde o temprano, se impondrá la aplanadora de Morena.

La austeridad en la función pública es ya una realidad, quizá exagerada. De entrada la iniciativa de Ley de Austeridad, que prohíbe la pensión vitalicia a expresidentes, es equivocada, si se toman en cuenta los servicios a la patria, y nos preguntamos de qué vivirá un exmandatario tras ese cargo y si no explotaría la relación comercial o de consultoría con quienes tuvo nexos; recordemos que la corrupción también implica promesas y compromisos de dádivas futuras.

Quitar autos de lujo, escoltas, choferes y viáticos puede ser acertado, pero también se exagera. Que no les den un café a los legisladores, que no pueda comer un alto funcionario en su oficina o que no conduzcan el auto de alguien más preocupado y ocupado en asuntos del Estado, me parece un contrasentido. Disminuir drásticamente los salarios y prestaciones de altos funcionarios puede orillar a buscar otros escenarios con prestaciones básicas; quitar el seguro de gastos médicos o de retiro, por ejemplo, hará poco redituable prestar un servicio profesional que no sólo implica el desarrollo de una vocación de servicio público, sino también una retribución justa. No coincido con quienes pontifican sobre el sacrificio, que aducen debe padecer un demócrata republicano para ser tal.

Hay una disposición que entorpecerá la operación cotidiana: no podrá excederse el Presupuesto del año anterior para telefonía, fotocopiado y gasto de energía eléctrica, lo que puede hacer inoperante el funcionamiento de las oficinas gubernamentales. Ahorrar para no funcionar.

El Senado emitió un punto de acuerdo para exhortar al Poder Judicial a disminuir más su presupuesto. Es una intromisión al principio de división de poderes, porque si bien el exhorto es una figura sin vinculatoriedad normativa, también podrían modificar normas para que adopten algunas medidas francamente sin sentido; y por lo pronto lo colocan en la mira de una ciudadanía morbosa y enojada.

También se presentó una iniciativa para establecer la revocación de mandato para gobernadores y presidente de la República por distintas razones, entre ellas la pérdida de confianza; procedimiento que se haría efectivo a través de una consulta popular: linchamiento público del gobernante que puede llevar al aniquilamiento del adversario con la manipulación de masas…

Aparte. La semana pasada discrepé del diputado Fernández Noroña y sus seguidores porque insultaron y calificaron de traidores al senador Martí Batres y al diputado Porfirio Muñoz Ledo por asistir al mensaje que el presidente de la República ofreció con motivo de su Informe de Gobierno. Pues bien, el diputado me recriminó en Twitter –y con razón– porque él no los insultó. Efectivamente, fueron quienes estaban con él y no el diputado, a quien ofrezco una disculpa y le reitero que no coincido con sus formas, pero saludo y respeto sus causas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.