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El señorío de la tristeza

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El señorío de la tristeza

21/09/2020
Actualización 21/09/2020 - 15:09

El presidente está solo y debió sentirlo como nunca antes en el triste 'Grito' del pasado 15 de septiembre. A pesar de la extraña “llama de la esperanza” que atravesaba la imagen tricolor del mapa patrio en el solitario Zócalo y los 'vivas' que añadió a la tradición tergiversada, la semana pasada el país vivió días tristes y graves para nuestra vida democrática que el propio presidente enreda y complica en la búsqueda desesperada de la aprobación perdida.

Debió ser un reto psicológico importante gritar solo, para él, que se alimenta de la aprobación de las masas sin importar lo que compromete, y en ocasiones lo que eche a perder en nombre de una democracia sin reglas, como en las ilegales consultas del aeropuerto, la cervecera Constelletion Brands, el Tren Maya o la más absurda y antijurídica de todas: la iniciativa de consulta para determinar si es procedente o no juzgar a los expresidentes de la República.

A pesar de la plancha vacía persistió su estribillo personalizado –fiel reflejo de sus creencias narcisistas– y la ausencia de cuestiones torales, como el reconocimiento a médicos y demás personal de salud que han dado todo en el combate a la pandemia, frente al exceso de 'vivas' que se antojan falsos: No creo que nuestro presidente sea un demócrata ni que crea en libertad, mucho menos si se trata de la prueba de oro de la democracia, que descansa en la oposición; y tampoco en la libertad de decidir, manifestarse y publicar, pues sus adversarios son tachados por él como pasquines, conservadores, súbditos de otros gobiernos y no alcanza a ver un solo nombre de los 650 importantes intelectuales y periodistas que le piden que pare de coartar las libertades de los mexicanos.

El mapa distorsionado con la “llama de la esperanza”, resultó ser una buena foto del país y sus órganos coptados por un poder autocrático que resta la dimensión y peso específico de los otros órganos del Estado.

El 15 se dejó ver un gobierno de fuegos artificiales: mucho ruido, tanto dicho, luces fatuas y al final nada. Ni mejora económica, ni salida de la pandemia, muertos que crecen, inseguridad que se desborda, pacto federal que se resquebraja, medios acosados, definiciones equívocas desde el púlpito presidencial que no comprende la diferencia entre liberales y conservadores, confunde ahorro con subejercicio, inversión con despilfarro y programas sociales con medidas electoreras.

Gritó un 'viva' para la esperanza en el porvenir. Supongo que los niños con cáncer y sus padres no corearon al presidente desde los hospitales o sus casas.

Su hermano Pío, la cuñada acusada, los fallecidos en Chihuahua y la confrontación con el gobernador Corral; la terrible intervención de Fuerzas Armadas que no permitieron al contingente de FRENA llegar al Zócalo y las delirantes carcajadas del presidente en la conferencia mañanera mientras señalaba una proyección de la primera plana del diario Reforma diciendo “ahí están las masacres”, pintan un sombrío país de gravedad y tristeza.

Nada le sale. No consiguió las firmas ciudadanas para demostrar que es la gente quien quiere juzgar a los expresidentes, como dice, y tuvo que firmar una iniciativa de consulta ciudadana francamente ridícula que el Senado ya envió a la Suprema Corte, que tiene 20 días para pronunciarse sobre la constitucionalidad de la misma. Es evidente que no procede someter a la decisión de los ciudadanos el cumplimiento de la ley y el imperio de los derechos. Pero fue su coartada en forma de muletilla (“que decida la gente”) la que le falló en esta ocasión. No le dieron los números.

El presidente se queda solo. Pasó lo mismo en la ridícula rifa del avión. No alcanzó a vender los boletos que quería. Ni siquiera sus beneficiarios compraron boleto, tampoco sus 'votantes duros'. Los hospitales invirtieron 500 millones de pesos y ganaron 80. El sector salud tuvo 420 millones de pérdida que se pudieron invertir directamente. En términos jurídicos la instrucción para comprar los boletos supone un desvío de recursos.

¿Se imaginan que el Ejército hubiera bloqueado el plantón de López Obrador en 2006 en el Zócalo como sucedió el sábado con FRENA? ¿Se imaginan al mismísimo presidente de la República diciéndole al entonces derrotado candidato López Obrador que no abandonara su campamento, como hizo el tabasqueño? ¿Imaginan la crítica internacional que esa violación de derechos supone?

El presidente se frustra con facilidad, entristece y enseguida se encoleriza; a partir de ahí ello toma medidas desesperadas, como la del avión, la consulta para juzgar expresidentes o las casi tres horas que habló el viernes en su conferencia mañanera. Nada de sustancia, sólo provocación, soliloquios que regresan al punto de partida mal planteado, al dedo que señala el pasado, a los ojos que se nublan frente a lo adverso, al oído que se cierra ante la sugerencia, a la triste soledad del poder que empieza a contagiar el ánimo nacional con tristeza que señorea y preocupa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.