Eduardo Medina Mora
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Eduardo Medina Mora

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Eduardo Medina Mora

07/10/2019
Actualización 07/10/2019 - 14:30

Renunció el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Algo insólito y grave, deshonroso para el alto tribunal y un punto de quiebre para la división de poderes. No hay razones públicas de lo sucedido, pero la gravedad es requisito indispensable para que el presidente acepte la renuncia y el Senado la avale.

El propio Andrés Manuel López Obrador dijo en conferencia mañanera que el ministro atenderá las denuncias que enfrenta. Se dice que hay temas de lavado de dinero y depósitos inexplicables que no corresponden con sus ingresos de funcionario. La Unidad de Inteligencia Financiera detectó movimientos y denunció. Viene un proceso. Ignoro la situación fáctica y legal, pero supongo que algo grave debe haber para renunciar así al más alto honor de servicio público que un jurista puede desempeñar.

Ave de tempestades, Eduardo Medina Mora se fue como llegó: atacado y señalado. El proceso de su nombramiento causó revuelo en sus adversarios y los medios. Cuestionado por su cercanía con Enrique Peña Nieto y su equipo jurídico, salieron a la luz favores personales del abogado al político que llevaron al presidente a pedir a ciertos senadores la aprobación de Medina como un favor personal. Cuentan también que fue tan turbulento ese proceso de designación, que el propio Medina Mora pidió a Peña desistir. Peña insistió y logró la alta magistratura de su amigo, que hay que decir, méritos y conocimiento tenía: Eduardo Tomás Medina Mora Icaza fue embajador en Estados Unidos y el Reino Unido, Procurador General de la República, Secretario de Seguridad Pública y Director General del Cisen.

Importante representante de regímenes anteriores, es fácil suponer la enemistad con el presidente y muchos de sus colaboradores. La información que Medina manejó, seguramente incluía los movimientos del entonces empecinado e incómodo López Obrador.

Para ser ministro se requiere tener 35 años cumplidos, más de diez años con título de abogado y tener buena reputación. La resistencia al nombramiento de Medina Mora apuntaba a que no reunía el último requisito.

Fue un servidor público eficaz y estuvo en la cúpula de las áreas de seguridad, inteligencia, procuración de justicia, cancillería y jurisdiccional. Hombre culto, de trato muy afable y extraordinariamente bien relacionado, que deberá aclarar las razones de su renuncia. Pronto se tendrán elementos para concluir si es verdad que hubo un arreglo político con el gobierno: renunciar para eludir un proceso penal y que el presidente de la República proponga a quien lo sustituirá.

La Corte se integra por 11 ministros que duran en su encargo 15 años. Su proceso de designación se conforma con la terna que envía el presidente de la República al Senado, que elige de entre las tres propuestas, en votación de dos terceras partes, a quien será ministro. El escalonamiento de sus integrantes obedece, entre otras razones, a que ningún presidente pueda tener una mayoría significativa de propuestos. De acuerdo con el calendario de terminación de encargo, lo ordinario es que en cada sexenio presidencial, el primer mandatario proponga a dos o tres ministros. Con el sustituto de Medina Mora, el presidente López Obrador sumará a cuatro integrantes propuestos por él, contando al que nombrará al término del periodo del ministro Fernando Franco.

Además, en la especulación de afines, contrapesos, liberales y conservadores, gobiernistas, o como sea que se lleva a cabo el cómputo de las votaciones de las señoras y señores ministros, muchos consideran que AMLO tiene ya a un bloque duro en la Corte, empezando por su presidente, quien ha manifestado muchas coincidencias ideológicas con los postulados del gobierno.

¿Cuál es el problema con ello? ¿Por qué muchos aseveramos que peligra el balance propio de la división de poderes? Si el bloque duro fuera verdad, la acción de inconstitucionalidad, una de las funciones claves de la Corte, quedará a la deriva. Este recurso procesal sirve para proteger a las minorías parlamentarias frente a una decisión de la mayoría que apruebe una ley inconstitucional. Para que una norma sea declarada inconstitucional y por tanto se expulse del ordenamiento jurídico, se requiere la votación de ocho de 11 ministros de la Corte.

Morena tiene una posición mayoritaria en las cámaras del Congreso de la Unión y la mayoría de las legislaturas locales. Algunas iniciativas en su ideario son francamente inconstitucionales, como la Ley de Extinción de Dominio y las nuevas propuestas fiscales. Sin contrapeso en la Corte, la división de poderes cede a su función vital de controlar el poder, paradigma básico de la democracia. Saque sus conclusiones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.